domingo, 25 de junio de 2017

La Sarrapia

La Sarrapia

         Este árbol autóctono de la región del Bajo Caura, fue declarado en 1952 “Arbol Emblemático del Estado Bolívar”, no sólo por su porte señorial de fronda y flora sino por el valor económico de su fruto, fuente de la Cumarina, utilizada en la industria de la Perfumería y para aromatizar ciertos tipos de tabaco.

         Centenares de miles de árboles de impresionante corpulencia cubren las tierras húmedas de Guayapo, Suapure, Hilaria, Monte Oscuro, Pastora, Chiveta, El Caballo y El Manteco en el Bajo Caura, sin dejar de mencionar las selvas ribereñas de la zona media, desde el raudal La Mura hasta la desembocadura del Nichare y las grandes montañas orinoqueñas.
         Lo espléndido y generoso de esa flora sarrapiera es su fruto (coumarouna punctata), drupa de forma alargada y pulposa de cuya almendra se obtiene la cumarina. Los frutos caen espontáneamente, sin que el árbol lo toque para nada la mano del hombre, suerte que jamás tuvo el Caucho al que había que exprimirle la savia a fuerza de mortales incisiones.
         Al madurar el fruto, entre febrero y abril, cae de árbol y ya en marzo está lista y servida la mesa del sarrapiero recolector.
         Los campesinos del Caura dicen que el Sarrapio llega a crecer hasta 30 metros de altura y que cuando florece, todo su habitad es de color lila y penetrantemente aromático. La producción de una mata oscila entre 10 y 20 kilogramos de frutas, depende de su edad y tamaño. Hay unas que dan excepcionalmente hasta un quintal (45 kilogramos), pero para obtener un kilogramo de almendras que es lo que en definitiva tiene valor comercial, se requiere recoger de 350 a 400 frutos.
         Los indios Maquiritare y también los Panare obtienen la almendra utilizando hábilmente una puntilla fabricada por ellos. En cambio, los campesinos del Caura y del Orinoco, luego de eliminar la pulpa fibrosa, obtienen la almendra, eliminando su dura cobertura a golpe de piedra. Se trata de un trabajo en cierto modo cuidadoso, pues subsiguientemente existe una cutícula que si se malogra puede depreciar la calidad de la almendra. Por ello en el argot de los sarrapieros se habla de almendra de primera y de segunda. Esta labor suele hacerlo el campesino cuando declina el Sol y luego que ha estado durante el día recolectando el fruto diseminado bajo la anchurosa fronda o follaje de los sarrapios.

Los aliados del sarrapiero


         Dos aliados importantes se anotan a favor del sarrapiero durante la temporada de recolección. Tales son los monos y pájaros que sacuden y desprenden los frutos de los apretados racimos que cuelgan de los árboles. Pero cuando empiezan las lluvias, el sarrapiero se atemoriza y huye aún cuando no haya podido terminar su faena. Es el temor a las niguas, insectos parecidos a las pulgas, cuya hembra penetra la piel de los animales y seres humanos para poner sus huevos que al anidarlos producen escozor y úlceras graves. Este enemigo del sarrapiero eclosiona por millares cuando la lluvia hace contacto y precipita la descomposición de los frutos del sarrapio.
         Los sarrapieros que generalmente trabajan asociados en grupos o por familias, sacan la almendra del endocarpio, una a una mediante el golpe de piedra y luego de hecho esto la acarrean en sacos hasta estaciones ubicadas en la orilla de caños y ríos. Los centros de acopio solían o suelen ser Maripa, La Urbana y Caicara. Después, para evitar la corrupción o contaminación de la almendra, se somete a un proceso de cristalización sumergiéndola en alcohol de baja gradación y exponiéndola seguidamente durante varias horas al sol hasta que se formen cristales en la superficie. Es entonces cuando queda lista para la exportación.

