sábado, 10 de junio de 2017

Angostureños en el Panteón Nacional


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         Hasta ahora sólo dos: el General de División Tomás de Heres y el Capitán de Navío José Tomás Machado. Los restos del Dr. Manuel Palacio Fajardo no aparecen y tampoco los del Dr. Juan Germán Roscio.

         Los restos de los próceres angostureños Tomás de Heres y José Tomás Machado, fueron trasladados al Panteón Nacional en noviembre de 1942, siendo Presidente del Estado Bolívar el coronel Carlos Meyer.
         Los restos del capitán de Navíos, José Tomás Machado, habían sido inhumados en el Cementerio Municipal, el 30 de enero de 1862 al igual que los del General Tomás de Heres, asesinado a traición el 8 de abril de 1842, y trasladados en 1895 a la Catedral.
         Por disposición del Congreso Nacional y del Ejecutivo Federal se procedió el 18 de noviembre de 1942 a la exhumación de los restos de ambos próceres.
         El testimonio del lugar donde se encontraban los restos del prócer Tomás de Heres, fue dado por el albañil Pedro Calderón cuando en 1895 se le puso a la Catedral el piso de  mosaico. Estaban depositados en una fosa hecha de adobes y mezcla mulata de cemento, arena y tierra, con piso de ladrillo.
         En el acto de exhumación actuó el Juez Francisco D `Enjoy Rávago y lo presenciaron en calidad de testigos, el Presidente del Estado, coronel Carlos Meyer; el Dean de la Catedral, Dámaso Cardozo y los familiares del prócer, Clara Bermúdez Rodil de Machado, Gabriela Rodil de Ortiz, Rosalía Rodil de Jara y Mercedes Rodil de Astor.
         Los restos de ambos próceres fueron llevados al Palacio Episcopal hasta el momento de su traslado al Panteón Nacional, misión encomendada por el Ejecutivo del Estado al doctor José Gabriel Machado y al Pbro. J. M. Guevara Carrera.
         Mucho antes, en mayo de 1909 y ante la proximidad del centenario de la Independencia, se planteó llevar al Panteón los restos del prócer Juan Germán Roscio, abogado y político y uno de los principales ideólogos de la Independencia. De San José de tiznados (Guárico), se radicó en Angostura en 1818. Aquí contrajo matrimonio con doña Dolores Cueva Afanador, fue redactor del Correo del Orinoco y desempeñó sucesivamente las funciones de director General de Rentas, Presidente del Congreso de Angostura, Vicepresidente del Departamento Venezuela y Vicepresidente de Colombia. Ocupaba este último cargo cuando murió en Cúcuta el 10 de marzo de 1821, a donde había viajado, dado que esta ciudad había sido fijada para asiento provisional de los Poderes de la República.
         Se llegó a creer que los restos de Roscio, no obstante haber fallecido en Cúcuta, se hallaban en el Cementerio de Ciudad Bolívar, pues así lo dejaba ver una información aparecida en mayo de 1909 en el diario El Universal de Caracas. Decía la nota: “Reposan sus venerados restos en el Cementerio de Ciudad Bolívar en una modesta bóveda de ladrillos con una cruz y breves inscripciones. Sus descendientes los Afanador Roscio, actualmente en ciudad Bolívar, pueden indicar donde está situada la tumba”. Luego de otros datos, el autor de la nota pedía su traslado al Panteón Nacional. Más tarde el mismo diario aclaró que nunca los restos de Roscio pudieron ser trasladados a Ciudad Bolívar, como era el interés y deseo de su esposa.
         Veintidós meses antes (8 de mayo de 1819) había muerto en Ciudad Bolívar el prócer barinés Manuel Palacio Fajardo, víctima de fiebres, se ignora si malárica o amarilla, lo cierto es que por prevención sus restos no fueron inhumados en la catedral como era lo socialmente convencional para los habitantes distinguidos, sino en la zona alta de lo que en ese tiempo los angostureños denominaban El Cardonal y la cual quedó más tarde circundada por el Cementerio actual de la Plaza Centurión.
         En el sitio donde fueron inhumados los restos de Manuel Palacio Fajardo se le erigió años después, un modesto panteón rectangular de ladrillo y mezcla mulata al cual se le colocó una lápida de mármol, pero no se removió el túmulo para recuperar los restos, seguramente como los del General Manuel Piar, desintegrados por la acidez y  alta humedad  de la tierra.
         El  l5 de julio de 1941, el Senado de la República, al igual que lo hizo con los restos de Heres y Machado, aprobó los honores del Panteón Nacional para Manuel Palacio Fajardo, el barinés de Mijagual que murió en Angostura víctima de la fiebre miasmática; firmante del acta de la Independencia, ministro de Hacienda, primer canciller de la nueva República, médico, abogado, político, diplomático y periodista, pero debido a la circunstancia antes anotada, no pudo cumplirse este acuerdo del Congreso como tampoco en 1961 ni 1981 cuando volvió a replantearse el asunto. Lamentablemente, sus cenizas siguen esperando como las de Roscio y Piar, reposo final en el templo de los héroes.

