jueves, 20 de julio de 2017

El Callao

       

  Pequeño valle rodeado de suaves colinas, soporta una población minera de característica cultural muy singular. Como pueblo data de 1864 y está enclavado en las antiguas tierras misionales de Tupuquén.

         La Misión de San Félix  de Tupuquén empezó a fundarse en 1799 y entre sus fundadores aparece Fray Leopoldo de Barna, quien para 1799 dio a conocer una población de 567 habitantes, predominantemente indígenas.
         Dentro del territorio misional discurría la quebrada de Caratal, donde los indios encontraban a flor de tierra, pepitas de oro que entregaban a los misioneros. Pero la existencia de oro rodado o aluvional de esa quebrada providencial de Caratal no trascendió fuera de aquellos contornos, sino cuarenta años después cuando la estuvo explorando el brasilero Pedro Joaquín Ayres y luego de 1850, el barquisimetano Pedro Monasterio Soto, quien había sido edecán del general José Laurencio Silva.
         En los años cincuenta y a raíz de la información publicada en una hoja impresa en los talleres tipográficos de Crisanto Vicentini, la ambición por la riqueza comenzó a apuntar hacia Caratal. Allí llegaron atraídos por el señuelo dorado, Vicente León, quien dijo a Andrés Hernández Morales, Juez de Paz de esa parroquia, haber hallado un pedazo de oro que pesaba 46 onzas; Lino Acuña, quien encontró una barreta de 24 onzas; los hermanos Silva , extrajeron 32 onzas de oro granulado. Francisco Mendoza, obtuvo 80 onzas al cabo de cinco semanas explotando un barranco y otro tanto Concepción Palacios y Manuel Antonio Zumeta.
         Caratal para 1857 era unos cuantos ranchos entre  árboles, habitados por mineros que iban a lavar la tierra aluvional de los barrancos al Salto Macupia. El  explorador  Francisco Michelena y Rojas dice que para ese año de 1857 sólo explotaban el oro de Caratal 32 negros trinitarios, tres ingleses, 3 franceses de las Antillas y 6 de Demerara, mezclados con venezolanos de varias provincias.
         Es a partir de 1860 cuando a los bolivarenses de Angostura se les prende el bombillo y comienzan a tener interés por el suceso dorado de Caratal, pero si hay oro en Caratal de la Misión de Tupuquén, decían, seguro que también en la Misión de la Divina Pastora, y efectivamente los enviados de Florentino Grillet, quien a la sazón era Presidente del Estado Bolívar (también lo había sido entre 1841 y 1842), encontraron oro en Cicapara, lo cual le dio base para organizar la explotación bajo la firma de “Compañía del Yuruari”, con capital de 50 mil pesos. Quedaron abiertos así dos frentes: el de Cicapara y el de Caratal que siguiendo las costas del Yuruari dieron lugar a numerosas empresas que fueron a converger en las grandes vetas de Nueva Providencia (Caratal, El Callao, Potosí, Chile, Eureka, Chocó).

El Filón de  El Callao

         En 1864, el pueblo de El Callao no existía como tal sino un filón de oro denominado así y otras minas alrededor de las cuales se conformó el pueblo de Nueva Providencia con sede en Caratal y el Caserío El Callao.
         Nueva Providencia era un distrito para 1864 al igual que lo eran la Pastora, Tupuquén, Tumeremo, Miamo y Guasipati, dentro de la jurisdicción del Departamento de Guayana. El nombre El Callao no figuraba en la Ley de división político territorial del Estado; sin embargo, a lo largo de los años se impondrá por la misma fuerza socio-económica de la mina.
         El 26 de abril de 1869 Juan Bautista Dalla Costa Soublette, Presidente del Estado Soberano de Guayana, dotó de ejidos al Distrito Nueva Providencia apoyado en una Ley del Congreso de la República del 28 de marzo de 1853. Entonces le concedió cuatro leguas cuadradas de ejidos, tomando como centro las “Cuatro Esquinas” del pueblo de Nueva Providencia o Caratal.
         Al cabo de seis años de explotación sostenida del filón a través de barrancos, El Callao tomó forma de caserío y fue entonces (1870) cuando comerciantes bolivarenses que sostenían con préstamos, útiles y víveres la explotación, deciden organizarse para comprar los barrancos y explotarlos a través de una gran empresa aurífera.  Surge entonces la Compañía Minera de El Callao.

Compañía Minera de El Callao

         La compañía Minera de El Callao surgió inicialmente formada por 32 accionistas, los cuales aportaron un capital de 120.000,00 bolívares que fue aumentando en años posteriores por necesidad de la mecanización de la explotación y consolidación de las concesiones, las cuales llegaron a sumar 3.253 hectáreas.
         La explotación aurífera en forma organizada y en gran escala llevó a la Asamblea Legislativa a legislar sobre la materia dictando en 1875 un Código Minero, tanto para estimular la explotación como para que el Estado recibiera por ello un beneficio impositivo.
         A tres años de este primer Código Minero (6 de febrero de 1878) se reconstituye y legaliza con nuevo capital, la Compañía Minera de El Callao bajo la presidencia del corzo don Antonio Liccioni. Durante su administración las minas de El Callao alcanzan una producción asombrosa que las colocan como las más ricas del mundo, llegado al tope de 8 mil 200 kilogramos en 1885.
         La abundante producción aurífera hizo posible un conglomerado poblacional muy heterogéneo y atrajo a buscadores de fortuna de todas partes, entre ellos, ingleses, franceses, norteamericanos y canadienses que invirtieron en empresas cuya vida marcaban la importancia y cuantía de las vetas que explotaban. Unas corrían con mejor suerte que otras. Se dependía mucho de vestigios y azares toda vez que no se trabajaba sobre reservas técnicamente cuantificadas y cualificadas. Por esa circunstancia colapsó en 1897 la compañía Minera de El Callao.
         La compañía Minera de El Callao llegó a embarcar por los puertos de Ciudad Bolívar un promedio mensual de 8 mil onzas de oro. Los meses de agosto y diciembre resultaban generalmente los de mayor auge (11 mil onzas).En l886 comenzó a bajar la producción de manera progresiva hasta l897 cuando la compañía Minera de El Callao se declaró en quiebra.
         Para la época no se conocía el Bolívar. Nuestro signo monetario era el Venezolano, y el Franco y la Libra Esterlina las divisas extranjeras con las cuales se comerciaba el oro. No se conocía otro tipo de transporte que el fluvial a través de barcos de vela y el de vapor.  El terrestre utilizaba burros, caballos mulos y carromatos tirados por yuntas de bueyes, de manera que la producción aurífera proveniente del filón de El Callao y de otras minas satélites se transportaba a Ciudad Bolívar en barras y a lomo de mulas.

Guasipati, capital de la cuenca aurífera

         El 3 de septiembre de 1881, el Presidente de República, Antonio Guzmán Blanco, decide desmembrar al Estado Bolívar y crear el Territorio Federal Yuruari, con cabecera capitalina en Guasipati, para un control directo sobre las ricas cuencas auríferas de Guayana. Este status dura hasta 1891, pero en 1901, el gobierno de Cipriano Castro lo restablece. Toca al Gobierno de Juan Vicente Gómez ponerle fin en 1909. Entonces el Estado Bolívar recobra su total integridad.
         Al recobrar el Estado Bolívar su integridad territorial, El Callao continuó bajo la tutela de Guasipati, como capital del distrito Roscio. Para entonces, la producción minera acusaba preocupante descenso, detenido en 1931 cuando las empresas extranjeras “New Goldfield of Venezuela” la “Bolívar Venezuelan Goldmines” y la francesa “Mocupia” fueron asumiendo la explotación de las minas hasta el punto de estabilizar la producción en un promedio anual de 3.315.582 gramos.
         En 1947, la “New Goldfield of Venezuela” traspasó sus derechos a la “Guayana Mines Limited”, la cual explotó el mineral hasta 1952, cuando decidió paralizar sus labores creando una situación dramática en la población minera que no sólo quedó sin trabajo sino que perdió las prestaciones sociales. Para entonces, en el Estado Bolívar vivían de la extracción del oro 12.796 personas, de las cuales 1.614 eran jornaleros y obreros, casi todos operando en El Callao. Estas cifras quedaron reducidas a la cuarta parte después que la “Guayana Mines Limited” suspendió repentinamente sus labores. La producción aurífera en el trienio siguiente se redujo a un promedio anual de 359.472 gramos. Nunca El Callao, desde su existencia, había sufrido un golpe tan rudo en su economía.

Intervención del Estado

         Dada la situación caótica de El Callao, el Gobierno Nacional intentó un esfuerzo por reanudar la actividad minera y el 15 de abril de 1953, expropió la concesión traspasada a la “Guayana Mines Limited” y una nueva empresa de capital mixto registrada con el nombre de “Minas de oro de El Callao Compañía Anónima” (MOCCA) se hizo cargo de la explotación introduciendo una nueva planta de tratamiento que costó medio millón de bolívares.
         La MOCCA con obras de rehabilitación y la ampliación de sus equipos, explotó las reservas de las minas Laguna y Sosa Méndez logrando una producción media anual de un mil kilogramos. Pero en 1965, por deficiencias técnicas y de administración, la producción disminuyó considerablemente y el colapso de la empresa obligó al gobierno a liquidarla y transferir sus instalaciones al Sindicato de Patronos Mineros de El Callao que trató de mantener la actividad minera, pero con una producción muy baja que se extendió hasta los años setenta cuando comenzó a operar Minerven tras un estudio de exploración y prospección realizado por el Ministerio de Energía y Minas que ubicó y probó reservas por 4 millones de toneladas métricas de cuarzo aurífero con tenor de 22.4 gramos por tonelada.

