viernes, 30 de junio de 2017

La Sapoara

          Este legendario pez del que los ictiólogos aseguran no se ha encontrado todavía otro igual en el mundo, es puramente bolivarense. Habita las aguas del Orinoco, entre Caicara y Parital, se alimenta de microorganismos, no muerde anzuelo, sólo es posible capturarlo con esparavel y, según la leyenda, es cebo de las guayanesas para atrapar forasteros.


         La gente se acoda en el antepecho del malecón bajo el ardiente sol de agosto esperando que un rayo haga platear la piel de la sapoara enmallada en la red del pescador.
         Cuando ocurre, sus ojos sintonizan el brillo ocular del atarrayador y entonces la gente se vuelve espiga y brisa en el escenario del río.
         No es fácil capturar la exquisita pieza de rebalse que tanto halaga el paladar del nativo. El ribereño endurece su músculo lanzando sin cesar la red piramidal, faralada con un rosario de plomo que reza en círculo sobre el río.
         El hombre parece no agotarse. La oración del pan hace platear la sapoara bajo el resplandor y haces de manos excitadas intentan poseerla y la poseen. Más tarde, un rito de familia esponjará su orgullo gastronómico al ritmo del condumio y el invitado quedará aprehendido por la magia del sabor y la leyenda.
         Recordará seguramente a Manuel Ladera: “Pues ya usted verá si será agradable la fiesta. Aquellos montes azules son los de Nuria y ese farallón es la famosa Piedra de Santa María, de donde brota un agua que viene a representar aquí lo que la cabeza de la sapoara representa en Ciudad Bolívar: cebo para atrapar forasteros...” o tal vez aquel merengue en Do mayor del compositor margariteño Francisco Carreño o el romance de Héctor Guillermo Villalobos atrapando con el esparavel de su canto la emoción del río convertida en sapoara.
         Los biólogos Daniel Novoa y Freddy Ramos no la cantan, no la musicalizan, no la narran como una vez lo hizo Gallegos; pero la han vivido intensamente en cada una de sus partes disecadas cuando durante un tiempo la capturaban, la marcaban con una placa metálica en el opérculo y luego la devolvían al río para obtenerla de nuevo sabe Dios cuándo y someterla al sacrificio de la ciencia.
         La sapoara es puramente bolivarense. No existe en otra parte de la geografía del planeta que se sepa. Ni siquiera en el sur de Guayana, ni más allá del Caura, ni más adentro del Caroní. El marcaje ha servido para determinar que la sapoara, una vez que sale de los rebalses cumple un periplo migratorio entre Caicara y Parital, 25 kilómetros antes de llegar a Puerto Ordaz. Pero aún cuando se pesque en Caicara, Las Majadas, Mapire, Borbón y las Bonitas, es frente a Ciudad Bolívar donde se vive y siente la pesca de este singular pez, con la viva connotación de un espectáculo popularmente emocionante y festivo.
         Mientras el río crece, no hay pesca. La sapoara aparece cuando el Orinoco tras alcanzar su máximo nivel comienza a cabecear, entonces es el jolgorio de la pesca y de los precios que suben y bajan de acuerdo con la cosecha del día.

Ciclo vital


         Se ha dicho que la sapoara nos viene de las lagunas o cuerpos de agua que el río deja mientras recoge sus aguas durante el estiaje; pero, según estos biólogos, nace en el propio río Orinoco y penetra a los rebalses o lagunas marginales durante la etapa juvenil, es decir, cuando tiene tres meses de edad, equivalente a 10 centímetros de longitud y 30 gramos de peso. Allí permanece dos o tres años en condiciones favorables de vida que difícilmente encontraría en otra parte. Al cabo de ese tiempo regresa al Orinoco aprovechando la crecida que hace conexión con las lagunas.
         Las investigaciones de marcaje hechas por Novoa y Ramos indican que el pez, una vez en el canal del río, se mueve hacia abajo en dirección de las corrientes que buscan hacia el Delta; pero luego, por factores desconocidos, regresa río arriba hasta encontrar lugares favorables para la reproducción, que han sido detectados al Oeste de Ciudad Bolívar a nivel de las poblaciones de Borbón, La Majadas, Mapire, Las Bonitas y Caicara. Aquí se prepara para el ciclo de desove que completará en el siguiente período de aguas altas. La migración masiva de la sapoara desde lagunas se inicia regularmente en la primera quincena de mayo cuando el río ya ha hecho contacto con las lagunas.
         Novoa y Ramos entrevén alguna similitud lejana de la sapoara con el ciclo del fabuloso salmón. El salmón se mueve instintivamente hacia cierto lugar del Pacífico cuando es muy joven. Permanece allí y regresa al río que es su lugar de origen, para la reproducción. En este caso se trata de una migración mixta de ecosistemas, vale decir, de río a mar y de mar a río. En el caso de la sapoara, es de río a laguna y de laguna a río.
         La sapoara que se captura de Borbón hacia Caicara suele ser  más grande y gorda; en cambio, la que se pesca de Borbón hacia abajo, rara vez es de la talla y madurez sexual de la que se atarraya en el Orinoco Medio. Se cree que en el sur comprendido de Borbón hacia Caicara la sapoara encuentra ambiente de vida muy favorable. Factores de tipo ambiental, características físico-químicas del agua, aspectos relacionados con su habitad y tipos de fauna o flora microscópica propias de su alimentación pueden encontrarse en esta zona del río a los cuales instintivamente se dirigen para permanecer y desovar.

Abundancia y escasez


         El que haya escasez o abundancia de sapoaras durante la temporada de agosto depende fundamentalmente del régimen hidrológico. Cuando el río crece intensamente, establece conexiones tempranas con las lagunas. Entonces las sapoaras pueden salir rápidamente de su confinamiento, entrar al río y ser capturadas. Cuando la conexión se hace tarde porque el verano ha sido bravo, se presenta irremediablemente la escasez. Otro punto de referencia que, por supuesto, también tiene que ver con el régimen hidrológico, es que cuando el río se aproxima o pasa de los 17 metros de altitud sobre el nivel del mar, hay buena cosecha de sapoaras y poca cuando no pasa de los 16 metros.
         Un sistema de monitoreo de control de pesca de la sapoara, durante la temporada, ha permitido a los biólogos determinar que anualmente se presenta una producción que oscila entre los 20 mil y 250 mil kilogramos. La producción máxima o menor depende, como ya se ha dicho, del régimen hidrológico del río. Alrededor de su captura se mueve un contingente humano del orden de las 500 personas que directamente se dedican a la pesca durante un período de 40 y 60 días.
         Los estudiosos de este ejemplar de la fauna orinoqueña han estimado la longevidad de la sapoara en seis o siete años. Lógicamente, la probabilidad de supervivencia después de los tres años es cada vez menor debido a que es sometida a una intensa explotación, especialmente por la demanda y el precio cada vez mayor. Si no fuese por los depredadores, la supervivencia de la sapoara estaría garantizada al máximo, pues llega a desovar hasta 500 mil huevos. La cantidad de huevos depende en todo caso de la talla. Se han capturado sapoaras con una longitud de 50 centímetros y 5 kilogramos de peso. En las lagunas del Medio y Los Francos, contra las cuales se cometió el ecosidio de su desconexión con el río, quedaron-aislados bancos  de sapoaras que lograron tallas descomunales.

Enemigos y compañeros

         Es muy baja la supervivencia de la sapoara y será más baja a medida que crezcan la demanda, los precios, y la temporada se vuelva perenne pues ya se viene viendo que quienes la explotan, no se conforman con aguardar hasta el mes de agosto, sino que van por ella hasta su propio habitat o cuerpos de agua marginales del Orinoco. También porque, además del hombre que la explota irracionalmente, tiene otros enemigos que son los peces carnívoros como la sardinata, el lau-lau, el dorado, la payara y, en general, los bagres gigantes que las devoran cuando la sapoara tiene dos o tres meses de edad.
         Se ha comprobado que el Bocachico y el Coporo, peces pequeños, pertenecen a la misma familia de la sapoara y prácticamente caen juntos en la atarraya del pescador. Sin embargo, el biólogo Daniel Novoa ha dicho que en cuanto a sus facetas hay detalles reproductivos, hay diferencias. Se ha encontrado, por ejemplo, que el coporo desova y madura durante el primer año de vida y en el curso de la migración. Al parecer, los movimientos migratorios lo estimulan para la reproducción. Es esa una diferencia importante y extraña porque son peces prácticamente iguales en los demás aspectos biológicos. El bocachico al igual que el coporo tiene una longevidad menor que la sapoara.
         La sapoara, cuya pesca constituye un espectáculo de feria frente a Ciudad Bolívar, cantada por músicos y poetas y a la cual los guayaneses atribuyen poderes milagrosos, ha sido descrita como un pez cuneiforme, de cuerpo alargado parecido a un proyectil y con formas hidrodinámicas ventajosas para sus largos recorridos migratorios.
         Posee un aparato bucal apto para ingerir alimentos del fondo del río y lagunas, como algas y organismos microscópicos. Está provista asimismo de una membrana gruesa, a manera de cejas, que le permite protegerse los ojos cuando penetra los sustratos en procura de alimentos, su carne es blanda y con propiedades nutritivas importantes de lo cual puede dar fe el popular y viejo pescador Oscar Castro Corocoro, quien atribuye su longevidad y vitalidad (90 años) a las proteicas y sustanciosas bichas de la Encaramada.
         En fin, la bendita sapoara no muerde anzuelo, pero puede morder, según la leyenda, al más desprevenido de los forasteros si la llega a degustar, especialmente la cabeza, donde se dice que está la clave o el secreto de las lindas guayanesas.


jueves, 29 de junio de 2017

Potencial Pesquero de Guri

   Dicen los expertos que el potencial pesquero del vaso de Guri ha llegado a un punto comparable al que se le calcula al Río Orinoco y se preguntan extrañados ¿Por qué no hay un plan racional para su explotación comercial?