La lápida de Heres

         El prócer de la Independencia americana, el angostureño Tomás de Heres, quien difícilmente pasaba a los italianos, seguramente porque su principal adversario político lo fue siempre el rico comerciante veronés, Juan Bautista Dalla-Costa (el viejo), tuvo que soportarlos, sin embargo, hasta después de su muerte. ¿Casualidad, ironía del destino o fraude simplemente? ¡Vaya usted a saberlo! Lo muy cierto es que mientras Heres gobernó la provincia de Guayana, Dalla-Costa, tildado de hombre liberal y progresista, le hizo feroz y encarnizada oposición. De aquí que el asesinato de Heres, acaecido el 9 de abril de 1842, se lo cargaran a su agrupación política, donde militaban guayaneses distinguidos como los Afanador y comerciantes de origen italiano como el propio Dalla Costa, el doctor Santos Gáspari y Cristiano Vicentini.
Pero después de su muerte, Tomás de Heres, tuvo que continuar soportando a los italianos de Angostura. Esta vez, de un modo curiosamente increíble. La lápida marmórea que cubría con un solemne epitafio su tumba, fue aprovechada por un lapidario de Apellido Acosta, quien la grabó por el reverso y la ofreció para la tumba de dos italianos que habían sido esposos de una guayanesa cuyo destino parecía ser el de vivir viuda toda la vida.
¿Quién era esa viuda? Se llamaba Felicita Martínez, casada en primeras nupcias con José Goveia, fallecido en septiembre de 1905. Luego se casó Santos Galloti, fallecido en 1924. Ambos italianos fueron a la misma tumba para la cual Felicita dispuso una gran placa marmórea que le costó 266,94 pesos. La lápida estuvo desde 1905 hasta 1965 sobre aquella tumba ubicada casi en el centro del Cementerio Municipal. Decimos hasta 1965, porque ese año, específicamente en noviembre, la tumba fue reabierta para inhumar en ella los restos de Enrique García Martínez, sobrino de la viuda Felicita, quien antes también había sido enterrada allí.
Enrique García Martínez, quien murió a causa de una diabetes degenerada en gangrena, había heredado los papeles de propiedad de aquella tumba y un día nos los mostró su hijo Enrique García Núñez, quien, precisamente, observó perplejo el día de la inhumación, que la lápida del sepulcro de la familia tenía epitafios por el anverso y el reverso.
El anverso con el siguiente epitafio: “Aquí yace Tomás de Heres, nacido en esta ciudad el 18 de septiembre de 1798. Fue General de División del Ejército Libertador. Asesináronle alevosamente el 9 de abril de 1842 cuando se hallaba tranquilo en el sagrado asilo de la misma casa que lo vio nacer. Recogióle en sus brazos, moribundo, su digno amigo, el Ilmo. Obispo Dr. Mariano Talavera, que le acompañaba cuando le asestaron el fatal tiro que le dio la muerte. Su esposa María de Jesús Rodil, dedica a su memoria esta lápida”.
Por la otra cara, en la parte superior separada por una raya, se lee: “José Goveia –marzo de 1847 –Septiembre 1905” y, en la parte inferior: Santos Gallori, Septiembre 7 de 1924” y gravado en un ángulo el nombre del lapidario: Julián T. Acosta.
El anverso de la lápida correspondiente al epitafio del General Tomás de Heres no se veía, obviamente, porque estaba contrapuesto a la parte superior de la bóveda, quedando visible solamente la cara de la inscripción de los dos italianos difuntos.
La tumba, después de 1905, tuvo que ser reabierta por lo menos cinco veces para dar cabida a otros cadáveres, pero el fraude no pudo ser descubierto sino hasta noviembre de 1965 cuando hubo que sepultar al señor Martínez. Entonces la lápida fue eliminada de la tumba y puesta en manos de la Municipalidad que la donó al Museo de Ciudad Bolívar, donde ahora se encuentra y se exhibe.
Tomás de Heres, hijo ilustre de esta ciudad, fue asesinado por un tal cabo Antonio López, de la guarnición de la plaza, en complicidad con fanáticos dallacotistas afiliados al partido político “Los Filántropos”, contrario al Partido Conservador, odiado por sus adversarios con el mote de “Antropófagos”.
El General Heres, quien había sido Presidente de la Provincia de Guayana en el período constitucional 1836-1840, desempeñaba la comandancia de Armas en 1942 cuando fue asesinado. Se hallaba en su propia casa ubicada entre las calles Libertad y Amor Patrio, de Angostura, cuando un proyectil de trabuco, disparado desde una de las ventanas, le destrozó el brazo izquierdo sobreviniéndole horas después dos colapsos. Falleció a la una de la madrugada del día siguiente, a la edad de 47 años. Fue sepultado en el Cementerio de la ciudad el día 11 en una bóveda de su amigo Justo Lezama, luego de las honras fúnebres oficiadas por el Obispo de Trícola, Mariano Talavera y Garcés, en cuyos brazos cayó la noche del atentado.
En 1985, con motivo del Centenario de su natalicio, cuya conmemoración decretó el Presidente del Estado, Manuel González Gil, la Sociedad Centenaria, presidida por Hilario Gambús, dispuso la exhumación de los restos y su traslado del Cementerio a la catedral aprovechando que el piso de mollejones de la Iglesia Mayor estaba siendo sustituido por mosaicos. Se deduce que fue entonces cuando la lápida del Cementerio fue aprovechada por el lapidario Acosta para hacerla útil por el reverso.
La Sociedad Centenaria igualmente erigió un busto a Heres en la Plaza Talavera en lo que es hoy El Mirador. Posteriormente el busto fue reubicado en una plaza de La Lajita, frente a la casa del Morichal de San Isidro y finalmente en los años cincuenta en el Fuerte Cayaurima o Plaza del comando de la V División de Infantería de Selva.
Los restos del prócer Tomás de Heres, fueron por segunda vez exhumados en noviembre de 1942 y depositados en el Panteón Nacional de Caracas, junto con los del Capitán de Navíos José Tomás Machado.


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