Minerven

         La compañía General de Minería de Venezuela C.A. (Minerven) fue registrada como empresa privada el 4 de febrero de 1970 con un moderno proyecto cuya ejecución requirió de grandes préstamos millonarios a la Corporación Venezolana de Fomento, que al final tuvo que adquirirla. Luego pasó a manos del Fondo de Inversiones de Venezuela y finalmente a la CVG.
         Para 1978 Minerven había invertido 307.9 millones de bolívares en el proyecto ubicado a 3 kilómetros de El Callao, proyecto consistente en un pozo vertical de extracción de mineral aurífero; planificación, desarrollo y preparación de la mina y montaje de una planta de tratamiento de 700 toneladas diarias de mineral, mediante un proceso de recuperación metalúrgico por cianuración.
         Actualmente Minerven procesa 1.000 T.M., no obstante que su capacidad es dos veces superior, pero se halla ante el problema de unas reservas probadas casi agotadas. Para alargar su vida siquiera por 20 ó 30 años más requiere de una inversión de 35 millones de dólares que la empresa dice no tener y el país tampoco tiene de dónde sacarlos porque está super endeudado.
         Los calloenses se preguntan si se repetirá con Minerven la triste historia de la Compañía Minera de El Callao, o de la Guayana Mines limited o de la Mocca, mientras tanto manifiesta y ahoga sus malos presentimientos bailando calipso, comiendo domplin y bebiendo mabi.
         El Callao nació, creció y se mantiene al ritmo de la explotación aurífera en la cuenca del Yuruari. Recostado a ese río legendario y sobre una roca de galerías por donde han salido toneladas de riquezas que se van cantando la canción del que no vuelve, se encuentra y permanece inagotable ese lugar que antes de ser la realidad de hoy permanecía poblado de otro modo en la imaginación hiperbólica de Sir Walter Raleigh y de otros adelantados como Sebastián de Benalcázar, Gonzalo Jiménez de Quesada y Antonio de Berrío.
         Pueblo sencillo este de El Callao. Hospitalario y de una cultura muy singular donde se mezcla la manera de ser del amerindio venezolano con la del antillano descendiente de ingleses, franceses y africanos.
         Por eso El Callao es lugar único de Guayana y Venezuela. Lugar donde en vez de joropo, guasa o merengue, se baila calipso; donde en vez de español, se habla en patois; en vez de ron, se toma mabi; en vez de arepa, se prefiere el domplin y se come calolú, acrá, banán pile, yinyabie y pelau.
         El 25 de abril de 1989 la Asamblea Legislativa, mediante modificación de la Ley de División Político-territorial le otorgó los mismos beneficios que a Santa Elena de Uairén y Ciudad Piar y lo elevó a la categoría de Municipio Autónomo. Para entonces acusaba una población de 10 mil habitantes sobre una superficie de 2.236 kilómetros cuadrados y en las elecciones de diciembre de ese año tuvo su primer Alcalde.



miércoles, 19 de julio de 2017

Tumeremo

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         Punto culminante de la penetración misionera en tiempos de la Colonia, emergió como alternativa expansionista de la Misión de la Divina Pastora, pero también como una necesidad geopolítica de la que siempre dudó el gobernador provincial, don Miguel Marmión.

         Los religiosos echaron las bases del pueblo de Nuestra Señora de Belén de Tumeremo, el 26 de enero de 1788, no obstante el veto de Miguel Marmión, a la sazón Gobernador de la Provincia de Guayana.
         Dos razones privaron para que los padres misioneros alargaran sus dominios hasta ese punto que se alza 177 metros sobre el nivel del mar, al sureste de Nuria que es la mayor altura de la Sierra Imataca: detener el avance de los holandeses posesionados de la región del Esequibo y solucionar el problema de saturación que presenta el Hato de la divina Pastora por la rápida multiplicación de la ganadería y consecuencial emprobecimiento de las dehesas.
         Sin embargo, Miguel Marmión, Gobernador de la Provincia de Guayana (1784-1790), contrarrestaba tales razones opinando que establecer misiones próximas al Esequibo, en vez de evitar, facilitaba el acceso para la conquista, el contrabando y la piratería que en ese tiempo favorecían los caribes, enemigos de los españoles.
         De todas maneras, los capuchinos catalanes, contra viento y marea, se arriesgaron y comenzaron, primero, por fundar un hato y luego por materializar la existencia de un poblado.
         Cuando el Reverendo padre Presidente de este pueblo, Fray Mariano de Perafita, informó oficialmente de la fundación de Tumeremo a fin de que se le proveyera de los ornamentos, vasos de consagrar, campanas y demás útiles para el funcionamiento cabal de la Iglesia erigida a la Virgen María como patrona bajo la advocación de Nuestra Señora de Belén, el gobernador Marmión expresó disgusto por no haber sido avisado previamente y también porque tenía noticias del misionero Justo de Barcelona, según las cuales se estaban expatriando los indios de otras misiones para la nueva fundación, lo cual resultaba inconveniente desde el punto de vista geo-político.
Resistido el Gobernador a reconocer la nueva fundación, comisionó a varios capuchinos, entre ellos, el mismo Justo de Barcelona, para que viajaran a España a denunciar la situación.
Eran tiempos del Rey Carlos III, fallecido en diciembre de ese año, por lo que el sucesor, su hijo Carlos IV, fue quien recibió la denuncia, la cual se procesó durante dos años, al cabo de los cuales fue referida a la consideración de la capitanía General de Venezuela.
El Capitán General Juan Guillelms (1786-1792), una vez estudiado el asunto, decidió la conveniencia de la fundación de Tumeremo, por lo que al gobernador Marmión no le quedó otra alternativa que aceptarla y comisionar sobre la marcha al Capitán Antonio López de La Fuente para que estudiara el lugar y erigiese un Fuerte protector de la misión, el cual, aunque se erigió en la desembocadura del Botanamo en el Cuyuní, lo bautizaron con el nombre de “Fuerte Corumo” (1790). El mismo estuvo comandado por el propio López Fuentes, al mando de 30 hombres.
El poblamiento organizado de Tumeremo los iniciaron los Reverendos Padres Capuchinos de la Provincia de Cataluña con 177 indios guayanos del propio Tumeremo e indios traídos de las misiones de Ángel Custodio de Aycana y Altagracia de Capapuy. Para 1799 esta población creció a 351 indios, de los cuales 108 eran niños. Los misioneros pusieron al frente de la fundación al Padre Fray Mariano Perafita.
El informe levantado en 1799 a solicitud del gobernador Felipe Inciarte, el misionero Fray Buenaventura de Sabadel, hace la siguiente descripción de Nuestra Señora de Belén de Tumeremo: “Este pueblo se empezó a fundar el año mil setecientos ochenta y ocho. Dista de la capital de la provincia cuarenta y nueve leguas y de la villa de Upata veinte y dos: tiene al oriente a distancia de cinco leguas el monte grande, en donde viven los indios silvestres. Al poniente tiene la misión de Tupuquen, a cinco leguas; al sur la misión de Cura, a seis leguas, y la del Ángel Custodio inclinada algo al Poniente, que dista cuatro leguas. Al Norte tiene unas serranías y montes a cuatro leguas, cuyos términos se ignoran por ser intransitables. Está fundado en una loma de sabana, piso duro; tiene una laguna al lado a la parte del Sur, y manantiales permanentes de donde se bebe; tiene sabana apta para criar ganado, y por este lado es la última sabana de esta provincia. Dicho pueblo se fundó para hato del común, porque las sabanas de la Divina Pastora están ya perdidas; tienen bastante montes para labranzas, cuyas tierras son negras, coloradas, arenuscas y frescas”
         Para el año de este informe, el fundador Fray Mariano continuaba al frente del pueblo de Tumeremo. El, nacido en Perafita (España) en 1754, había llegado a Guayana en 1784 y permaneció en Tumeremo desde 1788 en que inició la fundación hasta poco antes de la Toma de las Misiones por las fuerzas patriotas comandadas por el general Manuel Piar. Entonces fue sustituido por Fray Ildefonso de Mataro, quien vino en la décimo primera y última misión de España.
         Parafita fue transferido a la Misión de San Ramón de Caruachi y allá se hallaba cuando Piar asumió el control militar de las Misiones. Entonces fue reducido a prisión dentro del propio Convento, convertido en cárcel, vigilado por el Teniente neogranadino José de Dios Ucros (1817). El padre Perafita es el primero que reducen a prisión y el primero también que degüellan de un machetazo cuando por una virtual orden equivocada o mal interpretada ejecutan masivamente a veinte misioneros capuchinos.