El olor y valor de la sarrapia


         Aquel suelo tapizado de flores de color lila y olor penetrante que prácticamente se absorbía con el humo del tabaco del explorador europeo, dio la pista. Una muestra enviada a laboratorios de Inglaterra, permitió en 1846 la primera exportación estadística que se conoce. De la almendra de la sarrapia se había logrado aislar una sustancia llamada Cumarina, por la cual se interesó no sólo la industria tabacalera que buscaba un elemento natural para aromatizar el cigarro, el cigarrillo y el rapé, sino también la industria química que vio en la Cumarina un excelente fijador de perfumes y la farmacéutica que podía utilizarla como componente de algunos productos medicinales reforzando la tradición criolla de los curanderos que preparan con la sarrapia un trabajo indicado contra las gastralgias. El conocimiento de la corteza suele usarse asimismo como sudorífero.
         Aún cuando la exportación de la sarrapia aparece registrada estadísticamente por primera vez en el año económico 1845-1846 con la cantidad de 10.370 libras por valor de 1.354, 72 pesos, su importancia comercial se extiende desde la década de 1890 hasta 1965 cuando comienza a decaer. Su mayor auge lo alcanza en 1942 con una producción de 784 toneladas métricas, por un valor de 4 millones 648 mil 962 bolívares. El decaimiento del comercio de exportación de la sarrapia desde 1965 venía precedido de una producción irregular a causa de bajas y alzas interanuales que determinaban una variación en los niveles de exportación del producto hacia países compradores como Estados Unidos, Alemania, Gran Bretaña, Italia, Japón y Francia.
         Ciudad Bolívar fue desde el siglo diecinueve, el centro de mayor comercio del producto a través de importantes casas mercantiles, siendo las más destacadas hasta poco después de la Segunda Guerra Mundial, Dalton & Cía y Blohm y Cía. que financiaban las cosechas a través de intermediarios. En 1955 entra en escena el extinto comerciante Floduardo Inocente Díaz (Quírico Díaz), quien también comerciaba con el balatá y la quina alternando este comercio de exportación con la industria de cerámica para la construcción.
         Además de la firma Quírico Díaz a través de su hijo el abogado José Díaz (compañero de estudio), hay otros grupos en Maracay y Valencia que van directamente a Maripa por una cosecha que debido a la inflación carece de atractivo para los campesinos del Caura.
         En Febrero de 1995 estuvimos en Maripa y apreciamos que había intermediarios que pagaban la sarrapia de primera a Bs. 230 el kilogramo y Bs. 100 la de segunda, un poco más que el año anterior, pero aún así los sarrapieros encontraban que era muy barata en comparación con el alza del combustible, de los alimentos y el riesgo y esfuerzo físico que entraña su internación en la selva inhóspita para recoger y procesar la cosecha.
         Los intermediarios de Ciudad Bolívar y Aragua suelen llegar hasta el centro de recolección de la sarrapia que es una Estación ubicada en una zona estratégica del Suapure a la cual se llega desde los puertos del Caura en Maripa y Aripao.