         No sabemos si cuando comenzó a construirse la Presa Hidroeléctrica Raúl Leoni de Gurí, se pensó que la misma traería aparejado darle al Caroní una condición que nunca tuvo, la de ser fuente de riqueza pesquera como ha sido el Orinoco.
         Lo cierto es que en la actualidad los biólogos están sorprendidos del milagro que allí se ha producido y decimos milagro porque el Caroní, por carecer de nutrientes, siempre fue río de una pesquería pobre o inexistente. Pero el Vaso de Guri, debido a la vegetación sumergida por efecto del represamiento que lo hizo cubrir una extensión de 4.300 kilómetros cuadrados de superficie con una profundidad hasta de 60 metros, se ha vuelto luego de una siembra sistemática de peces juveniles, fabulosamente rico en especies de una ictiofauna propia del Orinoco y otros cuerpos de cursos de agua diferentes.
         Biólogos como Daniel Novoa consideran el caso de Guri particularmente interesante si se toma en cuenta que la construcción de represas suele tener efectos negativos sobre los peces. La experiencia africana en los ríos Nilo, Níger, Zambesi, Nope, Kainjil y Anmabra, donde las represas construidas, produjeron un impacto ecológico y social, son buenos puntos de referencia. Sin embargo, la Represa de Guri surge como caso excepcional.
         Novoa, quien fue Jefe del Proyecto Pesquero de la CVG por más de siete años, Director de Pesca del MAC y asesor de Lagoven, en esa materia, cree que el lago de Guri representa una reserva piscícola muy importante para la región, ya en fase avanzada de ser explotada. Sería una alternativa válida para suplir de pescado a los mercados de los principales pueblos de Guayana durante los meses de escasez crítica debido a los ciclos naturales que se presentan en el río Orinoco.

Proceso ecológico de Guri


         De cómo se formaron las condiciones ideales para que en las avinadas aguas del Caroní, renuentes hasta entonces, pudiera darse el divino milagro de la multiplicación de los peces, es un fenómeno que se viene investigando con sumo interés con la participación de científicos de la CVG, Fundación La Salle y de otras instituciones tanto nacionales como del exterior, a fin de lograr establecer los mecanismos que rigen los procesos ecológicos en ese embalse que, al igual que los restos de los embalses tropicales, son pocos conocidos. Daniel Novoa, lo explica:
         -Resulta que el río Caroní, pobrísimo en nutrientes y carente de llanuras inundables, posee una comunidad de peces más bien pobre, de baja diversidad y de un potencial pesquero casi nulo. Cuando se construyó la represa y se formó el inmenso lago, en etapas sucesivas, quedó bajo agua una vegetación, a veces densa de pequeños bosques y a veces de sabana, que cambió la calidad y la capacidad del medio acuático para la vida de los peces. Por otra parte, el nuevo ambiente captó los sedimentos, nutrientes del más variado tipo procedentes de la enorme cuenca de los ríos Caroní y Paragua así como también los aportes de una franja inundable de unas 100 mil hectáreas que parte del año está cubierta de agua y la otra parte expuesta, en donde crecen plantas y pastan animales, todo lo cual constituye un agregado a la fertilidad del lago.

Embalses ociosos


         Venezuela dispone de numerosos embalses (107) siendo el de Guri el descomunalmente más importante, pero no son aprovechados como en otros países de la América Latina, para la producción piscícola en gran escala. Relativamente son embalses ociosos en ese aspecto. Las razones, Novoa nos la señala:
         -A diferencia del resto de los países de América Latina, en Venezuela no se emplean los embalses para la producción piscícola en gran escala, por diversas razones, entre las cuales puede citarse la tradicional resistencia que suelen oponer los administradores del embalse para permitir otros rubros distintos al objetivo primario para el cual fue construido. No obstante, tal como ha sucedido en otros países de la región, la crisis económica obliga a la utilización de alternativas disponibles que sirvan para generar alimentos, empleos y beneficios para la sociedad.
         En 1989 se elaboró el Plan Nacional de Aprovechamiento de Embalses que creaba las bases para iniciar el uso piscícola de esos cuerpos de agua en el país y así prepararlos para satisfacer la demanda de pescado de origen fluvial  estimada en unas 40 mil toneladas. Tal plan fue irresponsablemente abandonado por la administración pesquera que se inició en 1991, hasta fecha reciente cuando nuevas autoridades  consideraron  reactivar dicho plan.

Potencial pesquero de Guri

         El potencial pesquero del Vaso de Guri se estima en 30 mil toneladas anuales; sin embargo, permanece intocable o tocado apenas por una pesca deportiva individualista que en nada beneficia al colectivo. Novoa se lamenta y dice que “lo que nos hace un país del cuarto o quinto mundo o un paraíso del absurdo, es nuestra proverbial incapacidad para proveer situaciones de crisis y gerenciar el colapso”.
         -En el caso del Lago de Guri, las investigaciones llevadas a cabo por la CVG desde 1986 y luego conjuntamente con la Fundación La Salle, han sido reconocidas internacionalmente por el aporte al conocimiento de la ecología de estos ambientes creados por el hombre, evidenciado además, un potencial pesquero superior a los 30.000 toneladas anuales casi sin utilizar. En lugar de organizar un uso racional de esta riqueza mediante planes de explotación pesquera controlada, con todos los beneficios que esto traería, se han creado las trabas y dificultades más insospechadas en donde la ignorancia y mediocridad de algunos no ha estado ajena en una sinergia digna de mejores causas.
         -Edelca, administradora del Vaso del Guri ¿qué responde a todo este planteamiento?
         -A Edelca, empresa dueña de la represa, más no de las aguas ni de los recursos vivos, no ha sido fácil hacerle entender que un lago como el de Gurí, puede tener múltiples usos compatibles con la generación de electricidad, entre ellos, el pesquero. No obstante, se percibe algún cambio de visión al más alto nivel, más no así en los niveles medios y bajos de la organización en donde no hay especialistas en ciencia pesquera que puedan servir de interlocutores válidos ante la alta gerencia de la empresa, propiciando el uso pesquero del embalse y revalorizando, aun más la importancia de la obra.

Un vacío legal que no se allana


         En los Ministerios del Ambiente y Agricultura y Cría, responsables, según la ley y decretos vigentes, de establecer las pautas que rijan el uso de los recursos pesqueros de los embalses, aun no se han definido las normas específicas para el uso piscícola integral de los embalses, existiendo, en el caso de Guri, un vacío legal que coloca a los potenciales usuarios, sean pescadores deportivos o comerciales, en una situación comprometida al igual que a los organismos oficiales la (Gobernación, CVG, Alcaldía) que quisieran promover el aprovechamiento de los recursos pesqueros o los escénicos, dentro de sus estrategias de desarrollo integral del estado o región.
         -En el Ministerio de Agricultura y Cría, a través del servicio u oficina de pesca del Estado Bolívar – señala Novoa – han manejado la permisología pesquera del Lago de Guri, sin el menor criterio, con la discrecionalidad clásica de los funcionarios públicos carentes de profesionalismo y conocimiento de lo que hacen, creando confusiones al habilitar actividades de pesca comercial para el río Paragua cuando todos saben que se opera en la llamada “cola” del embalse de Guri.
         La confusión reinante hace necesaria la concertación entre los despachos ministeriales con competencia en este asunto, a fin de establecer el plan de ordenamiento de las pesquerías en el Lago de Guri, mediante las cuales se definen las condiciones que reglamenten la pesca de subsistencia, comercial o deportiva y la acuicultura así como el sistema de permisología y colecta de información relevante que permita evaluar la respuesta del recurso pesquero a los planes de aprovechamiento aprobados. La expedición de licencias de pesca podría aportar el soporte financiero para apoyar la creación de un servicio profesional de vigilancia en el Lago así como las investigaciones biológicas pesqueras necesarias de realizar de manera contínua.