Después de la Colonia

Tumeremo, que en el lenguaje de los indios guayanos, significa “culebra pintada” conservó después de la Colonia y hasta 1881 que se creó el Territorio Federal Yuruary con cabecera en Guasipati, su dependencia de Upata denominada Cantón y luego Departamento. En 1909 que fue disuelto por segunda vez el Territorio  Federal Yuruary y se creó el Distrito Roscio con capital en Guasipati, Tumeremo pasó a ser municipio foráneo de esta entidad distrital hasta 1981 que fue elevado a la categoría de distrito (Distrito Sifontes) con jurisdicción sobre los municipios El Dorado y Las Claritas, en el kilómetro 88.
Tomas  Yépez, un upatense radicado allí desde 1931 pasó a ser el primer Presidente Municipal que tuvo Tumeremo una vez elevado a la categoría de distrito y Abraham Anzola, el primer alcalde en 1990 cuando se restauró en Venezuela la colonial figura de la alcaldía en sustitución de la Presidencia Municipal.
El Distrito abarca una superficie de 24.392 kilómetros cuadrados y una población (Censo Nacional de 1990) de 24.668 habitantes. Hoy por hoy es un distrito fundamentalmente ganadero, minero y maderero. La minería aurífera le ha dado gran  impulso urbano y económico. En toda la jurisdicción distrital se producía para 1990, 500 kilogramos de oro mensual. Lo infortunado de la alta producción aurífera es que se va cantando la canción del que no vuelve. El estado apenas percibe un 3 por ciento de arancel y la Alcaldía no recibe directamente nada. La comunidad se beneficia por el circulante que implica la actividad de extracción, pero el grueso de la riqueza que es de la nación, se escapa. Sólo quedan las huellas de la depredación, los cráteres, la selva erosionada.

Ejidos y Plan Rector

         Los ejidos de Tumeremo datan desde su fundación y específicamente abarcan una superficie de 5.666 varas españolas y con la ayuda y asesoría de la CVG se realizó en 1988 un levantamiento topográfico de los mismos, que culminó luego con un Plan Rector de desarrollo urbano.
         El Plan Rector ha sido de gran utilidad pues se levantó en momentos en que el Municipio comenzaba a experimentar los efectos socioeconómicos de una actividad pecuaria, maderera y minera que se acentuaba. Cada día se ven nuevas y mejores construcciones en el casco y zonas de extensión urbana.

El Dorado

         El dorado, cabecera del municipio (hoy parroquial) foráneo Dalla-Costa, con unos cinco mil habitantes aproximadamente, se localiza en la confluencia de los ríos Cuyuní-Yuruán-Yuruari, en región selvática del Estado Bolívar. Ha vivido siempre de la explotación aurífera y de las Colonia Penal, a dos kilómetros del pueblo y separada por el Cuyuní y sus afluentes.
         La existencia de El Dorado la marca primigeniamente la Comisaría de Fronteras del Cuyuní y el nombre de El Dorado se lo asigna el general Domingo Sifontes, cabeza principal del movimiento armado que desalojó a los ingleses a finales del siglo diecinueve cuando pretendían avanzar los hitos fronterizos desde la región del Esequibo.
         La Colonia Penal, llamada en su comienzo Colonias Móviles de El Dorado data de 1944 cuando llegaron los primeros presos transferidos desde la Isla del Burro en el Lago de Valencia.
         En cuanto a El Dorado propiamente como municipio, data del año 1923 y en ese mismo año le fueron marcados sus ejidos por el agrimensor público Santos Semedey. A partir de allí la vida de El Dorado transcurre entre el trabajo de las minas y como punto de vigilancia de la frontera. (Ver crónica aparte sobre El Dorado)

Las Claritas

         Desde el 25 de junio de 1986, Las Claritas o, mejor dicho, San Isidro, capital Las Claritas, es municipio foráneo (hoy parroquia) bajo la autoridad jurisdiccional de Tumeremo (Sifontes).
         Es un pueblo eminentemente minero situado a la margen del río Las Claritas que nace en la sierra de Lema y desemboca en el Cuyuní. Está apenas a 40 kilómetros de la línea fronteriza con la Guyana. Es el pueblo limítrofe más importante después de Santa Elena de Uairén en la Gran Sabana y de aquí el interés del Gobierno de aprovechar la coyuntura de la fiebre del oro para consolidarlo como pueblo fronterizo con alternativa distinta a la explotación aurífera.
         Para 1989, Las Claritas, a 88 kilómetros de El Dorado, era la mejor plaza para la compra y venta de oro. Allí convergían de todo el país representantes de unos 2 mil entes con licencias. Funcionaba como una pequeña bolsa del oro donde se compraba en función de la oferta y la demanda a través de un sistema de comunicación privada Las Claritas-Ciudad Bolívar-Caracas-Nueva York, para estar al día en materia de precios.
         Tumeremo, junto con El Dorado y Las Claritas, se ha convertido en  base militar de fronteras, muy importante. Aparte de la Guardia Nacional que tiene directamente que ver con el control policial de la explotación minera y maderera, esta capital del municipio Sifontes cuenta con un fuerte (el Tarabay), asiento de dos Batallones y de una Batería de Morteros de 120 mm. Asimismo una Base Aérea con equipos modernos y una pista de aterrizaje de tres mil metros.




martes, 18 de julio de 2017

El Dorado


         Su nombre es tan antiguo como el propio período de la Conquista donde se incubó al calor del oro que destellaba en los objetos y adornos de los primitivos; sin embargo, este pueblo del Cuyuní es más reciente.