La Sarrapia bajo control del Estado


         El Estado venezolano siempre ha tenido control sobre ese producto forestal de la selva caureña a través de las concesiones y finalmente en 1958 a través del Instituto Agrario Nacional, comisionado según Decreto 742 para administrar la cosecha de sarrapia baldía y comprar y vender la denominada doméstica cultivada.
         Entonces el IAN perseguía el propósito de realizar un plan de colonización agrícola en zonas del Caura y Orinoco que comportaría la reubicación y organización de los núcleos campesinos recolectores y pobladores indígenas dispersos, en lugares de fácil acceso a los sarrapiales. Pero nada del plan llegó a cristalizar debido a que de manera repentina se cerraron los principales mercados foráneos del producto, entre ellos el mercado norteamericano, por la aparición de la cumarina sintética. La American Tobacco Company, fabricante del cigarrillo Lucky Strike, fue por muchos años uno de los más fuertes compradores.
         Otro factor que contribuyó a que bajara ostensiblemente la curva de producción y exportación se localiza en la gestión de la Comisión de la Sarrapia y el IAN, entes que según las firmas exportadoras del producto, desconocían por completo los complejos mecanismos de la explotación así como el comercio de los mercados de fuera. De manera que los costos de explotación, en razón de la frondosa burocracia y el deseo de pagarle mejor al campesino, elevó el precio de la sarrapia a un punto difícil de competir en el mercado internacional con otros proveedores como Guyana, Trinidad y Brasil que también exportan la almendra a costos bajos debido a que la mano de obra en esos países es mucho más barata.
         La sarrapia venezolana cristalizada estuvo años almacenada en los Puertos de Nueva York y Puerto Cabello sin encontrar compradores, lo que obligó al gobierno a paralizar la recolección y suspender los planes de colonización.
         La paralización de la actividad recolectora duró dieciocho años, al cabo de los cuales se reanudó gracias a una sorpresiva demanda de los mercados europeos y norteamericanos que, aunque en poca cantidad, todavía continúa, sólo que son escasos los recolectores que ahora se arriesgan con la actual oferta de unos precios que escasamente compensan el riesgo, el esfuerzo físico y los altos precios del combustible y los alimentos.
         No obstante estos inconvenientes, la Asociación Educativa para la conservación de la Naturaleza (Econatura) ha propuesto conjuntamente con SEFORVEN, un Proyecto para rescatar el aprovechamiento comercial de la sarrapia en la Reserva Forestal del Caura, la cual según expertos en la materia, es la mejor del mundo, Las especies venezolanas son la Coumarouna Punctata, llamada Sarrapia Real o Yape, Coumarouna Rosea, denominada  Sarrapia Mona y la Coumarouna adorata de rara incidencia en el país.
         Pocos venezolanos conocen la Sarrapia como árbol emblemático del Estado Bolívar. Así fue declarado por Decreto del Gobierno Regional luego de decidirlo un Jurado designado en mayo de 1952, integrado por Tirso Tosta, Ernesto Sifontes, A. J. Cordoliani, J. N. Perfetti y J. A. Montes Avila.

Caucho, Balatá y pendare


         Además de la Sarrapia, entre los productos forestales que gravitaban en las exportaciones antes del petróleo, estaban el Caucho, el Balatá y el Pendare, todos extraídos de la prodigiosa selva guayanesa.
         El Caucho (Hevea spp.), árbol que crece en los suelos pantanosos de arcilla y humedad alta, se localiza en la Cuenca del Caura y en el Alto Orinoco. Aquí en el Alto Orinoco, la CVG lleva adelante una siembra sistemática para recuperar este recurso explotado irracionalmente hasta los años de 1920 cuando comenzó a disminuir su demanda en el mercado internacional a causa de la competencia que le hacían los cultivos de plantaciones asiáticas y la industrialización del caucho sintético.
         El Pendare, especie arbórea de la Sapotáceas, produce una resina gomosa denominada chicle, importada totalmente por los Estados Unidos para la confección del famoso Chiclets, especie de golosina o goma endulzada para satisfacer el hábito de mascar que en los Estados Unidos es antiquísimo y ha sido difundido a otras partes del mundo. El chiclets tiene gran demanda entre jóvenes y peloteros. El Pendare, una de las especies sapotáceas de donde se extrae, suele localizarse en las tierras del Yuruary. Pertenece al género Mimusops, igual que el Pendare, de donde se obtiene el latex del Balatá, considerado el más valioso.
         El Balatá, producto semejante a la gutapercha, se obtiene del árbol del Purguo llamado también Purguey y Purvio. La industria de los materiales plásticos aislantes y de otros productos semejantes que utilizan al petróleo como materia prima, determinó su decadencia después de haber cubierto un período de explotación inmensa de cuatro decenios (1890-1930).
         Al igual que se hace con el Caucho y el Pendare, al Purguo se le practican incisiones a lo largo de su corteza para obtener el latex o savia que luego es transformado en Balatá. Para ello el latex debe cuajarse al fuego y seguidamente moldearse en planchas de 50 libras de peso, exigidas así por el comercio de exportación.
         En Tumeremo, donde se recogía el latex proveniente del Cuyuní, Botanamo e Imataca, operó la empresa inglesa “Dick Balatá Ltd” que estableció un virtual monopolio en la región. A partir de 1930 la “fiebre del balatá” fue cediendo hasta extinguirse, debido a varios factores, entre ellos los estragos de la deforestación, la competencia de otros países productores como Malasia, Indonesia, Brasil, y la caída de los precios a consecuencia de la crisis económica de los años de 1930.      
        


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