Plan para evitar el colapso


         Es de suponerse que la resistencia de Edelca hasta ahora por permitir la pesquería deportiva y comercial en gran escala en el embalse de la Presa de Guri, responde al temor de una situación de colapso y anarquía en que podría derivar el uso de los recursos pesqueros del Lago.
         Novoa nos da la razón, pero aclara que desde 1987, como consta en los archivos, la CVG ha venido proponiendo un Plan para evitar situaciones de esa naturaleza. Si ese plan se hubiese puesto en práctica, las cosas serían hoy distintas y no se darían situaciones como la vivida recientemente por un grupo de pescadores humildes que ha venido colaborando con la CVG en las investigaciones como en la pesca comercial controlada y supervisada por ese organismo, lo cual han permitido descubrir el potencial pesquero del lago.
         --Estos hombres, así como el personal técnico de la CVG, fueron víctimas de un operativo de la Guardia Nacional que decomisó sus instrumentos de trabajo bajo la justificación de no tener los permisos en regla a pesar de que habían sido tramitados ante el MAC de la misma manera como habían sido otorgados por esa dependencia en 1992 y 1993. Mientras tanto, numerosos clubes de pescadores deportivos operan libremente en el Lago y otros grupos artesanales, con permisos para pescar en el río Paragua, lo hacen en la cola “del lago. Un contrasentido que se agrava cuando son a los pescadores artesanales al servicio de las investigaciones de la CVG a quienes reprimen, nadie sabe en defensa de qué pues existe un vacío legal por donde se cuelan prejuicios y oscuros beneficios mientras hay una población que requiere de alimentos baratos y abundantes para su subsistencia.
          El 9 de marzo de 1995, meses después de haber salido publicado este reportaje en el Correo de Caroní, la CVG designó un comité del Embalse de Guri coordinado por la Vicepresidencia de Desarrollo Agrícola de esa Corporación, con la función de coordinar y evaluar el aprovechamiento piscícola y acuícola de dicho embalse, El 30 de Junio de 1995, dicho Comité tenía a la mano resultados alarmantes pues había comprobado alta contaminación mercurial en las especies payara, aimara, curvinata y pavón, cuyo consumo significa alto riesgo para la salud.



miércoles, 28 de junio de 2017

Jardín Botánico del Orinoco


Jardín Botánico del Orinoco


         El Ávila tiene su Jardín Botánico que ha crecido al rescoldo de la Universidad Mayor y el Orinoco igualmente tiene el suyo desde 1989 cuando se decidió aprovechar la desecada Laguna de la calle El Porvenir de Ciudad Bolívar.

         La idea del Jardín Botánico, sobre la razón de que en Guayana está concentrado el mayor caudal de agua y de bosques, es relativamente vieja. La propuso siendo Gobernador del Estado, el ingeniero agrónomo Diego Heredia Hernández, pero no encontró asidero político. Quien esto escribe lo apoyó decididamente desde las columnas de El Bolivarense, contrariando al amigo Antonio López Castillo, opuesto desde las filas del PCV a erogaciones públicas inoportunas y distintas a las que reclamaba para su bienestar la clase obrera.
         Sin embargo, fue Andrés Velásquez, un Gobernador de extracción obrera, quien le dio calurosa acogida a la idea recogida con antelación por la CVG a instancias de Leandro Aristeguieta, biólogo especializado en botánica, que tiene su parte en el Jardín Botánico de Caracas al igual que sus protagonistas Henry Pittier y Tobías Lasser.
         La idea dejó el vuelo y aterrizó en el sitio más privilegiado de la ciudad capital: La Laguna del antiguo Paseo o calle El Porvenir, otrora calamidad pública por sus aguas insalubres. La Laguna, al fin desecada y rescatada en la dimensión de sus sesenta hectáreas, es recipiente de lo que comenzó  a ser el Jardín Botánico del Orinoco.
         José Nancy Perfetti, pensó siempre en el área del Aeropuerto, una vez reubicado como se pedía, para que se transformara en el Pulmón Verde de Ciudad Bolívar. Tal vez veía La Laguna como imposibilidad inmediatamente práctica; sin embargo, es la que reúne las condiciones naturales ideales; no solo por estar en el mero corazón de la ciudad, recostada casi al Río Padre, sino por sus características naturales coronadas por la zona espectacular de Mango Asao, donde según el proyecto que se ha venido materializando, estaría el Crasuletum presidiendo desde su verde aridez xerófila todos los ambientes taxonómicos y ecológicos del Jardín Botánico del Orinoco.

Centro Hortícola


         En un Jardín Botánico predominan dos grandes ambientes: el taxonómico donde el denominador común son las plantas de un mismo parentesco y el ecológico donde lo es el propio ambiente, vale decir, el ambiente donde se dan especies sin que prive el parentesco. En el Jardín a unas las une el ambiente aunque no sean parientes y a otras el parentesco.
         Pero dejemos que sea el propio director del Jardín Botánico, doctor Leandro Aristeguieta, en un amplio y detallado recorrido en compañía de la arquitecto de la CVG, Urpiana Rodríguez y del agrónomo Ochoa, quien vaya explicando.
         El biólogo-botánico nos lleva y empieza su recorrido por lo que, dentro del Centro Hortícola, es en verdad un Jardín Ecológico donde hay pequeños estanques y un canal con agua de manantial, aparentemente estancada, con una colección de plantas ligadas al agua. Se trata de vegetación hidrófila, diversificada en especies de plantas completamente sumergidas unas y otras que flotan seguidas de las que tienen sus raíces en sitios de agua permanente, pero con sus hojas al aire libre, como buscando en el espacio más claridad y oxígeno del que le puede suministrar la humedad.
         El Centro Hortícola es una cercada área de trabajo, de dos hectáreas aproximadamente, y las plantas que vimos allí están en calidad de ensayo, además de las plantas madres ya probadas que serán multiplicadas para ambientes semejantes. Es una colección realmente sugestiva que tiene la importancia adicional de constituir una buena cátedra de enseñanza para el visitante.
         El Centro Hortícola es el corazón del jardín Botánico porque, además de la producción de plantas en el vivero, está la parte administrativa y de investigación, el herbario y la biblioteca.

El Crasuletum


         Salimos del ambiente dulceacuícola para la parte opuesta, vale decir, para la zona árida y xerófila donde se dan las plantas de hojas duras, rígidas, escultóricas, carnosas muchas de ellas, como la tuna y el cardón que tienen la propiedad de almacenar el agua en sus tejidos. En términos de jardinería, la colección de plantas de ambiente seco y pedregoso como Mango Asao se denomina Crasuletum.
         Precisamente al Crasuletum del Jardín Botánico del Orinoco corresponde el área de Mango Asao, donde aflora espectacular el Escudo Guayanés. Es parte dominante del parque natural La Laguna y allí se ha decidido desarrollarlo una vez que el Gobierno Regional reubique a las familias que moran en ranchos insalubres. El proyecto paisajístico para las caminerías acomodadas a la accidentada topografía del lugar lo realizó la arquitecta Urpiana Rodríguez.

El Palmetum


         Y así como existe un criterio ecológico en el caso del Crasuletum y el de las plantas hidrófilas, existe el criterio taxonómico que se refleja muy bien en otro jardín: El Palmetum.
         Este jardín en cuyo proyecto trabajó la Corporación Venezolana de Guayana, ha dado lugar a una colección de grupos de palmas de las cuales están bajo cultivo unas treinta especies que incrementarán a través de intercambios. Existe uno concertado en Carúpano con la Corporación Medina que tiene un vivero de 100 especies de palmas. En viaje del Dr. Aristeguieta a Costa Rica, visitó el Jardín Botánico Wilson dotado de 100 especies de palmas y de allí se trajo semillas de cincuenta especies que germinaron satisfactoriamente en viveros rudimentarios que luego orientados en forma ecológica y taxonómica han venido invadiendo los jardines.

Botánica Económica


         En el Jardín Botánico existe asimismo una colección de plantas de valor económico: cacao, café, maderables, ornamentales, en fin, árboles frutales y se ensaya con plantas autóctonas al igual que con plantas de otros lugares, como la Yaca, desconocida en Venezuela, pariente cercana del Castaño o Pan del año. Es de origen africano, pero popularizada en Brasil.
         Esto en lo que respecta a la organización del Jardín Botánico, pero, además de las colecciones de plantas, se trabaja en un centro de investigación para el estudio de la flora de la región y del país. En el Estado Bolívar, se justifica en un cien por ciento la existencia de este Centro de Investigación Botánica porque la flora más importante a nivel mundial es la que existe en la Amazona, tanto de tierra alta como de tierra baja, como en los Tepuyes donde hay un alto grado de endemismo de especies exclusivas que requieren ser estudiadas, experimentadas y valorizadas. Por consiguiente, el Centro Hortícola tiene en marcha el proyecto de un Laboratorio, una buena Biblioteca, un Herbario así como las excursiones o salidas de campo para descubrir nuevas especies y recolectar plantas que deban ser mejor estudiadas.