         El Dorado era algo así como un Dios, como una deidad humana, reconocible porque se untaba o le untaban la piel con el áureo polvo que hacía esplendorosa la ignota tierra de Manoa.
         Manoa era la ciudad de El Dorado. Ambos nombres vagaron en la fiebre alucinadora de aquellos recios señores de mosquete y armadura venidos de ultramar. Vagaron hasta que un día de tanto vagar, sin poder ser aprehendidos en la realidad de la fiebre, se quedaron fijos en alguna parte: Manoa, al sur del Delta del Orinoco y El Dorado en la confluencia del Cuyuní con el Yuruán y el Yuruari.
         El actual pueblo de Manoa es de data reciente, al norte de la Sierra Imataca, abrazada en forma de isla por uno de los caños que derivan de Río Grande y, El Dorado, no sabemos si data de 1802 cuando Padres Capuchinos se internaron en esas tierras confluenciadas por el tríptico fluvial o de 1879 cuando una expedición gubernamental se dedicó a la exploración de la hoya del Cuyuní. Lo más divulgado hasta ahora es que el nombre del contemporáneo pueblo de El Dorado data de 1894 en que se registra el paso de  tropas inglesas.
Sin  embargo, existe un mapa de 1867 que identifica a casi toda la zona Sur del Yuruari como la verdadera región de El Dorado. También con ese nombre era señalada La Providencia, extraordinaria mina de El Callao. De manera que el nombre de El Dorado que nunca tuvo asiento estable, fue trasladado y fijado de una vez por el general crepista, Domingo Sifontes, en la zona de confluencia del Cuyuní con el Yuruán, comprendida dentro del triángulo de la “Mater Auri” a que se refiere Lucien Morisse en su libro publicado en Francia en 1902.
En la región del Cuyuní que es el río que domina y sostiene la existencia del pueblo de El Dorado, hubo antes de 1894 algunos ranchos y la casa más importante la había construido frente a lo que es hoy El Dorado, el oficial inglés Michael Mac Turk en función de la penetración y ocupación que sistemáticamente sobre suelo venezolano había hincado Inglaterra desde 1814 que adquirió de Holanda 20 mil millas cuadradas de la parte occidental del Río Esequibo.
Precisamente, el comienzo y permanencia del pueblo de El Dorado lo define y decide  la necesidad que tienen los venezolanos de enfrentar la calculada invasión de Inglaterra, aprovechando tanto la debilidad militar de Venezuela como los conflictos políticos internos sucesivos que la desmoralizaban y desangraban.
La geofagia inglesa con relación a Guayana es de vieja data. Comenzó con las invasiones de Walter Raleig finalizando el siglo XVI. Como Raleigh no pudo ni otros que vinieron tras él, Inglaterra ensayó de nuevo en 1797 con 60 barcos y 6 mil soldados y comenzó por adueñarse estratégicamente de la Isla de Trinidad. Poco después comenzó a cambiar la suerte de los americanos al ser sometida España por Napoleón. Inglaterra luego modificó un tanto su imperialista técnica de invasión.
En 1814 cuando Venezuela luchaba su independencia, la poderosa Albión adquirió por 3 millones de libras esterlinas, 20 mil millas cuadradas de la Guayana Holandesa. A partir de entonces, desde el Esequibo hacia el Este emergió la Guayana Inglesa, formada por los establecimientos de Esequibo, Demerara y Berbice.
Con esta presencia en tierra firme se le hacían más prácticos y expeditos sus planes de penetración. De manera que en 1819, súbditos suyos estimulados por la ayuda que estaban prestando a Venezuela en su guerra emancipadora contra España, propusieron al Congreso de Angostura la erección de una ciudad sobre las antiguas Misiones religiosas abandonadas y que se extendían desde el Caroní hasta más allá de Tumeremo. La novedosa ciudad se llamaría Erin y su capital Nueva Dublin, que sería poblada por emigrados del Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda, provista de autoridades británicas electas por los propios colonos. Pero como esta oferta no tuvo éxito, aguardaron el desenlace de la guerra venezolana contra España para nuevos intentos de ocupación.
En 1812, después de la Batalla de Carabobo, Inglaterra, a  través de colonos de Berbice y Demerara renovaron sus planes de usurpación y el Libertador le salió al paso nombrando a José Rafael Revenga, Agente Diplomático, para que reclamara ante el Foreing Office.
Pero en 1834, ya muerto el Libertador y disgregada Venezuela de Colombia, Inglaterra se las ingenió de forma artificial para ir acopiando documentación sobre la cual sustentar su pretendida ocupación. Al efecto comisionó al naturalista y geógrafo austriaco Roberto Schomburgk, primero para explotar y levantar un inventario de los recursos renovables y no renovables del territorio de Guayana (1834) y seguidamente para fijar una línea de demarcación del Territorio de la Guayana Inglesa que resultó no ceñido a los límites históricos reconocidos a Inglaterra (“estando los establecimientos holandeses sobre la margen derecha del Esequibo, el territorio comprendido entre este río y el Orinoco no será afectado en ninguna forma y por lo tanto España ejerce sobre él legítimos títulos de soberanía” 1648/Tratado de Munster 1648).
Por este grotesco defecto de la línea Sohomburgk que usurpaba a Venezuela 5 mil kilómetros cuadrados de territorio al oriente del Esequibo, Venezuela protestó en 1841 a través del Agente Diplomático Alejo Fortique y demandó el retiro inmediato de los postes de demarcación fronteriza. En el curso de la reclamación al doctor Fortique lo sorprendió la muerte, las negociaciones sufrieron retardo, de todas maneras no pudo solucionarse el problema. Inglaterra se negaba a aceptar la proposición venezolana de zanjar, por medio de un tratado, la cuestión de la usurpación.
En 1850 se repiten los intentos de penetración, los cuales fueron rechazados  por el Gobierno mediante intercambio de notas que tuvo como corolario un arreglo en virtud del cual ambos Gobiernos se comprometían a “no ocupar ni usurpar el territorio en disputa mientras estuviera planteado el diferendo por el territorio que pretendía el Gobierno Británico y el gobierno de Venezuela defendía como suyo”.
Más el compromiso fue  violado en 1877 cuando la Bandera Inglesa plantada en Punta Barima dio lugar a otro intercambio de notas y protestas que agravaron y deterioraron las relaciones diplomáticas. Tres años después comenzaron a aflorar de manera industriosa los yacimientos auríferos del Yuruari e Inglaterra acudió a todos los medios para materializar sus planes  de ocupación que van a extenderse hasta la margen derecha del Río Cuyuní en 1890 cuando Michelle Mac Turk levantó una Casa-Fuerte y estableció en ella la Policía Inglesa.
De la presencia de tropas inglesas en la margen  derecha del Cuyuní no se percata el Gobierno de Venezuela sino en 1893, pues su atención estaba centrada en la Revolución Legalista que llevó al general Joaquín Crespo al Poder con el apoyo de J.M. (Mocho) Hernández y Domingo Sifontes que habían derrocado el Gobierno de Guayana luego de la sangrienta Batalla de Orocopiche.
A raíz de esa revolución, el General Domingo Sifontes aceptó el cargo de Comisario de Fronteras y comenzó a ejercerlo el 2 de marzo de 1894. Situó la sede de la Comisaría en la confluencia del Cuyuní con el Yuruán, frente a la Casa-Fuerte de los ingleses, situada donde se instaló en 1944 la Colonia Penal de El Dorado. Allí, luego de necesarias exploraciones y de haber ocupado las subcomisarias de Acarabisi, Yuruán y Chicanán, que funcionaban en ranchos y tiendas de campaña así como ejecutados otros trabajos que le fueron encomendados en función de la comunicación y la vigilancia, levantó las primeras casas dando lugar al pueblo que él mismo bautizó con el nombre de El Dorado.
Exactamente a los diez meses  -- 2 de enero de 1895—ocurrió lo que el General Sifontes tenía previsto ocurriría tan pronto quienes estaban del otro lado intentaran ocupar la margen derecha del Cuyuní.
Douglas D. Barnes, Inspector de Policía del Distrito de la Guayana Británica, junto con otros oficiales y agente de tropa fue reducido a prisión sin dispararse un tiro, por los hombres del Capitán Andrés Avelino Domínguez, lugarteniente del Comisario de Fronteras, quien se hallaba enfermo en Tumeremo. Conducidos presos a Ciudad Bolívar por el coronel Luis Manuel Betancourt, fueron puestos en libertad por el entonces Presiente del Estado, General Manuel González Gil, al disponerlo así el Presidente de la República Joaquín Crespo.
         Mientras tanto, refuerzos provenientes de Demerara, al mando de Michael Mac Turk, trataron de ocupar nuevamente el lugar, pero fueron, esta vez si a tiro limpio, expulsados definitivamente y con refuerzos de voluntarios provenientes de Tumeremo, para dejar limpia la zona que permitió al incipiente pueblo de El Dorado crecer, abrir vertientes y caminos hacia el dominio de unas fronteras legítimas e históricas que si bien fueron defendidas valientemente, más por  espontaneidad de los yuruarenses que por voluntad obligatoria del Gobierno Federal, quedaron truncas en unos 250 mil kilómetros cuadrados, merced al funesto Laudo Arbitral de 1899, dado en París.
         El Dorado, pues, nació como sede o centro de la Comisaría de Fronteras durante el lapso en que el Territorio Federal del Yuruari fue creado por resolución del Congreso Nacional, el 3 de septiembre de 1881 para que el Ejecutivo Federal pudiese lograr un control directo sobre las fronteras y las ricas cuencas auríferas de Guayana. Esta condición geopolítica duró hasta l891 gracias al movimiento reivindicativo de la Sociedad Democrática del Yuruari liderada por José Manuel (El Mocho) Hernández, Miguel Parra Hernáiz y Ricardo Juliá García.
         El 20 de agosto de 1900, el Presidente Provisional del Estado Bolívar General Lorenzo Guevara, elevó a El Dorado o región del Cuyuní a la categoría de distrito con el nombre del prócer Juan Bautista Dalla-Costa, fallecido hacía 6 años y designó Jefe Civil del mismo al General Pablo Hernández Centeno. Pero fue criterio del Presidente Cipriano Castro volver al status anterior. De manera que el 14 de diciembre de ese mismo año 1900 dictó el Decreto y designó Gobernador al General Manuel Silva Medina. Entonces el Territorio quedó dividido en tres distritos: Piar, Rocio y Dalla Costa hasta 1909 que el Gobierno central delegó su control al Ejecutivo del Estado Bolívar.
         Los ejidos de El Dorado fueron señalados por el Agrimensor Público Santos Semedey. A partir de su condición de distrito relegado posteriormente a la categoría de municipio foráneo integrado al Distrito Roscio, la población vivía del trabajo primitivo de las minas de oro, la explotación del balatá y como centro de vigilancia de las fronteras de la Comisaría respectiva.
         En octubre de 1944, el Gobierno Nacional creó la Colonia de Trabajo a dos kilómetros de El Dorado, separada por el Cuyuní y sus afluentes. Vino a sustituir a la valenciana Isla del Burro  adonde llevaban a los delincuentes peligrosos así como a Vagos y Maleantes. Fue creada en octubre y entró a funcionar en diciembre, ya finalizando el Gobierno del General Isaías Medina Angarita. Permaneció activa hasta 1977 (33 años) que decretó su cierre el Presidente Carlos Andrés Pérez. En 1983, el Gobierno sucesor decretó su reapertura.
         El primer delincuente que pisó la temible Colonia Penal de El Dorado, dentro del lote inicial de cien, fue Guillermo Segundo Amaro (a) “Cara e’ Golpe” un vulgar ratero, amigo de “Petróleo Crudo” (Cruz Víctor Mejías”, del que mucho se hablara por sus resonantes fechorías y cuyas habilidades se le acabaron cuando lo internaron en la Casa amarilla, asignada como celda de castigo a los criminales más peligrosos del país.
         La Colonia de Trabajo de El Dorado, junto con la explotación del oro aluvional, las minas de Caolín del kilómetro 88 de la carretera que conduce hasta Santa Elena de Uairén y de los productos forestales de la cuenca del Cuyuní, constituye fuente de vida económica para una población que conforme al Censo de 1950 era apenas de 678 habitantes y para   1981 de 2.716.
         A El Dorado siempre se llegó por malos caminos, intransitables durante la época lluviosa, por lo que durante esa estación había que utilizar el río Yuruari para comunicarse con El Callao, distrito aurífero de gran movimiento económico, y desde ese punto con el resto del Estado.
         Entre 1953 y 1954 el Gobierno Nacional mejoró notablemente los 76 kilómetros de carretera que separan a El Dorado de Tumeremo y construyó una pista aérea que permitió el servicio de los aviones de Aeropostal y por ende la comunicación directa con la capital del Estado, Tumeremo, Guasipati y Santa Elena de Uairén, en plena frontera con Brasil.
         La comunicación terrestre con la Gran Sabana hasta febrero de 1973 que se inauguró la Carretera El Dorado –Santa Elena-, se hacía por una pica de 400 kilómetros, que permitió establecer las misiones de Uonken Kavanayén y Santa Elena, empleándose hasta 20 días por entre sabanas, montañas y peñascos. La parte más difícil de escalar era La Escalera. Esta Carretera, iniciada en 1953 por el Ing. Luis Entrena y concluida felizmente por el Batallón de Ing. Juan Manuel Cajigal, subrayó la importancia de El Dorado, el pueblo que desde la selva inhóspita inició con verdadero ardor patriótico la defensa de nuestra frontera y la conquista del Sur.




lunes, 17 de julio de 2017

Santa Elena de Uairén

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La antigua capital del Municipio Urdaneta, hoy de la Gran Sabana, es el pueblo fronterizo más importante de Guayana. Su fundación la inició Lucas Fernández Peña el 16 de septiembre de 1923 y la completaron los misioneros en 1931.

