domingo, 4 de junio de 2017

El Moriche

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         También la mitología lo señala como Arbol del Paraíso, pero, en todo caso, es una variedad de palmera por donde respiran pantanos que al paso de las edades geológicas se convierten en el petróleo del cual tanto dependemos así como del Moriche, del Palmito, de la Coroba y del Pijiguao dependen nuestros nobles indígenas.

         Largos caminos de moriches se alinean y entrecruzan en la gran extensión de Guayana. En sabanas despejadas como las del sur se aprecian mejor las interminables sendas de estas elegantes palmeras por cuyos pies discurre el agua donde abrevan la fauna propia del medio como también viajeros, llaneros, campesinos y desde tiempo inmemorial las comunidades primitivas.
         En el último libro del Nuevo Testamento escrito por San Juan Evangelista en la isla de Patmos en tiempos de Domiciano, perseguidor de los cristianos y último de los césares, se habla por primera vez del Arbol de la Vida, que dará sólo doce frutos, uno por cada mes del año, del cual habrá de depender como de las hojas de la misma planta la salud del nuevo pueblo que vendrá después del Apocalipsis.
         Tal vez algún misionero, en su afán catequístico, asoció el símbolo mítico con las bondades del Moriche y le adosó el cognomento en alguna de sus crónicas pasando así la bendita planta a conocerse como Arbol de la Vida.
         Además de Arbol de la Vida, simplemente Moriche o Gae-be se le dice también Arbol del Paraíso, especialmente en la región deltana dado que alrededor de esta palmera y de sus frutos transcurre la vida tranquila y cultural de los guaraunos. Hay una leyenda según la cual los indios Panare se consideran hijos del Moriche así como los Waicas se creen hijos de la Luna.
         Otros mitos en torno de Amalivaca, creador de la estirpe, tiene que ver con el moriche, pero lo más importante por ahora es todo cuanto esta palmera y otras variedades proporcionan a los habitantes autóctonos del Orinoco.
         Los estudiosos de nuestras etnias han dado a conocer que del corazón de esta milagrosa palmera los indios deltanos extraen la yuruma, harina que les sirve para la elaboración del pan casero. Asimismo tablas para el piso de sus refugios palustres, gordos gusanos que comen cocidos o crudos y el mojobo, especie de vino que mana del tronco hendido del vegetal.
         Con la pulpa de las frutas forman grandes pelotas amarillentas, tal es el ojiguari, especie de queso de moriche que los criollos utilizan para hacer carato. La parte inferior del cogollo, la más tierna, la aprovechan a manera de espárrago para su alimentación y con la parte superior fabrican cuerdas, hilos, sogas y cabuyas para chinchorros y alpargatas.
         De los nervios más duros y gruesos de las pencas de las palmeras, los Waraos fabrican flechas o dujo para la caza de los animales pequeños, y del vástago de las pencas hacen boyas para pescar y para sus curiaras unas velas que les permite viajar mejor por el río para alivio de sus brazos remeros, especialmente corriente arriba pues Amalivaca y su hermano Vocci nunca se pusieron de acuerdo para que el Orinoco tuviese dos grandes corrientes inversas, una para bajar y otra para subir.

El carato de Moriche


         El refrescante como energético carato de moriche que consumen los bolivarenses durante las fiestas de la Cruz de Mayo, como se ve, es de origen indio. Sólo que con las modernas licuadoras y otras artes de la cocina actual, el típico carato nos resulta ahora más refinado.
         El fruto del moriche se recolecta maduro durante la estación lluviosa, según nos enteró Doña Paula, una anciana con más de 400 meses en el oficio, desde Laguna Vera hasta Caratal, donde los moriches en columnas de dos y tres se enfilan siguiendo los caminos del agua en valles, pantanos y sabanas.
         En Ciudad Bolívar, La Paragua, Ciudad Piar, la Gran Sabana, Delta y Sur de Anzoátegui y Monagas, el moriche pervive no obstante la plaga de la depredación y la quema. Los hay de 15 hasta 30 metros de altura con hojas palmeadas de color verde oscuro brillante y una intermitencia cinética imparable. Sus frutos de color anaranjado se vuelven rojos al caer y rodar con las primeras lluvias para convertirse en semilla propagadora de la especie o en manjar de quienes como el campesino y el indio saben de su valor nutritivo.
         Doña Paula explica que para llegar al famoso carato que tanto agrada al guayanés, se empieza por terminar de madurar el fruto dentro de un recipiente con agua, luego se desconcha, se raspa la pulpa amarilla hasta la última cutícula de la semilla, se forma una masa, se envuelve en hojas de plátano y ya está listo para el consumo, mezclado con miel o simplemente en forma de carato, refresco o helado. Algunos campesinos aprovechan la almendra del fruto. La secan, tuestan, muelen y finalmente preparan una exquisita infusión que poco tiene que envidiarle al café.