Centro Recreacional                                     


         El Jardín Botánico del Orinoco posee una serie de características que no son frecuentes en otros Jardines y una de ellas es la de estar en el propio corazón de la ciudad, lo cual conlleva a cumplir funciones que en general no son propias de los Jardines Botánicos, pero que en este caso particular se justifica. Tales funciones involucran lo recreacional. Es por lo que en el área perimetral del jardín se construyó el Paseo Raúl y Menca de Leoni, una obra muy ligada a la Avenida Bolívar, que cubre una superficie de cinco hectáreas, ejecutada por la CVG.
         Contigua al Paseo existe una estructura modular que dentro de la nomenclatura del Jardín ha pasado a llamarse Módulo de uso múltiple por cuanto han sido instalados allí una Fuente de Soda, Sala de conciertos y conferencias, quioscos para venta de periódicos, revistas y subvenirs, sanitarios y vigilancia.
         El ambiente recreacional del jardín se refuerza con un campo deportivo como continuación del Paseo Raúl y Menca de Leoni. A partir  del estacionamiento del Paseo empieza la Pista de Trote y se construyeron Canchas para básquet, bolibol y futbolito, además de un espacio abierto para juegos espontáneos, barras paralelas, argollas y otros equipos de ejercicios gimnásticos.
         El Jardín Botánico del Orinoco se lleva adelante gracias a un Convenio suscrito el 31 de mayo de 1992 entre la CVG, Gobernación y Alcaldía que aporta las 60 hectáreas de La Laguna donde se desarrolla el proyecto.
         Una Fundación tiene a su cargo toda la dinámica administrativa y productiva del Jardín, regida por un Consejo Superior formado por el Gobernador, quien lo preside, el Presidente de la CVG, el Alcalde de la Ciudad, el Rector de la UNEG y un Presidente que actúa como Secretario Ejecutivo de la Fundación.
         Además del consejo Superior, existe la Junta Directiva que se ocupa de la Gerencia y Administración de la Fundación integrada por el Presidente de la Fundación y representantes de la Alcaldía, CVG, el Director de Educación, Director de Cultura, Director de Turismo, director de MARNR, el Jefe de Imparques y representantes de cada uno de los sectores existentes del Jardín Botánico.



El Amargo de Angostura


Este preparado de abolenga raíz indígena, científicamente formulado por un médico alemán enrolado en la causa emancipadora, se fabrica en Trinidad desde fines del siglo diecinueve por causa de los gravámenes que había decidido imponer el gobierno del Presidente Antonio Guzmán Blanco.

         De manera que lo que era nuestro, ahora no lo es y en el fondo los bolivarenses no saben a quién responsabilizar, si al Gobierno guzmancista por incrementar las obligaciones  Impositivas que siempre están en la agenda del día o a los descendientes de Siegert por buscarle una salida tan enteramente crematística al problema.
         Habría que pensar que si Juan Teófilo Benjamín Siegert, inventor y fabricante del Amargo Angostura, no hubiera muerto el 13 de septiembre de 1870, habría hecho cualquier cosa, menos llevarse de Angostura el amargo que le había dado fama tanto a él como a la capital de Guayana en el mundo entero.
         La aromática como aperitiva y febrífuga bebida tenía gran demanda tanto en Venezuela como en todo el concierto de las Antillas, Estados Unidos, Inglaterra e importantes ciudades del resto de Europa.
         Mister Wiston Churchill era adicto al amargo y los turistas que visitan el “Ron Q” de Puerto Rico lo hacen atraídos por los deliciosos coktailes equilibrados con las oscuras gotas del “Angostura Bitter”.  Lo igual puede decirse de algunos sitios de Alemania donde asombrosamente existe un cuadro denominado “Monumento al Amargo Angostura” conservado en uno de los Museos de Berlín.  En Hong Kong, por ejemplo, uno de sus avisos publicitarios gigantes, está destinado a promocionar la legitimidad del amargo en consideración a que existe diversidad de imitaciones.
Aquí mismo en Ciudad Bolívar, Teodoro Minhard en 1875 y los Hermanos Mathinson, en 1885, trataron de llenar el vacío fabricando productos similares, pero éstos jamás pudieron competir.  El Amargo Angostura de Siegert, mudado a la vecina Isla de Trinidad, seguía y sigue mandando en el mundo a pesar de que ya no utiliza la corteza de una variedad de quina que se producía en las Misiones del Caroní.  De todas maneras se prepara con arreglo a la fórmula original, en Puerto España, por la Compañía Bitters (Dr. JGB Siegert & Sons) Litd Sucesores.
J. T. B.  Siegert, médico cirujano berlinés que sirvió en el ejército de su país en guerra contra Napoleón, llegó a la Angostura del Orinoco el Primero de agosto de 1820 para integrarse como médico cirujano al ejército patriota que luchaba para independizarse del colonialismo español.
Siegert tenía 24 años de edad y antes de llegar a Angostura había estado cinco mese en la Isla San Thomas, a donde arribó el 25 de febrero de 1820 después de haber embarcado en Hamburgo junto con el Barón Von Eben, amigo de Luis López Méndez, agente diplomático de los patriotas en Londres y quien recomendó a Siegert que deseaba venirse a América después de un problema con su hermano Juan Teófilo por cuestiones de dinero.
Angostura para esa fecha tenía una Guarnición de 100  hombres y 200 milicianos.  Sus zonas de mayor movimiento eran la calle El Comercio, la Plaza Angostura y el Hospital Militar que funcionaba donde está hoy la Plaza Centurión, en área del abandonado Convento Francisco.  Aquí en este Hospital comenzó a trabajar como médico traumatólogo con un sueldo de 80 pesos mensuales y bajo la dirección del doctor Burton.  Tres años después, el 4 de julio de 1823, adquirió la ciudadanía grancolombiana.  Para entonces ya Venezuela era un país totalmente libre y Angostura, menos agobiada por los asuntos de la guerra y la política, comenzaba  a fortalecerse como plaza comercial del sur y tercer puerto más importante del país.
Las transacciones comerciales se hacían prácticamente en las arenosas playas orinoquenses.  Con un peso se podía comprar 30 libras de carne de res y 3 libras de casabe por medio centavo.  Una tortuga de 120 libras costaba dos pesos y con medio centavo se podía comprar una cesta de 15 sapoaras.  Abundaba la carne de animales de caza como venado, faisanes y patos, pero también abundaban enfermedades terribles de la selva como la malaria y la fiebre amarilla que los guayaneses trataban con corteza de quina macerada con ron  y que más tarde con otros ingredientes botánicos Siegert convertiría en su famoso Amargo Angostura.
Angostura para la época de Siegert no llegaba a los cinco mil habitantes.  El distrito federal apenas si doblaba la cifra.  El Alto Orinoco acusaba un censo de 569 habitantes y 740 en todo Río Negro y Casiquiare como se llamaba entonces al hoy Territorio Federal Amazonas, pero el puerto angostureño siempre estaba animado de fragatas, goletas, falcas, piraguas y balandras.  En el Barrancón No. 8 como se llamaba la parte oriental del Paseo Orinoco se remataban esclavos negros bozales de ambos sexos traídos por barcos negreros de la costa africana.
Angostura tenía fácil comunicación con Europa y Las Antillas, dada su proximidad fluvial con el Atlántico.  Esta circunstancia estratégica la favorecía en el comercio de importación con influencia directa tanto en la propia provincia de Guayana como sobre la parte sur oriental y sur occidental de Venezuela.
Los veleros de ultramar tomaban entre 18 y 20 días en cubrir la ruta Europa – Angostura y de regreso la travesía era más penosa, tardaba hasta un mes.  El comercio interno con Barinas era bastante movido.  Con destino a la Angostura la occidental provincia despachaba ganado mular, cacao, añil, algodón, azúcar y de regreso iban los productos manufacturados que provenientes de Europa se recibían en Angostura.  El llamado eje fluvial era entonces superactivo.  Se remontaba el Orinoco hasta Cabruta.  Luego se subía el río Apure vía San Vicente y finalmente se tomaba el río Santo Domingo para llegar a Barinas.  Siegert, muchas veces, hizo esa navegación para cumplir con sus obligaciones asistenciales y explorar las posibilidades de la medicina botánica.
Los angostureños y demás habitantes del Orinoco sentían entrañable respeto por el médico alemán hasta el punto de llamarlo “Padre”.  Lo consideraban un patriarca.  El propio Siegert lo confiesa en una carta que guardan celosamente sus descendientes directos María Siegert Grus e Hilda Siegert Mariani, casi toda una vida conectada con la C. A. Electricidad de Ciudad Bolívar.
Siegert, quien además del alemán hablaba francés, castellano e inglés, se casó en Angostura, primero en 1827 con María del Pilar Araujo y luego en segundas nupcias con la diecisiete añera Bonifacia Gómez Saa, en 1830.  Este año llegó a ser Director del Hospital,  posición que ocupó durante largo tiempo.  De los dos matrimonios nacieron Carolina de Las Nieves, María Carlota, Juan Benjamín, María del Carmen, María Bonifacia, Trinidad, Carlos, Luis y Alfredo.  Los tres últimos fueron quienes decidieron reubicar la fábrica del amargo en Trinidad.
En 1833, Siegert fue admitido como miembro del Consejo de Médico Real de Halbertadt, al cual ya pertenecía su hermano Juan Teófilo, médico cirujano como él y con quien al parecer nunca pudo reconciliarse, aún después de 1932 cuando decidió reanudar las relaciones con su familia.
Como Teniente coronel que era, solía este médico alemán uniformarse haciendo resaltar su aire prusiano.  En las ocasiones especiales vestía casaca de tela azul oscura con cuello y ribetes bordados de plata, espada al cinto y sombrero; pantalones azul oscuro de cachemira blanca con galones plateados a lo largo de la pierna, guantes de cuero blanco y un bastón con empuñadura dorada.  Montaba caballo y tenía buenos ejemplares de carrera.  Le gustaba tomar cerveza importada de Inglaterra y Norteamérica.  Le atraía el baile y la música que ejecutaba en un piano forte que había hecho traer de Lubeck por 300 pesos.  Era muy amigo de Dalla Costa y George Blohm.  En 1867 presidió la Junta que promovió los fondos para erigir la estatua del Libertador en la plaza mayor de Angostura.  Mucho antes, 1848, el Gobierno de José Tadeo Monagas lo había distinguido con el titulo de “Médico Cirujano de los Ejércitos de la República” y concedido licencia indefinida con el goce de las dos terceras partes del sueldo.  Siegert ejerció la medicina hasta 1858 cuando se retiró a la vida privada para morir doce años después.
No obstante sus méritos como médico cirujano, traumatólogo, farmacéutico y hombre de importantes iniciativas cívicas, JTB Siegert es más conocido por su Amargo Angostura, producto que es difícil decir que lo inventó, pues de alguna forma ya era conocido en toda la provincia.  El lo que hizo, en todo caso, fue patentizarlo y perfeccionarlo científicamente.
Siegert había estudiado los beneficiosos efectos de la corteza del quino, prodigioso árbol de las altas regiones de los Andes americanos cuyas propiedades medicinales los aborígenes ocultaron por mucho tiempo a los españoles.
Había estudiado la corteza del quino y sabía también de muchas otras plantas medicinales observadas y relacionadas por botánicos que exploraban las selvas americanas.  Por eso, cuando se alistó como teniente coronel del ejército patriota y cirujano mayor del Hospital de Angostura, entabló relaciones con su sobrino Kunzel, gran botánico de Berlín, para proponerle un plan de recolección y estudio de plantas medicinales con fines farmacológicos.
Durante sus periódicas visitas a los pueblos del interior de Guayana  tratando enfermos y buscando plantas, Siegert verificó lo que le había comunicado su esposa, que en las Misiones del Caroní los nativos utilizaban la corteza de la cuspa contra las fiebres.
Esta corteza llamada también “Corteza de Angostura”, “Quina de las Misiones del Carona” y “Cúspira Febrífuga” la utilizaban los nativos después de cocida, por vía oral, contra la fiebre, cólicos y baños contra las úlceras y hemorroides.  Interesado por este preparado casero, estudió por un tiempo la planta y luego con otros aditamentos logró una fórmula más completa que al principio regalaba y posteriormente  vendía en sus boticas de Ciudad Bolívar y Upata, las primeras fundadas en estos lados del Orinoco.
Rápidamente el “Amargo Angostura” tomó cuerpo y fama como bebida aromática, aperitiva y febrífuga.  Su demanda no se hizo esperar en el resto de Venezuela y puertos extranjeros  con los cuales la capital de la provincia tenía fluida  comunicación.
En una noble casona, la marcada con el número 29 de la calle Igualdad, frente a la Catedral, estaban las instalaciones del Amargo Angostura, desmanteladas en tiempos de Guzmán Blanco para desde la vecina isla de los colibríes continuar agradando el paladar de los catadores del mundo.