         Desguarnecidas estaban nuestras fronteras en 1923 cuando Lucas Fernández Peña remontó La Escalera con un pesado guayare sobre la espalda y caminó leguas y leguas en busca de una zona con clima como el de Tovar, su tierra natal, o el de Valencia, donde había estudiado.
         Deseaba permanecer en un sitio fijo, pues ya había aventurado suficiente, desde 1912 que llegó a Ciudad Bolívar y avanzó hasta las minas auríferas del Yuruari,  Tumeremo, El Dorado y Venamo.
         Cuando acampó en el valle del río Uairén, entre la Sierra Pacaraima y las serranías de Akurimá no dudó de las ventajas de aquel lugar enneblinado, poblado por indios Taurepanes de la etnia Pemón y catequistas ingleses de la religión adventista.
         Allí a 907 metros de altitud y con clima agradable, sentó sus reales Fernández Peña y siete años después lo hicieron los misioneros capuchinos.

Las Misiones Capuchinas

         Santa Elena de Uairén es el más importante de los cinco centros misioneros que regentan los padres Capuchinos en el Estado Bolívar. Le siguen: Santa Teresa de Kavanayén, fundada en 1942, a 35 kilómetros en dirección suroeste de la extinguida Misión de Luepa y a 1350 metros sobre el nivel del mar; Kamarata, fundada en 1944, por Fray Saturnino de Villaviera; Wonken y La Paragua.
         En estos centros se hallan 28 padres misioneros con jurisdicción eclesiástica sobre unos 12 mil indígenas Pemón divididos en Taurepanes, Arecunas y Kamarakotos. En el alto Paragua predominan Makiritares y Waicas. Todas  estas misiones se localizan en un radio de 35 mil kilómetros cuadrados formando lo que se conoce como la Esquina sureste del Estado Bolívar y Venezuela.
         Los capuchinos que acompañaron a Fernández Peña en la Fundación de Santa Elena de Uairén fueron Nicolás de Cármenes, Fray Gabino de San Román y Maximino de Castrillo, fundador de las iglesias de El Callao y El Palmar. Llegaron allí el 28 de abril de 1931, después de muchos días de camino, venciendo los elementos de la selva, de la lluvia, de los ríos y hasta el hostigamiento de los  propios indios que tenían como misión civilizar, venezolanizar y evangelizar.
         La distante y aislada zona fronteriza de la Guayana venezolana estaba entonces ocupada por grupos ingleses de la región adventista que enarbolaban en sus chozas las enseñas de su país. Acaso fue esta ocupación pacífica de los adventistas foráneos lo que indujo al gobierno de Juan Vicente Gómez a firmar un convenio con los padres capuchinos para instalar en la Gran Sabana dos centros misioneros: el de Santa Elena de Uairén y el de Luedpa posteriormente transferido a Kavanayén.
         Efectivamente, el establecimiento de estos dos centros misioneros y la Inspectoría de Fronteras a cargo del upatense Rafael Montes de Oca y el cojedeño Lucas Fernández Peña hicieron posible que se replegaran los grupos catequistas hacia zonas más distantes de las que son hoy nuestras fronteras.
         Venezuela que hacía 32 años había perdido por efecto de un Laudo Arbitral espurio todo el territorio de la parte occidental del río Esequibo, nada o poco había hecho por reafirmar su soberanía con la presencia del nativo, en aquella extensa región selvática que el Laudo Arbitral del 3 de octubre de 1899 limitaba desde Punta Playa, a varias millas de la desembocadura del Orinoco hasta las fuentes del Corentín.

El nombre de Santa Elena

         Santa Elena nació con el nombre de la madre de Constantino El Grande, impulsor del cristianismo, y también con el nombre de la primera hija de Fernández Peña. Nació como todos los pueblos españoles de Guayana, con un puñado de chozas circundando una Iglesia que al principio fue baharenque y palma y finalmente de piedra sobre piedra siguiendo el estilo gótico simplificado, creado por el Padre Diego de Valdearena, quien estuvo 36 años de misionero en el pueblo.
         La construcción de la bella y atractiva iglesia donde los católicos veneran a la patrona rescatadora de la Cruz de Cristo, la iniciaron los capuchinos en 1949. También construyeron el edificio parroquial y el internado donde se ha educado y formado toda la población pemón. Tiene capacidad para cien internos entre hembras y varones.

Municipio Gran Sabana

         Hasta  1945 que fue elevado a la categoría de Municipio Urdaneta, Santa Elena de Uairén venía funcionando como un caserío más del Distrito Roscio. En 1986, la Asamblea Legislativa reformó la Ley de División Político-Territorial y la declaró Municipio Autónomo, con el nombre de Gran Sabana dentro de una superficie de 32.988 kilómetros cuadrados. El Censo Nacional de 1990 le adjudicó una población de 18.049 habitantes.
         La Gran Sabana es sin duda una de las regiones más hermosas de Venezuela y del mundo. Clima excelente, topografía accidentada que ofrece sorprendentes escalonamientos y bella cascada de invaluable potencial hidráulico.  En esta región se halla el famoso Pico Roraima que hace de centinela geológico en el cruce de límites entre Venezuela, Brasil y Guyana, siguiéndole al Norte las mesetas de Ptaritepuy, Irutepuy, Ueitepuy, Pavitepuy y el Auyantepuy, de donde descuelga el imponente Salto Ángel, el más grande del planeta, dado a conocer por el aviador Jimmy Ángel (9 de octubre de 1937) haciendo impacto en ella con una avioneta Flamingo.
         No son muy buenas estas tierras para la agricultura; sin embargo es posible cosechar (en valles, cañadas y terrazas), trigo, maíz, arroz, caña de azúcar, patata, yuca, ocumo, banano, cacao, naranjas y guayabas. Sus sabanas son aprovechadas para la cría y se cuentan miles de cabezas de ganado vacuno y lanar. Pero lo que realmente dividía a la región en un comienzo fueron las explotaciones diamantíferas y auríferas. Santa Elena, Icabarú, Urimán y otras localidades como La Faisca y Paraitepuy, emergieron al calor de los placeres mineros del río Surucún donde Jaime Huston (Barrabás) encontró el diamante El Libertador que pesó 155 quilates.
 
Icabarú

         Desde 1957 que se formaron allí las primeras aglomeraciones humanas venidas de los más diversos puntos geográficos, siguiendo el eco de la “bulla” diamantífera o aurífera, Icabarú ha venido dando dinero y trabajo a centenares de personas. El sólo cerro La Trompa que circunda el valle, llegó a dar en una ocasión tres mil kilogramos de oro. Se recuerda a César Díaz Valor y a Carlos Fernández, como los primeros  que llegaron a explorar el lugar caminando leguas y leguas de sabana y montaña con guayare a la espalda.
         El pueblo llegó a tener hasta 6 mil habitantes en su época de mayor auge. Hoy la población es escasa y vive diseminada, debido a que la producción minera era aluvional y prácticamente ha llegado a su fin.
Después que los placeres del oro y del diamante menguaron, las aglomeraciones humanas se desviaron a San Salvador de Paúl, Guaniamo y Alto Paragua y sólo quedaron las misiones indígenas y los criollos que perseveraron relavando los residuos de la tierra aluvional.
         La comunicación con los pueblos de la Gran Sabana sólo era posible por rutas aéreas tan ocasionales como costosas. Por ello, en 1953, se empezó a abrir una carretera hasta la frontera. El Gobierno Nacional encomendó la obra al Ing. Luis Entrena, quien la inició y dejó inconclusa hasta el kilómetro 88, donde se alzó un caserío de agricultores y mineros bajo la protección del famoso Brujo Avilio que al igual que Yaguarín, curaba con raíces, oraciones y ungüentos de reptiles.
         Entrena abandonó la obra en 1958 y en 1963,  asumió los trabajos el Batallón de Ingenieros Juan Manuel Cajigal que comandaba el coronel Efraín Brady.
La carretera de más de 300 kilómetros de longitud, fue puesta en servicio por el primer gobierno de Rafael Caldera y vino definitivamente a incorporar a Santa Elena al resto de Guayana y Venezuela. Hoy es posible viajar no sólo hasta ese municipio fronterizo, sino hasta Boa Vista, capital del Territorio Roraima de Brasil.
Pero el gran vecino no se quedó  atrás en esta necesidad de conquistar la frontera. En vista de la importancia que adquiría Santa Elena, gracias a una comunicación más fluida por tierra y aire, Brasil proyectó y ejecutó una “minibrasilia” ciudad planificada conforme a cánones modernos a tres kilómetros de la línea fronteriza.
La ciudad construida por Ingenieros militares, cuenta con aduana, viviendas prefabricadas, carretera que la comunica con Boa Vista, comunicación satélica y servicios básicos para unas siete mil personas.