El Palmito

El Moriche (Maurita Flexuosa), es la palma predominante en la anegadiza región deltana del Orinoco, pero no la única aliada de la cultura Warao. También lo es la Temiche (Manicara saccifera) y el Palmito (Euterpe edulis).
La parte más tierna del cogollo del Palmito se aprovecha como ingrediente del mejor antipasto. La verdad es que en conserva, como se procesa ahora en las húmedas tierras de los Waraos, se parece a los famosos espárragos que también con tallos comestiles, sólo que mundialmente más conocidos y, por lo tanto, con una demanda mayor.
Los indios deltanos lo llaman yabakaba y los de Cuba y Honduras Manaca mientras los de Guatemala prefieren el término Manaco.
El palmito es una planta esbelta, delgada, como de cinco o seis metros de altura que se regenera por semillas en zonas húmedas y anegadizas como Delta Amacuro y Amazonas donde se localizan inmensas plantaciones silvestres que han llamado la atención de los industriales que ahora desde el Caño Merejina se dedican a su explotación y procesamiento en conservas para el consumo nacional y la exportación.
La planta forma macollas de ocho y doce guías por unidad que asegura estabilidad por área de explotación. De cada guía se extrae el cilindro del cogollo de unos 30 centímetros que es la porción comestible, la cual es procesada mediante cocción y sumergida en unos compuestos químicos para ser enlatados. Igualmente el palmito es aprovechado de forma natural, mezclado con legumbres y hortalizas o individualmente con mayonesa o salsa.

La Palmera Pijiguao


         Ahora cuando nacionalmente se habla de “Los Pijiguaos”, muy pocos saben el origen del nombre. Si preguntáramos, responderían con toda seguridad asociando el término con la bauxita que en el lugar de su nombre explota CVG-Bauxiven para reducirla a aluminio en las modernas plantas del Caroní. Pero Pijiguao no es más que una palmera entre las nueve especies que comprende el género Maurita, de donde es también el Moriche, el Palmito y la Coroba, sólo que esta variedad es espinosa, mide hasta 25 metros de alto y ofrece a los indios de aquella serranía deliciosos frutos con los cuales elaboran alimentos semejantes a los de la cultura warao.

La Coroba


         La Coroba crece silvestre en la región occidental de Guayana, desde el Sipao hasta Manapiare, y su aprovechamiento está centrado en Caicara del Orinoco, donde elaboran con la harina extraída de su fruto unas sabrosas arepas, posiblemente más nutritivas que las de maíz.
         Los indios Tamanaco de cuya lengua proviene el nombre (Coroibe), introdujeron la forma de su aprovechamiento a los Panare que aún sobreviven en las montañas del Caura y el Cuchivero y de ellos la ha heredado la población criolla. Los científicos la identifican como Jesenia Polycarpa Karst, nombre del botánico que la describió por primera vez.
         Es una planta de palmas bien extendidas, pero relativamente baja. Su altura llega en algunos casos hasta diez metros y al igual que las palmeras anteriores sus frutos se desgranan maduros durante la estación lluviosa.
         El procesamiento para obtener la masa con la cual se hacen las arepas es casi idéntico al segundo en el caso del Moriche para llegar hasta el carato. La diferencia estriba en que la pulpa desprendida de la semilla es, al igual que el maíz, pilada y molida hasta un punto que hace posible su mezcla con cuajada o mantequilla antes de su cocción en budare. También con la masa, los habitantes de Caicara preparan una especie de natilla, no tan refinada como la Norton, pero sí muy agradable al vernáculo paladar criollo.


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