 

lunes, 26 de junio de 2017

Boticas y Farmacias de Ciudad Bolívar

         Antes de llegar los hispanos a la tierra de los guayanos con sus físicos (médicos), boticarios y herbolarios, la salud de la población tribal era atendida por los Chamanes, conocedores de las propiedades medicinales de las plantas.
        
         Luego, que la capital de Guayana encontró asiento definitivo y comenzó un crecimiento urbano sostenido, se establecieron los médicos, farmacéuticos y cirujanos propiamente dichos.
         Los primeros, entre 1766 y 1817 que feneció la época colonial fueron los médicos Andrés Caballero, Pedro Goudet y Martín Farreras (el primero nacido en Angostura); los cirujanos José Andrés de Guerra y José Troch y el farmacéutico, también cirujano, Juan Adolfo von Rosen, quien hacía trueque de medicamentos por becerros, mulas y tabacos.
         De 1817 a 1821 que los poderes de la República tuvieron su asiento en Angostura, se conocieron como médicos y cirujanos de la plaza a David Adolfo Burtón, Pedro Nolasco Carías, Juan Montes y Juan Teófilo Benjamín Siegert. Este último ejerció en Angostura y montó una botica, activa hasta muy avanzado el siglo diecinueve. Siegert tuvo boticas (simple boticas, sin nombres) en Angostura y Upata. En ellas comenzó a preparar en formula medicinal el Amargo Angostura que luego industrializó y se hizo famoso en el mundo.
         Juan Montes Salas, hijo de Juan Montes, cirujano mayor de la Plaza de Angostura en 1821 y coordinador de las campañas de vacunación contra la viruela. Montes Salas, quien tuvo dos hijos farmacéuticos (Andrés de Jesús Montes Cornieles y Juan Montes Dávila), fundó en 1830 la “Botica Boliviana”.
         Continuaron esta labor de farmacéuticos en Angostura, sus hijos los dos doctores Andrés de Jesús Montes Cornieles, Juan Montes Dávila; Juan Bautista Vallée y José Félix Armas, este último nativo de Cumana, cuya persistencia se le debe la realidad del Teatro Bolívar.

José Félix Armas


         El doctor José Félix Armas era para el 29 de abril de 1913 cuando murió a la edad de 87 años, el decano de los farmacéuticos de Venezuela. Nació en Cumaná el 20 de noviembre de 1826 y se graduó de Farmacéutico en la Facultad de Medicina de Caracas el 19 de abril de 1855. Al año siguiente se trasladó con su familia a San Fernando de Apure donde ejerció la medicina y estableció la primera farmacia regular que existió allí. Se trasladó a Ciudad Bolívar en 1869, fijando desde entonces su residencia en la capital bolivarense.
         En Ciudad Bolívar, al igual que lo hizo en Apure, montó su propia farmacia y ejerció la terapéutica alopática y homeopática. Ejerció en tiempo de los doctores Luis Francisco Plassard, Francisco Goicochea, Wenceslao Monserratte José Ángel Ruiz, Simón Barceló, Asunción Farreras y Félix Moreno. Para combatir la malaria inventó la “Panacea apureña”, premiada en la Exposición de París, y el “Amargo de Armas”, tónico aromático muy agradable.
         Presidente del Consejo Municipal de Heres, Administrador de Aduanas, Procurador del Estado, Consejero del gobierno del general Venancio Pulgar y obtuvo el grado General de División de las milicias, expedido por Joaquín Crespo. Ayudado por varios comerciantes de la plaza, inició y terminó la construcción del famoso Teatro Bolívar, inaugurado en 1883.

Boticarios y Amargos


         Boticas como la Boliviana, la Vargas, de Ochoa Pacheco (calle Dalla Costa y Venezuela), la Alemana, de Guillermo Eugenio Monch y el Aguila, de Guillermo Lange, fundadas en el siglo diecinueve, pervivieron hasta algo avanzado el siglo veinte. Casi todos los boticarios de entonces fabricaban Amargos utilizando la llamada quina de las Misiones del Caroní o Cuspa (Cusparia febrífuga) en combinación con otros vegetales de la farmacopea indígena.
         Después que los Siegert se llevaron la fábrica del Amargo Angostura para Trinidad, cada boticario ideó su propia fórmula. Así el doctor José Félix Armas preparaba el “Amargo de Armas”; los Hermanos Mathison, el “Amargo Aromático de Guayana”; el farmacéutico Carlos F Schneider, dueño de la farmacia El Aguila, el “Amargo Venezolano de Angostura” cuya botella expendía a dos bolívares; Guillermo Eugenio Monch, ofrecía el “Amargo de Ciudad Bolívar”, como “gran específico para fortalecer los órganos de la digestión”, premiado con Medalla de Oro en la Exposición industrial de Valencia y con Medalla de Oro igualmente en Roma (1901); Froilán Montes el “Amargo de Caroní); la firma caballero & Denjoy, el “Amargo Imperial de Guayana” (1914) distribuido en la Plaza del Mercado por Antonio Abad. Uno de los últimos que se fabricó en la ciudad fue el “Amargo Aromático de Ciudad Bolívar” conforme a una fórmula del extinto José Gaspar Machado Siegert. Este producto fue premiado en la Exposición de Sevilla en 1929 y en la de Lieja en 1930. Lo fabricaba en 1941 Julio César Tovar, tónico que nada tenía que envidiarle al Amargo Angostura cuya fama aun permanece sin destronar.

La Botica Boliviana


         La Botica Boliviana fundada por Juan Montes Salas en 1830, aun se hallaba activa en 1904 y figuraban como dueños en sociedad del alemán Carlos F Schneider y Urbano Taylor.
         Schneider, cuyas propiedades quedaron seriamente afectadas durante la batalla de Ciudad Bolívar (1902-1903), tan pronto pasó la tempestad de la guerra, vendió cuanto tenía, tomó sus bártulos y se embarcó en el vapor Whitney para fijar su residencia en Hamburgo, después de 25 años de farmacéutico en la capital bolivarense.
         Se ausentó el 8 de enero y 11 días después estalló en llamas la Botica Boliviana. No había Cuerpo de Bomberos, pero como si hubiera porque siempre en esos casos sobraban voluntarios aparte de los soldados de las Fuerzas Nacionales, que tenían la obligación de movilizarse en casos de siniestros.
         200 soldados fueron dotados de picos, hachas, baldes y cuanto fue necesario para extinguir aquel fuego que amenazaba la manzana donde se hallaban las casas mercantiles de Blom & Cia; B. Tomassi & Cia; Montes & Monch, Miguel A. Rodríguez y Boccardo y Cía., salvados por derrumbes de algunos techos y paredes que sirvieron de contrafuego.
         El incendio se desató a las cuatro de la tarde y terminó extinguiéndose a las diez de la noche. Desde 1877, año en que ocurrió el incendio de la Casa Blohm, la ciudad no había registrado un incendio de esa magnitud.
         No obstante el serío percance, la Botica Boliviana volvió abrir sus puertas el 4 de abril. Se reinstaló provisionalmente en “Las Cuatro Esquinas”, frente al edificio destruido por el incendio.