La Nueva Santa Elena

         La carretera El Dorado a Santa Elena ha permitido a la capital del municipio cambiar su fisonomía. La ciudad se desenvuelve y crece conforme a un esquema de ordenamiento urbano que se cumple por etapas. Se le ha dotado de los servicios públicos necesarios. Ha sido rectificada la trama vial ampliando los servicios de salud mediante la construcción de un hospital y ejecutado un buen aeropuerto aparte de una sede para el comando de la Guardia Nacional.
         Pero su personaje central ya no está. Lucas Fernández Peña, su fundador, al igual que los misioneros que lo acompañaron en la ardorosa tarea de hacer un pueblo, falleció el 28 de septiembre de 1987. Tampoco Maria Josefa, la india pemón con la cual se casó y tuvo diez hijos aparte de otros veinte. La ciudad está en otras manos. Ahora tiene alcalde y municipalidad que el viejo nonagenario, de ojos azules, pelo y bigotes blancos, no alcanzó a ver como consolidación de su obra.
         Permanece aun sobre una loma, la Casa Blanca convertida en Museo de sus Memorias y 300 piezas coleccionadas por él a través de sus intensos viajes de exploración.
         En entrevista que le hicimos en agosto de 1968, Lucas Fernández Peña nos dijo que las piezas posiblemente eran fósiles o restos de seres que vivieron épocas geológicas anteriores a la nuestra.
         Extrajo estas piezas de rocas sedimentarias ubicadas por él en distintos puntos de la Gran Sabana. Cuando las vi, las tenía en  hileras sobre una rústica mesa de madera y cada una se asemejaba con sorprendente fidelidad, bien a un ave,  a un invertebrado marino, un pez, la media cabeza de un mamut, el cráneo de un hombre o la cabeza de una mujer decapitada. Formas realmente pétreas, como modeladas piezas de cerámica que bien pudieran ser fósiles o no ante los ojos de un paleontólogo.


domingo, 16 de julio de 2017

Caicara del Orinoco

         Fundada en 1769 sobre un montículo rocoso, a 60 metros sobre el nivel del mar, llegó a ser capital del Estado Bolívar en 1881 y fue centro de operaciones de la Campaña de Guayana entre 1815 y 1816. Antes de reunirse con Páez, el Libertador permaneció allí durante cuatro días.

         Cabruta fue primero y luego, dieciocho y medio kilómetros,  río de por medio, fundaron Caicara como punto de contacto con las extensas sabanas del sur, buenas para la ganadería y para hacer contacto los padres jesuitas con los indios Tamanacos, quiriquiripas, avarigotos, parecas, maquiritares y mapoyos que habitaban la zona.
         En la actualidad sólo quedan restos de los indios Panare o E’ñapa que tienen relación  con la población urbana a través del comercio de artesanía.
         Uno de los primeros en llegar allí fue el sacerdote  jesuita Bernardo Rotella, fundador de Cabruta en 1740 y autor del primer mapa del Orinoco donde figura el brazo Casiquiare.
         Los frailes jesuitas intentaron la primera fundación de Caicara en la banda derecha del Orinoco frente a Cabruta, pero su permanencia fue efímera debido a los ataques periódicos de los indios caribes. De manera que cuando don José Solano y Bote pasó por allí remontando el Orinoco (1756) en el curso de la Expedición de Límites, propuso en su mapa topográfico sobre el Orinoco un lugar más seguro y menos problemático como escala de la navegación: “En la misma banda, frente al río Manapire, a la cabeza de tres islas, equidistantes de Cuchivero y de la antigua ciudad, y formando una casi-isla con el río  Guainiana tributario del Cuchivero, y el caño parapara tributario del caño de la tortuga”
         Pero  a la hora de la verdad esa recomendación jamás se tomó en cuenta. El gobernador de la Provincia de Guayana, don Manuel Centurión (1766-1776) incluyó a Caicara entre los cuarenta pueblos que debía fundar y repoblar para mejor dominio y control del territorio de su mando, pero el sitio lo dejó a la escogencia de su oficial Pedro Bolívar, quien se instaló  allí (1769) e hizo un sostenido esfuerzo para repoblarla con hispanos, sobre un montículo rocoso, 60 metros sobre el nivel del mar, difícil de afectar el Orinoco en sus grandes crecidas. En 1772 el Gobernador decidió declararla Villa.
         Así surgió Caicara, a la que luego hubo de ponerle apellido (del Orinoco) para diferenciarla de otra Caicara, la de Maturín, sobre el Guarapiche.
         Al año siguiente cuando el monje benedictino Iñigo Abad de la Sierra pasó por allí en periplo desde Puerto Rico, la reportó en su informe como una “fundación novísima”
         En 1800 Humboldt y Bonpland observaron que el nombre de Villa era pomposo para unas pocas casas reunidas: “Mas abajo de San Rafael de Capuchino llegamos, a la derecha, a la Villa de Caicara, cerca de una ensenada que llaman Puerto Sedeño –relata Humboldt y agrega: Es la reunión de un pequeño número de casas que lleva el pomposo nombre de Villa. Alta Gracia, la Ciudad de la Piedra, Real Corona, Borbón, todas las villas que se encuentran entre la boca del Apure y Angostura son igualmente miserables. He recordado anteriormente que los presidentes de las misiones y los gobernadores de las provincias tenían la costumbre de solicitar de Madrid privilegios de villas y ciudades en el momento en que los primeros fundamentos de una iglesia habían sido echados. Era un medio de hacer creer al Ministerio que las colonias aumentaban rápidamente en población y prosperidad. Cerca de Caicara, en el Cerro del Tirano se encuentran esculpidas figuras del sol y de la luna (...) Se asegura que, en una roca más alejada de la orilla y llamada Tecoma, las figuras simbólicas se hallan hasta a cien pies de altura. Los indios conocían antaño un camino que conducía por tierra desde Caicara hasta Demerara y Esequibo”
         Caicara del Orinoco jugó rol importante en la conquista de la Provincia de Guayana por los patriotas. Los primeros en penetrarla fueron los generales Manuel Cedeño y José Tadeo Monagas en 1815. Ambos Generales se hicieron fuertes en Caicara del Orinoco. Montaron su centro de operaciones en el Hato del Tigre y allí formaron una fuerza de 800 jinetes con la cual resistieron y presentaron combates a las fuerzas realistas que pugnaban por expulsarlos del territorio. Entre mayo y julio de 1815 se registraron choques sangrientos en Moitaco, mesa de Angostura, Orocopiche, Santa Bárbara, Morichal del Becerro, El Caraqueño y San Pedro.
         A las fuerzas de Cedeño  se integraron dos valientes caicarenses: Víctor y Venancio Riobueno, quienes luego de la unión de las fuerzas de Cedeño con las de Piar que culminó con la Batalla de San Félix, donde se distinguieron, fueron ascendido al grado de coronel.
         Tras sentarse los Poderes Supremos de la República en Angostura, el Libertador designó al coronel Víctor Riobueno comandante del Departamento de Caicara, capital del Alto Orinoco, y una de sus principales tareas consistió en reunir la mayor cantidad posible de reses, caballos y mulas para el Ejército.
         Bolívar estuvo cuatro días en Caicara del Orinoco, desde el 12 al 15 de enero de 1818 con una escuadra y dos batallones en el curso de su expedición al Apure a reunirse con el general Jose Antonio Páez para luego emprender la campaña del centro.
         Hasta la época de la Independencia, Caicara fue una villa o cantón deprimida. Francisco Michelena y Rojas, quien hizo escala allí en 1859 antes de proseguir su exploración por el Alto Orinoco, escribe que “el estado, sino floreciente, al menos de prosperidad a que llegó Caicara después de la Independencia, en que también fue incendiada, en gran parte se le debe a un vecino, el más laborioso, activo y enérgico de aquel cantón (D. José Golindano), quien, con una numerosa familia, casando a todos sus hijos fue el núcleo de la población que se formó y que existe hoy...”
         Caicara fue incendiada dos veces: ésta a que se refiere Michelena, y en el curso de la guerra Federal. El primero de octubre de 1860, Ambrosio Tapia, alzado en nombre de la Revolución  Federal y tras derrotar las tropas del gobierno central al mando del capitán Lino Díaz, enviadas desde Ciudad Bolívar, saqueó e incendió la población. El año siguiente Tapia fue capturado y fusilado en Guárico por las propias fuerzas  federalistas, debido a que se había transformado en un malhechor.
         Caicara del Orinoco llegó a ser capital del Estado Bolívar gracias a la llamada Constitución Suiza sancionada el 27 de abril de 1881 y por la cual Venezuela quedó dividida en 13 grandes estados. Al Gran Estado Bolívar lo integraban Apure dividido en el Bajo y Alto Apure y Bolívar dividida en los Departamentos Cedeño (Caicara), Heres (Ciudad Bolívar), Guzmán Blanco (Upata) y Roscio (Guasipati). Entonces, Ciudad Bolívar, capital tradicional, fue sustituida por Caicara del Orinoco debido a su posición equidistante entre las secciones de Apure y Bolívar. Pero en Enero de 1882, la Asamblea Legislativa votó por hacer regresar de nuevo la Capital a Ciudad Bolívar, toda vez que Caicara resultaba inadecuada por la falta de servicio y de instalaciones para los Poderes. En marzo Ciudad Bolívar era nuevamente capital del Estado.
         En el curso de su historia y desde su fundación, Caicara del Orinoco fue villa, cantón, departamento, distrito y finalmente municipio autónomo con jurisdicción sobre la Urbana, Las Bonitas y Santa Rosalía.