Productos farmacéuticos en boga


         La Botica Boliviana tan pronto reabrió sus puertas comenzó a publicar en la prensa local una lista de los productos de mayor demanda entonces, que, por lo general, eran también los de las otras boticas o farmacias de la plaza. Productos nacionales y de renombradas casas francesas e inglesas.
         La Emulsión de Scott con grabado figuraba diariamente en la primera plana de la prensa y a la cual en esos días le salió un competidor: la “Emulsión Rincón”, fabricada en Caracas y certificada como buena por Rafael Rangel, jefe del laboratorio del Hospital Vargas y fundador de los estudios de parasitología en el país. Con esa publicidad casi todo el mundo se sintió atraído por la novedad del nuevo aceite de hígado de bacalao, tan rico en vitamina A.
         Zarzaparrilla y píldoras de Bristol, Chalagogue indio, Pectoral de Anacahuita, Tónico oriental y la “inimitable” Agua de Florida Murray; Jarabe de vida, de los señores Barclay y Cia; Píldoras para el hígado y jabón curativo de reuter; el Tricófero de Barry, Alivia Dolor, Jarabe de rábano iodado, Hisposfofito de cal, Glicerofosfato de cal de Chapoteaut, Pasta y jarabe de sabia de pino marítimo de Lagasse, Pastillas de jugo de lechuga y laurel, Cápsulas de quinina, Sándalo Midy, Vinos de pepsina y peptona de Chapoteaut, Perlas de quinina de Clerton, Quinina Labarraque, Píldoras y jarabes de Blancard, Kola Astier, Glicerosfosfato de cal y Trigestina granulada.
         Píldoras muy solicitadas eran las del Dr. Hammart, recetadas contra la blenorragia y a base de Kavakavav y azul de metileno, sustancias cuyas acción terapéutica en el tratamiento de la enfermedad constituían para 1904 la última palabra de la medicina moderna, mientras la Botica El Aguila vendía por mayor y al detal productos de la Botica Inglesa de A. Cook Hnos. de Maracaibo, entre ellos, La Píldora Olarte, puramente de vegetales; el Depurativo Olarte y el Vermífugo clínico.

El Gremio Farmacéutico


         Los farmacéuticos comenzaron a agremiarse en 1882 bajo la Sociedad Farmacéutica de Venezuela, presidida por Teodoro Sturup. Entonces los títulos farmacéuticos se otorgaban a los médicos que cubrieran ciertos requisitos. Pero esa Sociedad tuvo un largo receso hasta que se extinguió y se fundó en 1894 la Sociedad Farmacéutica de Caracas y Venezuela, presidida por Enrique García, año en que comenzaron en forma los estudios universitarios de farmacia. Esta sociedad corrió la misma suerte de la anterior tal que en 1909 se creó el Centro Farmacéutico Venezolano que más tarde tuvo su Seccional en Ciudad Bolívar bajo la presidencia del doctor Antonio Lecuna Bejarano, farmacéutico valenciano que ejerció en Ciudad Bolívar por espacio de veinte años y el cual se hizo famosos por lograr sintetizar el Babandi en gotas para curar la impotencia sexual.
         El gremio de farmacéuticos se convierte en Colegio a partir de 1978 que es decretada la Ley de Colegiación Obligatoria. Entonces se legaliza la Federación Farmacéutica Venezolana y es aprobado el Código de Etica y Moral Farmacéutica. Ya existía el servicio nocturno de farmacia por turno en Ciudad Bolívar, desde 1927 que lo solicitaron formalmente Behrens y Cia, Ochoa Pacheco y Cia. Luis Vicentini y Carranzas y Cia, quienes entonces controlaban las farmacias de la ciudad.

Las sobrevivientes


         A las Boticas y Farmacias anteriormente señaladas se sumaron hasta la mitad del presente siglo, la Botica Nacional, Santa Ana, Del Valle, Orinoco, Bolívar, Continental, la Bello y El Porvenir. Esta última propiedad de Antonio Rodríguez, que vendía de todo, hasta casabe y queso, agua del carmen, sulfas píldoras del doctor Ross, Neolsarvarzan, goma arábiga, purgante de higuera, soluciones de yodo, emolientes y ciertos placebos que más que valor terapéutico tenían un efecto psicológico.
         De todos estos establecimientos, sobreviven la Farmacia Santa Ana, establecida bajo la gerencia de Luis Ascanio (primero de octubre de 1907), sobre los restos de la que fue “Botica Nacional”, actualmente en calle El Porvenir en manos de Felipe Herrera; la Farmacia Bolívar; Farmacia Del Valle, de Jesús Salazar y la Orinoco, primero botica y luego droguería que vendía al por mayor productos para preparados medicinales, así como específicos importados.
         La Farmacia Orinoco, fundada por Tadeo Schoen, fue vendida a Laureano León, quien la puso en manos de su hijo Laureanito, propietario que debió abandonar en 1940 los estudios de medicina, de la medicina preantibiótica, en la que el mortero donde se trituraban las esencias era la pieza más importante de la botica.
         Tadeo Schoen, fundador de la Farmacia Orinoco,  era un europeo de voz aguda que vendía de todo y quien tenía estratégicamente ubicado en su establecimiento un “Ojo de Boticario”, vale decir, un espejo redondo por donde chequeaba a los clientes.


 

domingo, 25 de junio de 2017

La Sarrapia

La Sarrapia

         Este árbol autóctono de la región del Bajo Caura, fue declarado en 1952 “Arbol Emblemático del Estado Bolívar”, no sólo por su porte señorial de fronda y flora sino por el valor económico de su fruto, fuente de la Cumarina, utilizada en la industria de la Perfumería y para aromatizar ciertos tipos de tabaco.

         Centenares de miles de árboles de impresionante corpulencia cubren las tierras húmedas de Guayapo, Suapure, Hilaria, Monte Oscuro, Pastora, Chiveta, El Caballo y El Manteco en el Bajo Caura, sin dejar de mencionar las selvas ribereñas de la zona media, desde el raudal La Mura hasta la desembocadura del Nichare y las grandes montañas orinoqueñas.
         Lo espléndido y generoso de esa flora sarrapiera es su fruto (coumarouna punctata), drupa de forma alargada y pulposa de cuya almendra se obtiene la cumarina. Los frutos caen espontáneamente, sin que el árbol lo toque para nada la mano del hombre, suerte que jamás tuvo el Caucho al que había que exprimirle la savia a fuerza de mortales incisiones.
         Al madurar el fruto, entre febrero y abril, cae de árbol y ya en marzo está lista y servida la mesa del sarrapiero recolector.
         Los campesinos del Caura dicen que el Sarrapio llega a crecer hasta 30 metros de altura y que cuando florece, todo su habitad es de color lila y penetrantemente aromático. La producción de una mata oscila entre 10 y 20 kilogramos de frutas, depende de su edad y tamaño. Hay unas que dan excepcionalmente hasta un quintal (45 kilogramos), pero para obtener un kilogramo de almendras que es lo que en definitiva tiene valor comercial, se requiere recoger de 350 a 400 frutos.
         Los indios Maquiritare y también los Panare obtienen la almendra utilizando hábilmente una puntilla fabricada por ellos. En cambio, los campesinos del Caura y del Orinoco, luego de eliminar la pulpa fibrosa, obtienen la almendra, eliminando su dura cobertura a golpe de piedra. Se trata de un trabajo en cierto modo cuidadoso, pues subsiguientemente existe una cutícula que si se malogra puede depreciar la calidad de la almendra. Por ello en el argot de los sarrapieros se habla de almendra de primera y de segunda. Esta labor suele hacerlo el campesino cuando declina el Sol y luego que ha estado durante el día recolectando el fruto diseminado bajo la anchurosa fronda o follaje de los sarrapios.

Los aliados del sarrapiero


         Dos aliados importantes se anotan a favor del sarrapiero durante la temporada de recolección. Tales son los monos y pájaros que sacuden y desprenden los frutos de los apretados racimos que cuelgan de los árboles. Pero cuando empiezan las lluvias, el sarrapiero se atemoriza y huye aún cuando no haya podido terminar su faena. Es el temor a las niguas, insectos parecidos a las pulgas, cuya hembra penetra la piel de los animales y seres humanos para poner sus huevos que al anidarlos producen escozor y úlceras graves. Este enemigo del sarrapiero eclosiona por millares cuando la lluvia hace contacto y precipita la descomposición de los frutos del sarrapio.
         Los sarrapieros que generalmente trabajan asociados en grupos o por familias, sacan la almendra del endocarpio, una a una mediante el golpe de piedra y luego de hecho esto la acarrean en sacos hasta estaciones ubicadas en la orilla de caños y ríos. Los centros de acopio solían o suelen ser Maripa, La Urbana y Caicara. Después, para evitar la corrupción o contaminación de la almendra, se somete a un proceso de cristalización sumergiéndola en alcohol de baja gradación y exponiéndola seguidamente durante varias horas al sol hasta que se formen cristales en la superficie. Es entonces cuando queda lista para la exportación.

El olor y valor de la sarrapia


         Aquel suelo tapizado de flores de color lila y olor penetrante que prácticamente se absorbía con el humo del tabaco del explorador europeo, dio la pista. Una muestra enviada a laboratorios de Inglaterra, permitió en 1846 la primera exportación estadística que se conoce. De la almendra de la sarrapia se había logrado aislar una sustancia llamada Cumarina, por la cual se interesó no sólo la industria tabacalera que buscaba un elemento natural para aromatizar el cigarro, el cigarrillo y el rapé, sino también la industria química que vio en la Cumarina un excelente fijador de perfumes y la farmacéutica que podía utilizarla como componente de algunos productos medicinales reforzando la tradición criolla de los curanderos que preparan con la sarrapia un trabajo indicado contra las gastralgias. El conocimiento de la corteza suele usarse asimismo como sudorífero.
         Aún cuando la exportación de la sarrapia aparece registrada estadísticamente por primera vez en el año económico 1845-1846 con la cantidad de 10.370 libras por valor de 1.354, 72 pesos, su importancia comercial se extiende desde la década de 1890 hasta 1965 cuando comienza a decaer. Su mayor auge lo alcanza en 1942 con una producción de 784 toneladas métricas, por un valor de 4 millones 648 mil 962 bolívares. El decaimiento del comercio de exportación de la sarrapia desde 1965 venía precedido de una producción irregular a causa de bajas y alzas interanuales que determinaban una variación en los niveles de exportación del producto hacia países compradores como Estados Unidos, Alemania, Gran Bretaña, Italia, Japón y Francia.
         Ciudad Bolívar fue desde el siglo diecinueve, el centro de mayor comercio del producto a través de importantes casas mercantiles, siendo las más destacadas hasta poco después de la Segunda Guerra Mundial, Dalton & Cía y Blohm y Cía. que financiaban las cosechas a través de intermediarios. En 1955 entra en escena el extinto comerciante Floduardo Inocente Díaz (Quírico Díaz), quien también comerciaba con el balatá y la quina alternando este comercio de exportación con la industria de cerámica para la construcción.
         Además de la firma Quírico Díaz a través de su hijo el abogado José Díaz (compañero de estudio), hay otros grupos en Maracay y Valencia que van directamente a Maripa por una cosecha que debido a la inflación carece de atractivo para los campesinos del Caura.
         En Febrero de 1995 estuvimos en Maripa y apreciamos que había intermediarios que pagaban la sarrapia de primera a Bs. 230 el kilogramo y Bs. 100 la de segunda, un poco más que el año anterior, pero aún así los sarrapieros encontraban que era muy barata en comparación con el alza del combustible, de los alimentos y el riesgo y esfuerzo físico que entraña su internación en la selva inhóspita para recoger y procesar la cosecha.
         Los intermediarios de Ciudad Bolívar y Aragua suelen llegar hasta el centro de recolección de la sarrapia que es una Estación ubicada en una zona estratégica del Suapure a la cual se llega desde los puertos del Caura en Maripa y Aripao.

La Sarrapia bajo control del Estado


         El Estado venezolano siempre ha tenido control sobre ese producto forestal de la selva caureña a través de las concesiones y finalmente en 1958 a través del Instituto Agrario Nacional, comisionado según Decreto 742 para administrar la cosecha de sarrapia baldía y comprar y vender la denominada doméstica cultivada.
         Entonces el IAN perseguía el propósito de realizar un plan de colonización agrícola en zonas del Caura y Orinoco que comportaría la reubicación y organización de los núcleos campesinos recolectores y pobladores indígenas dispersos, en lugares de fácil acceso a los sarrapiales. Pero nada del plan llegó a cristalizar debido a que de manera repentina se cerraron los principales mercados foráneos del producto, entre ellos el mercado norteamericano, por la aparición de la cumarina sintética. La American Tobacco Company, fabricante del cigarrillo Lucky Strike, fue por muchos años uno de los más fuertes compradores.
         Otro factor que contribuyó a que bajara ostensiblemente la curva de producción y exportación se localiza en la gestión de la Comisión de la Sarrapia y el IAN, entes que según las firmas exportadoras del producto, desconocían por completo los complejos mecanismos de la explotación así como el comercio de los mercados de fuera. De manera que los costos de explotación, en razón de la frondosa burocracia y el deseo de pagarle mejor al campesino, elevó el precio de la sarrapia a un punto difícil de competir en el mercado internacional con otros proveedores como Guyana, Trinidad y Brasil que también exportan la almendra a costos bajos debido a que la mano de obra en esos países es mucho más barata.
         La sarrapia venezolana cristalizada estuvo años almacenada en los Puertos de Nueva York y Puerto Cabello sin encontrar compradores, lo que obligó al gobierno a paralizar la recolección y suspender los planes de colonización.
         La paralización de la actividad recolectora duró dieciocho años, al cabo de los cuales se reanudó gracias a una sorpresiva demanda de los mercados europeos y norteamericanos que, aunque en poca cantidad, todavía continúa, sólo que son escasos los recolectores que ahora se arriesgan con la actual oferta de unos precios que escasamente compensan el riesgo, el esfuerzo físico y los altos precios del combustible y los alimentos.
         No obstante estos inconvenientes, la Asociación Educativa para la conservación de la Naturaleza (Econatura) ha propuesto conjuntamente con SEFORVEN, un Proyecto para rescatar el aprovechamiento comercial de la sarrapia en la Reserva Forestal del Caura, la cual según expertos en la materia, es la mejor del mundo, Las especies venezolanas son la Coumarouna Punctata, llamada Sarrapia Real o Yape, Coumarouna Rosea, denominada  Sarrapia Mona y la Coumarouna adorata de rara incidencia en el país.
         Pocos venezolanos conocen la Sarrapia como árbol emblemático del Estado Bolívar. Así fue declarado por Decreto del Gobierno Regional luego de decidirlo un Jurado designado en mayo de 1952, integrado por Tirso Tosta, Ernesto Sifontes, A. J. Cordoliani, J. N. Perfetti y J. A. Montes Avila.

Caucho, Balatá y pendare


         Además de la Sarrapia, entre los productos forestales que gravitaban en las exportaciones antes del petróleo, estaban el Caucho, el Balatá y el Pendare, todos extraídos de la prodigiosa selva guayanesa.
         El Caucho (Hevea spp.), árbol que crece en los suelos pantanosos de arcilla y humedad alta, se localiza en la Cuenca del Caura y en el Alto Orinoco. Aquí en el Alto Orinoco, la CVG lleva adelante una siembra sistemática para recuperar este recurso explotado irracionalmente hasta los años de 1920 cuando comenzó a disminuir su demanda en el mercado internacional a causa de la competencia que le hacían los cultivos de plantaciones asiáticas y la industrialización del caucho sintético.
         El Pendare, especie arbórea de la Sapotáceas, produce una resina gomosa denominada chicle, importada totalmente por los Estados Unidos para la confección del famoso Chiclets, especie de golosina o goma endulzada para satisfacer el hábito de mascar que en los Estados Unidos es antiquísimo y ha sido difundido a otras partes del mundo. El chiclets tiene gran demanda entre jóvenes y peloteros. El Pendare, una de las especies sapotáceas de donde se extrae, suele localizarse en las tierras del Yuruary. Pertenece al género Mimusops, igual que el Pendare, de donde se obtiene el latex del Balatá, considerado el más valioso.
         El Balatá, producto semejante a la gutapercha, se obtiene del árbol del Purguo llamado también Purguey y Purvio. La industria de los materiales plásticos aislantes y de otros productos semejantes que utilizan al petróleo como materia prima, determinó su decadencia después de haber cubierto un período de explotación inmensa de cuatro decenios (1890-1930).
         Al igual que se hace con el Caucho y el Pendare, al Purguo se le practican incisiones a lo largo de su corteza para obtener el latex o savia que luego es transformado en Balatá. Para ello el latex debe cuajarse al fuego y seguidamente moldearse en planchas de 50 libras de peso, exigidas así por el comercio de exportación.
         En Tumeremo, donde se recogía el latex proveniente del Cuyuní, Botanamo e Imataca, operó la empresa inglesa “Dick Balatá Ltd” que estableció un virtual monopolio en la región. A partir de 1930 la “fiebre del balatá” fue cediendo hasta extinguirse, debido a varios factores, entre ellos los estragos de la deforestación, la competencia de otros países productores como Malasia, Indonesia, Brasil, y la caída de los precios a consecuencia de la crisis económica de los años de 1930.      
        


viernes, 23 de junio de 2017

Los Petroglifos de Guayana

         Guayana es la región de Venezuela más rica en petroglifos y cada vez son posibles nuevos hallazgos como los que se hicieron en una zona del Caroní, a 25 minutos por lancha desde San Pedro de Las Bocas y luego de trasponer varios y peligrosos raudales.