Concepción de la Urbana 
 
Este pueblo o parroquia del Municipio Cedeño, fue fundado con el nombre de Concepción de la Urbana por misioneros jesuitas, en 1731, a la orilla derecha del Orinoco, frente a ocho islas frecuentadas periódicamente por centenares de tortugas y con un grupo inicial de 500 indios, entre otomacos y oruanos.
         La fundación es atribuida al Padre José Gumilla, autor del Orinoco Ilustrado, quien con el Padre Bernardo Rotella, tuvo a su cargo la reinstalación de las misiones orinoquenses que habían sido abandonadas por los jesuitas en el siglo XVII. La Urbana o Uruana, junto con la Encaramada, Carichana, Sanborjas y Atures perteneció al grupo denominado “Misiones de Cabruta”.
         El pueblo comenzó a languidecer cuando Manuel Centurión, gobernador de la provincia, atendiendo instrucciones del Rey, expulsó a los misioneros jesuitas del alto Orinoco. Pero se mantuvo siempre como modesto puerto fluvial de escala obligada para los navegantes, especialmente para quienes explotaban la llamada Feria de la Tortuga. Es el pueblo bolivarense más antiguo y ha vivido siempre de la ganadería, la pesca y por muchos años vivió de la Tortuga arrau o Feria de la Manteca .Entre  la Urbana y la Isla de Pararupa se recogían anualmente 4 millones de huevos de tortuga, los cuales promediaban 3 mil damasanas de manteca.
         El Libertador permaneció dos días en la Urbana (21 y 22 de enero de 1818) cuando se dirigía a San Fernando de Apure a entrevistarse con Páez.
         Cerca de este pueblo esta naciendo otro: Los Pijiguaos, gracias a las minas de bauxita localizadas por la CVG, matriz de bauxiven, empresa que evalúa, desarrolla y explota esos yacimientos calculados en 500 millones de toneladas.

Las Bonitas

         Antigua capital del Municipio Altagracia, situada a la margen derecha del Orinoco, frente a la isla de su nombre, fue fundada con el nombre de Ciudad Real por el jefe de Escuadra de la Expedición de límites, don José de Iturriaga, en 1756. Su primer gobernador fue Francisco Guigo, quien participó junto con Joaquín Moreno de Mendoza en la fundación de Angostura.

Santa Rosalía

         Santa Rosalía, antigua  cabecera del Municipio Ascensión Farreras, está ubicada en medio de la vía que comunica a Maripa con Caicara, bastante distante del Orinoco, pero en un valle fresco y hermoso de la cuenca del Cuchivero.
         Prácticamente es una comunidad organizada del Siglo XX. Para 1864, aún no se mencionaba. Entonces el Departamento Alto Orinoco lo comprendía Caicara, Cuchivero, La Urbana y Las Bonitas. No se le conoce fundador oficial. Al parecer es una comunidad espontánea que gracias a las bondades de su tierra ha superado en población a Las Bonitas que data del siglo dieciocho.
         Es un pueblo ideal para la siembra y la cría, produce granos, tubérculos, y después de Caicara es la entidad de Cedeño con mayor población ganadera, mermada durante la explotación de las minas diamantíferas de Guaniamo  que atrajo a muchos campesinos y llaneros deseosos de probar suerte en los placeres de las piedras preciosas.
         Como otros, es un pueblo que vegeta y suele salir de la rutina durante las fiestas de su patrona Santa Rosa de Palermo, frente a cuya Iglesia fue construida una plaza inaugurada el 4 de septiembre de 1977.

Amalivacá

         Los Tamanacos constituían un pueblo indígena de filiación lingüística Caribe, hoy desaparecido. Habitaban en las riberas de Caicara del Orinoco y fueron trasladados a mediados del siglo XVIII por el misionero jesuita italiano Salvador Gilij a la misión de la Encaramada, cerca de La Urbana.
         Cuando el padre Gilij los reubicó, apenas quedaban 125 individuos de una población más numerosa que se deduce fue diezmada por las epidemias y las guerras.
         Carapaica, su caique o gobernante, solía decir: “Todos somos hijos de uno y aunque tenemos colores diversos, descendemos de un solo hombre. El sol abrasador, las fatigas y la penosa vida nos han diezmado. Somos ya humo blanco, como el vestido de Amalivaca”.
         Según escribe Gilij en su Ensayo de Historia Americana, Amalivacá era el Dios de los Tamanacos. Tenía dos hijas y un hermano llamado Vochi, juntos, según su cosmogonía, crearon el Orinoco.



sábado, 15 de julio de 2017

Maripa


         En 1864 cuando fue creado el Estado Soberano de Guayana, no existía el distrito o municipio Sucre tal cual como existe hoy abarcando dentro de su contexto jurisdiccional a Maripa como capital, Motaico, Aripao, Las Majadas y Guarataro.

         Para 1864 el Estado Soberano de Guayana se hallaba dividido en cuatro Departamentos: Heres, Capital Ciudad Bolívar; Upata, Capital Upata; alto Orinoco, capital Caicara y Bajo Orinoco, capital Piacoa.
         Los pueblos comprendidos hoy dentro del distrito o municipio Sucre, pertenecían al Departamento Heres. Es decir, al departamento Heres, además de su capital Ciudad Bolívar, lo integraba Barceloneta, Almacén, Borbón, Moitaco, La Piedra, Puruey (Las Majadas), Maripa y Aripao.
         Dieciocho años después, el 9 de febrero de 1882, el gobierno de Antonio Guzmán Blanco, decretó la creación del Territorio Federal Caura, independiente del Gran Estado Bolívar como se llamaba entonces la entidad Federal, dentro de un proyecto para colonizar y explotar la región del río Caura, rica en madera y Sarrapia.
         Al comienzo las concesiones, no mayores de 20 hectáreas, para la explotación maderera y sarrapiera, la administraba el Gobernador designado; pero a partir de julio de 1883 y hasta mayo de 1886, las concesiones revirtieron a favor de una compañía privada que al parecer no le fue muy bien.
         Tras su retorno al status anterior, se presentaron conflictos entre los dueños de concesiones, peones y gobierno que degeneraron un estado tal de violencia, que el gobierno se vio obligado a enviar tropas desde Ciudad Bolívar para pacificar el territorio.
         El Territorio Federal Caura tuvo de capital, primero a Moitaco y finalmente Altagracia (Las Bonitas) hasta el 9 de mayo de 1890 que el Congreso Nacional decretó la disolución del Territorio y al año siguiente quedó reincorporado al Estado Bolívar que al reformar la Ley de División Político Territorial lo absorbió como Distrito Sucre con cabecera en Moitaco.
         El Gobernador del Caura fue el General Manuel González Gil, militar y político natural de San Rafael de Orituco (1844-1909). Se distinguió en la Guerra Federal, Revolución de los Azules y la Legalista al lado de Joaquín Crespo quien era dueño de grandes extensiones de tierra en el Caura que luego pasaron a manos del general Juan Vicente Gómez.
         Meses después del triunfo de la Revolución Legalista (octubre de 1892 )  llevada  a feliz término en el Estado Bolívar por el Mocho Hernández y Domingo Sifontes, el general de división Manuel González Gil fue nombrado Jefe Civil y Militar del Estado Bolívar y en 1895 electo constitucionalmente Presidente del Estado. Gobernó hasta el 5 de febrero de 1898 que lo sustituyó el General Ernesto García. En marzo la Asamblea Legislativa presidida por Pablo Maria Echenique acordó un voto de censura contra su gestión “por el estado de banca rota en que ha dejado esta entidad federal y por la desmoralización en que quedaron, por causa, los ramos del Poder Público”.
         Los hatos de Gómez que se extendían desde las márgenes del Caura hasta las del Orinoco sobre una superficie de 114 leguas cuadradas, fueron adquiridos por la Nación en julio de 1926, por la cantidad de 17 millones de bolívares, a objeto de destinarlos al desarrollo de una vasto plan de colonización agrícola, pero no fue sino 13 años después  (julio de 1939) cuando comenzó a materializarse gracias a un proyecto presentado al Congreso por los diputados de Bolívar Antonio García Delepiani y Héctor Guillermo Villalobos. Al siguiente año llegaron a Maripa que había sido elevada a Capital del Distrito Sucre desplazando a Moitaco, 266 bultos con todo lo concerniente a una planta arrocera, incluyendo los módulos del edificio. Entonces la región del Caura no sólo era importante por la madera, la Sarrapia y la ganadería sino también por una abultada producción de arroz.
         Maripa, a la margen derecha y a 46 kilómetros de la desembocadura del Caura es hoy por hoy la capital de Sucre, antes distrito y hoy municipio autónomo que abarca las parroquias de Moitaco, Aripao, Las Majadas y Guarataro. Limita al norte con el Puerto de Cucurital; Sur, San Francisco de Aripao; este, San Pedro de Tauca y Oeste, el río Caura.
         Con un el nombre indígena que significa Murciélago, Maripa se conoce desde el siglo XVIII cuando los cronistas hispanos dieron cuenta  de una batalla sangrienta entre los Caribes y  los indios Cabres, liderados por el Cacique Tep.
         Los Caribes, azote de los Guayanos, perdieron aquella primera batalla sangrienta contra los Cabres, escenificada en la desembocadura del Caura. Los repelieron hasta hacerlos sucumbir en los raudales del Torno y el Infierno.
         Años después, cuando los Cabres habían olvidado a los Caribes, éstos se presentaron de nuevo por la revancha. Sorprendidos los Cabres, perdieron la guerra y los Caribes se adueñaron de la Región dando lugar a las ramas de los Sanema (Maquiritares) y Yekuanas, actuales pobladores de la selva y la montaña.
         Los misioneros entraron a mediados del siglo XIX y durante las últimas dos décadas de este mismo siglo comenzaron a penetrarla los criollos y extranjeros, atraídos por las riquezas naturales de la sarrapia, el caucho, el balatá y la madera de gran demanda en los mercados internacionales.
         El 10 de junio de 1800, cuando Alejandro de Humboldt y Bonpland pasaron por allí, observaron que todas las colonias cristianas estaban cerca de la desembocadura del Caura y los pueblos de San Pedro, Aripao, Urbaní y San Luis de Guaraguaraico se hallaban a sólo unos pocos kilómetros uno detrás del otro. San Pedro con 250 almas era entonces el más poblado.
         Humboldt habla de una colonia de negros  manumitidos o fugitivos del Esequibo que se hallaba, no exactamente en Aripao donde se ve hoy, sino en San Luis de Guaraguaraico. Esto hace suponer a juzgar por su patrono, que la hoy Maripa que no menciona el sabio naturalista, era Guaraguaraico. Maripa se habría quedado con el santo, pero no con la población de color absorbida por San Francisco de Aripao.
         El 30 de diciembre de 1816, en Maripa se dio una de las batallas de la Campaña Libertadora de Guayana. Tal la protagonizada por el Ejército del general Manuel Piar contra los realistas comandados por el coronel Nicolás Ceruti.
         El 9 de febrero e 1882, el presidente de la Republica, Antonio Guzmán Blanco, para mejor control y administración por parte del Estado de la explotación de los bosques y la sarrapia, creó el Territorio Federal Caura, con capital en Moitaco.
         El status de Territorio Federal quedó liquidado en 1890 y en 1895, con motivo del primer centenario del natalicio de Sucre, fue creado el Distrito Sucre que tuvo como capital Moitaco y luego Maripa. Actualmente Sucre es Municipio y parroquias los pueblos que otrora recibían la denominación de municipio capital y municipios foráneos.