         Orientados por el experto minero Carlos Amaya y el brasilero Eugenio Tomas, el doctor Eduardo Jhan y este periodista, llegamos hasta lugares distantes uno de otro para reseñar dos petroglifos que días después desaparecieron a causa del represamiento de las aguas del Caroní por la Presa de Guri.
         Se trata de un rostro con radiales y de las figuras del Danto, interesantes desde el punto de vista arqueológico y por el hecho de haber sido hechos por personas muy antiguas en regiones despobladas y de muy difícil acceso.
         Naturalmente que no son petroglifos de la misma importancia técnica y estilística del petroglifo denominado “Los  Tres Indios”, hallado hace tiempo a una hora de camino de Caicara hacia La Urbana, pero que, como ya se ha señalado, tiene valor arqueológico.
         El doctor Jahn Montauban, quien es médico internista titular de la Escuela de Medicina y miembro de la Academia de Medicina, lleva muchos años dedicados a la arqueología y tiene listo para ser editado un libro sobre la historia del hombre en Guayana, buena parte apoyado en las investigaciones arqueológicas  hechas por  él en numerosos puntos de la región.
         En su mayoría los petroglifos venezolanos datan de la época precolombina, pero es difícil determinar su edad toda vez que hasta ahora no se conocen medios para ello. Tampoco definen una cultura como la Maya, por ejemplo,  pues generalmente los petroglifos venezolanos son muy individuales y difícilmente se parezca uno a otro.
         Simplemente se trata de dibujos o diseños sobre piedras hechos por los aborígenes, utilizando otra piedra más dura como el jaspe. ¿Hechos con cuál  fin?   ¿Por qué y para qué? ¿Acaso como manifestación artística o respondiendo a la necesidad de ciertos ritos para la adoración o veneración de sus deidades? ¿Para orientarse y señalar caminos hacia otros lugares o parajes de la selva? ¿Indicaciones de lugares hechizados?. Nadie hasta ahora ha podido resolver el enigma de los petroglifos o pictografías rupestres llamadas también “Piedras Pintadas” con variantes en el oriente del país donde los llaman “Muñecos”; “Monifatos” en el Bajo Orinoco; y “Letreros” en la región centro-norte. Los indios Baniva del alto Orinoco los llaman “Ippaianata”; “Timehri” los de la rama Caribe y “Tepu Mereme” otras comunidades del Orinoco.

Petroglifos de Guri


         Aunque la Región Guayana está minada de figuras rupestres, quizás las más conocidas hasta ahora sean los Petroglifos de Guri, dada la destacada divulgación que tuvieron por efecto de la Operación Rescate de 1968 llevada a cabo por CVG-Edelca ante la proximidad del represamiento de las aguas del Caroní en función de la Presa hidroeléctrica.
         Guri, nombre toponímico, identificaba a un pueblo indígena que los colonizadores transformaron en misión. Tal era la de San Buenaventura de Guri que  se empezó a fundar en 1761 y cuyos restos quedaron sumergidos bajo el embalse de la represa al igual que hatos ganaderos y numerosos petroglifos imposible de rescatar en el Caño de Necuima, lugar de la operación.
         De ese Caño sólo fue posible sustraer, gracias a la campaña realizada por el Colegio de Sociólogos y Antropólogos de Venezuela, 29 piedras o rocas, con dibujos curvilíneos y rectilíneos unos, otros triangulares y circulares y los demás figuras de aves, mamíferos y dibujos antropomorfos. De todos, llamó poderosamente la atención de los entendidos y arqueólogos de la Universidad Central de Venezuela que participaron como asesores, la figura de unos siameses o gemelos unidos y repetidos, aparentemente simbolizando el mito de la creación. En suma, las 29 rocas con peso oscilante entre 500 y 4.000 kilogramos, tenían grabadas 75 figuras y para arrancarlas de su sitio fue necesario el empleo de una gabarra provista de grúa con un recio equipo de seis hombres y otros expertos. Al final de la operación los petroglifos fueron colocados en un patio de las instalaciones de la CVG en Guri a disposición de los estudiosos e instituciones interesadas en tenerlos como fue el caso del Museo de las Bellas Artes de Caracas y la Casa del Correo del Orinoco, donde se halla a la entrada una de esas invalorables piezas.
         En la ocasión, estudiosos de distintas ramas de la antropología hicieron una valoración de los Petroglifos de Guri que tuvo repercusión no  sólo en   los medios científicos sino artísticos, pues una interpretación fotográfica de ellos se hizo manifiesta en una exposición del Centro Venezolano Americano de Las Mercedes. La exposición, realizada el 2 de julio de 1968, destacaba el estilo naturalista, realista y figurativo de esos dibujos primitivos frente al inmenso número de petroglifos geométricos hallados en otras partes de Venezuela.
         Hablando sobre ellos, Walter  Dupuy los atribuía  a motivos religiosos propios de los antiguos pueblos animistas y pensaba que algunas de  las figuras, posiblemente, representaban las deidades que habitarían el paisaje circundante, según la creencia de los pueblos remotísimos en el tiempo, cuyos artífices la expresaron así, en dura roca.

La cueva del elefante


         El  doctor Mario Sanoja y la licenciada Iraida Vargas, del Instituto de Investigaciones de la UCV, dentro del llamado “Proyecto Orinoco” patrocinado por la CVG, dieron a conocer importantes hallazgos de pinturas rupestres asociadas con cerámica barrancoide en la Cueva del Elefante de la hacienda Cantarrana, vía Ciudad Guayana-Guri. En esa oportunidad las calificó posiblemente como las más viejas manifestaciones artísticas de Venezuela, conjuntamente con los petroglifos de Guri, también asociados con cerámica barrancoide.
         En Venezuela, según Sanoja, se han hallado diversas cuevas y abrigos rocosos con pintura rupestre, particularmente en el Estado Bolívar (La Cueva Pintada y El Carmen); sin embargo, la del Elefante es la única que presenta la asociación de dichas pinturas con material cerámico y artefactos líticos.
         La mayoría de las pinturas, ejecutadas posiblemente con pigmentos minerales, se halla en el fondo de la cueva y representan figuras humanas y formas de animales como lagartos, pájaros y venados. También se encuentran círculos, combinaciones de líneas y otras figuras impresas o dibujadas. ¿Finalidad? Seguramente mágico-religiosa a juzgar por la forma como los rayos del Sol inciden en horas de la tarde en el fondo de la cueva donde están las figuras. La edad de estas piezas fue calculada entre 1.500 y 5 mil años y fueron exhibidas a mediados de junio de 1970 en el Museo de Bellas Artes.

Petroglifos del Cuchivero


         La  antropóloga Maria Eugenia Villalón y el artista Henry Corradini, quienes estuvieron varios años internados en la zona del río Cuchivero, hicieron importantes hallazgos de petroglifos que llevaron al segundo a un ensayo para llamar la atención sobre la posible presencia de los fenicios en América, tres mil años antes de Cristóbal Colón.
         Tales petroglifos, inéditos para la década del sesenta cuando tuvimos la oportunidad de reportarlo para El Nacional pues no figuraban en ninguna de las reproducciones del extenso material consultado, guardan notable semejanza con símbolos antiquísimos encontrados en Creta, isla del Mediterráneo oriental.
         El investigador elaboró un cuadro comparativo de los caracteres grabados en rocas hallados por él en la zona del Cuchivero y los signos de la escritura de la civilización Minoana, 1600 años antes de Cristo. La semejanza es indiscutible.
         En el curso de sus viajes y exploraciones, Corradine dice haber buscado y fotografiado todos los petroglifos que le fue posible encontrar, con el fin de inventariar y preservar, por lo menos, gráficamente este patrimonio arqueológico, pues son ya numerosos los que han sido malogrados como los del Salto de Candelaria, por ejemplo. En este Salto, a escasos kilómetros de Ciudad Bolívar, existen numerosos petroglifos de comprobado valor etnográfico, expuestos ordinariamente a la destrucción toda vez que es un lugar de baño y recreo muy concurrido y entre los juegos de los bañistas ha surgido el del tiro al blanco para lo cual les ha venido muy bien los dibujos de círculos.

Leyendas, cuentos y creencias.

         Otra manera de dañarlos son las excavaciones en busca de tesoros. En las rocas grabadas de Las Lajitas en la misma zona del Cuchivero y en la Piedra del Sol y la Luna de Santa Rosalía se ven socavones hechos por personas convencidas de que tales dibujos corresponden a cifrados sobre tesoros ocultos. El carupanero Bartolomé Tavera Acosta, cronista de Guayana, cuenta que a finales del siglo pasado el cura párroco de Soledad hizo destruir un petroglifo que tenía la forma de un falo por considerar, entre prejuicios y perjuicios, que la tal piedra era más visitada que la misma Iglesia.
         Gallegos cuando estuvo por Guayana acopiando material literario para su novela, le contaron la creencia de algunas tribus, según la cual los petroglifos eran piedras hechizadas cuyos signos les infundía temores y para sustraerse de sus encantos cuando algunos de sus miembros navegaban junto a ellos se echaba ají en los ojos.

         Según una leyenda indígena, los Petroglifos constituyen el testimonio o constancia del paso de Amalivaca, dios de los Tamanacos, por estas tierras después del diluvio.