San Francisco de Aripao

         Muy cerca de Maripa está San Francisco de Aripao, donde hace mucho que dejaron de sonar los tambores del amanecer. Los negros enterraron la tradición de sus antepasados. Ya no adoran al sol ni aguardan su salida todas las mañanas para hacer vibrar en tan tam de sus cilindros. Ahora adoran al único Dios de los católicos y a su patrono San Román.
         La labor catequista de la Iglesia ha sido efectiva. Hasta hace pocos años, se levantaban, caminaban por la vía de Maripa y aguardaban en sabana abierta hacia el levante el despertar del Astro Rey. Entonces un lamento hendía la mañana fría al percutir  de sus rústicos instrumentos. El ritual duraba media hora y luego regresaban. Empezaba el trabajo doméstico, la siembra o la recolección de la cosecha en una rutina de vida que todavía se mantiene.
         Aripao se pierde entre la fronda de los sarrapiales del Caura. Es, después de El Callao, el único pueblo negro del Estado Bolívar con la diferencia de que los primitivos habitantes callaoenses vinieron de las colonias inglesas en las Antillas, atraídos por el oro, y los de Aripao llegaron como fugitivos del Puerto de Angostura y los más de los antiguos asentamientos británicos de Demerara, buscando el dorado de su libertad que les negaba la esclavitud.
         Los negros esclavos que llegaban a Angostura por el Puerto de Los Molinos o de la Trinidad, nunca fueron conformistas en el sentido de quedarse esclavos toda la vida. Tavera Acosta nos historia la rebelión de los esclavos negros de Guayana en febrero de 1832 y cómo un centenar de ellos fueron a parar a las prisiones de La Guaira y Puerto Cabello. Pero no todos fueron castigados. Algunos tuvieron la suerte de escapar por la vía del Orinoco y del Caura hasta perderse en las montañas remotas de Aripao, el mismo destino seguramente que aguardó a los negros Tomás, Congo, Sam, King y Jorge, fugados de  abordo de la goleta inglesa Jackman y los cuales reclama su propietario en un aviso publicado en el Correo del Orinoco del 24 de Octubre de 1818.
         En 1854, cuando José Gregorio Monagas decretó la abolición de la esclavitud, Aripao dejó de ser escondite y recobró vida como pueblo libre integrado al distrito Sucre, primero como municipio foráneo y ahora como parroquia.

Moitaco

         De todos los pueblos del Municipio Sucre el único que data de a colonia es Moitaco que calza como fecha de fundación el 13 de mayo de 1752. Fue cuando los misioneros franciscanos Matías García, Fernando Jiménez, Pedro Cordero, Antonio Carrillo y Pedro Díaz Gallardo, bendijeron la Iglesia y oficiaron la primera misa. También construyeron una Casa-Fuerte provista de cuatro cañones pedreros dirigidos hacia el Paso del Orinoco, bajo el mando del cabo militar Cristóbal Pérez en previsión contra cualquier incursión holandesa.
         Los fundadores eran misioneros franciscanos observantes de Píritu que habían resuelto extender sus actividades misionales a la orilla meridional del Orinoco Medio, para proseguir la reducción de los indios Caribe que moraban en las cercanías del río Arni, como era entonces conocido el Aro.
         A Moitaco, o Muitaco, como los primitivos habitantes identificaban el lugar, los frailes misioneros lo fundaron con el nombre “Encarnación del Divino Verbo”. Pero poco duró esta fundación. Los misioneros se vieron en la necesidad de abandonarla porque los indios que pretendían reducir eran irreductibles como lo fueron especialmente las huestes del Cacique Taricura que mantuvieron una guerra constante contra los españoles.
         Cuando la Expedición hispana comenzó a remontar el Orinoco en 1754 para tratar infructuosamente de resolver el problema de límites con Portugal sobre Brasil, José de Iturriaga, Jefe de la escuadra, se vio obligado a quedarse en Moitaco a causa de viejas dolencias. Entonces refundó la ciudad con el nombre de “Real Corona” y designó (Marzo de 1759) a su lugarteniente Alonso de Soto, Capitán poblador. Iturriaga, sin embargo, a título muy personal solía llamar “Puerto Sano” a aquel singular sitio del Orinoco que, según el cronista de nueva Andalucía, Fray Antonio Caulin era “deleitable y saludable”.

Las Majadas

         El Municipio Las Majadas, hoy parroquia, se ubica a la orilla del Orinoco, entre los ríos Pao, Tiquire y cerro El Trueno. En sus inicios no era más que tres rancherías que tomaron cuerpo de pueblo merced al espíritu emprendedor de Luis Vicente Guzmán, propietario del Hato El Piñal y quien antes tuvo en el sitio un aserradero. Se puede decir que Las Majadas (lugar  donde nocturnamente se recoge el ganado) inició su vida de pueblo organizado a partir de la década del cincuenta cuando al calor de la productiva pesquería artesanal y de la actividad pecuaria, comenzó a crecer y a procurarse los servicios básicos elementales. La creación de Las Majadas como municipio eliminó al antiguo municipio Puruey cuyos escasos habitantes se trasladaron a Las Majadas.

Guarataro

         Guarataro es una colonia agrícola de 8 mil habitantes (más que la capital Maripa a media hora de distancia), devota de San Isidro Labrador como santo patrón y también de la Virgen del Carmen.
         Es un pueblo reciente que prosperó al rescoldo de la Reforma Agraria y ha crecido gracias a sus tierras feraces que ofrecen anualmente abundante cosecha de ñame (40 millones de kilos), maíz y sorgo. Su fundación es atribuida a Antonio Montenegro, Manuel Espinoza y José España, quienes se asentaron allí el 19 de mayo de 1957. Está entre los ríos Caura, Puruey y Tiquirito. La Asamblea Legislativa lo elevó a la categoría de municipio, hoy Parroquia, el 24 de junio de 1986.
         Existen otros pueblos, o mejor dicho, caseríos, diseminados a lo largo de las márgenes del Caura como San José, Las Trincheras, San Isidro y San Pedro. Cerca de este último se produjo en 1790 fuerte hundimiento del terreno que dio lugar a una laguna de 400 metros de diámetro.