sábado, 13 de mayo de 2017

Tauromaquia Orinoqueña


         Las corridas taurinas comenzaron formalmente en Venezuela por Caracas con la inauguración de la Plaza de Toros de El Metropolitano el 2 de febrero de 1896 e inmediatamente después se extendieron a Ciudad Bolívar.

El Anunciador, trisemanario bolivarense fundado el siglo diecinueve (diario desde 1900), da cuenta en 1898 del Circo Alegría por el cual desfilaron toreros de la calidad de Pepe Hillo, Ezequiel Rodríguez, Lagartillo, Pepete, Litri, Guerrerito, Pulguito Chico y Antonio Boto.
Para entonces, Ciudad Bolívar no contaba con un circo de Toros establecido, sino que se localizaba el lugar más apropiado, el patio cercado de una casa antigua como la Aduana Vieja, por ejemplo, y allí se improvisaba el coso de la temporada porque las corridas como el cine y el teatro se daban por temporada, casi siempre transcurrida la estación lluviosa.
El Anunciador del 22 de enero de 1898 trae esta nota: Toros y Toretes –Diestros y Aficionados: Ha circulado el programa para la corrida de mañana. El ganado es de Palo Grande, escogido por el maestro Ezequiel Rodríguez, el cual informa que es de buena lámina, ligero de pies y que no escurre el bulto.
Después del Circo Alegría vino el Circo de Toros La Paz, en agosto de 1900. Se inauguró el día 23, “Toros y Toreros- dice la Crónica del siguiente día-  no estuvieron a satisfacción del soberano que es el casiano en todas estas jergas y como es natural e indispensable, la empresa debe ser solícita en prometer y cumplir mejores condiciones en las próximas corridas”.
El circo La Paz fue un fracaso y al mes siguiente se montó el Circo Santa Justa con las actuaciones de los toreros El Rubio, Boca Negra y El Chato. La corrida del 23 fue gratuita, regalo del Presidente del Estado, general Lorenzo Guevara, en la ocasión de su matrimonio con la señorita María Magdalena Hermoso.
La actividad taurina se vio interrumpida entre 1902 y 1904 debido al alzamiento del Capitán Ramón Cecilio Farreras que culminó con la batalla de Ciudad Bolívar en julio de 1903 y en la que hubo más muertos y heridos que en la Batalla de San Félix.
En noviembre de 1904 se acondicionó el solar de la Aduana Vieja para reanudar las temporadas taurinas con una corrida realizada el domingo 20 con muy satisfactorios resultados por parte de la cuadrilla, a excepción de Antonio Fuentes (Boca Negra). Antes de la lidia, un toro hirió al empresario Narciso Riera. La temporada debía continuar el 4 de diciembre con el matador Víctor Fernández (El Asturiano), por el cual había mucha expectativa, pero, según el empresario, no fue posible porque algún malvado abrió la puerta donde estaba encerrado el ganado y éste tomó las de Villadiego.
La fiebre hípica encendida por el Hipódromo del Jockey Club en la parte oriental de la ciudad (1907), mermó el interés por el espectáculo taurino. De todas maneras, para la temporada de 1908 un nuevo empresario habilitó El Convento y el domingo 10 de octubre Boca Negra ofreció un toro de muerte a volapié o al cuarteo. Todo el mundo se entusiasmó, especialmente, porque el guayanés Segundo Rojas haría su debut y formaría parte de la cuadrilla de Guillermo Sarmiento.
En diciembre de 1910 surge la presencia emprendedora de Víctor Monedero, un español del antiguo partido anarquista, procedente del Istmo de Panamá, donde se hallaba trabajando en la construcción del Canal.
Enterado en Caracas de las posibilidades taurinas de Ciudad Bolívar se viene a esta parte del Orinoco a invertir sus Balboas en la construcción de una modesta Plaza de Toros. El primero de ese mes, El Luchador da cuenta de ello:
“Con sumo  interés se activa la construcción de un Circo de Toros que tanta falta hace a esta población, de suyo amante de tan agradable divertimiento. Ya, según parece, se ha señalado el sitio para tal objeto. De ello daremos cuenta oportunamente.”
Entre tanto las corridas no podían detenerse por falta de un lugar apropiado y al siguiente año se improvisó un nuevo lugar: El Hipódromo, cedido por el Jockey Club. El 15 de noviembre se realizó allí una corrida a beneficio del Hospital Las Mercedes, promovida por el general Doroteo Flores, con la actuación de los maestros Antonio Padilla y Boca Negra, figura constante y ya familiar de los bolivarenses.
Monedero construyó su circo entre la falda del Cerro del Chivo y la orilla del Orinoco. Que el circo estuviese cerca del río era importante toda vez que el ganado casi siempre venía en transporte fluvial. El circo fue hecho de concreto armado, pero poco acabado. Para orientar al aficionado en víspera de una lidia bastante promovida, el cronista del diario El Luchador publicó el 30 de abril de 1915 esta nota:
“Advertimos que el actual circo yace a la falda poco sedeña de la ríspida Laja del Chivo, que disfruta de un pavimento poco afelpado, y bueno es que la empresa haga acopio de árnica, y si es posible pueda mandar a preparar en la Botica Vargas el decisivo Bálsamo de Fiebrás, cuya útil receta nos ha trasmitido el buen Sancho. Contamos con que el Maestro hará esa tarde prodigios de toda suerte para dejar bien sentada su reputación mundial de coraje en la tierra de Heres.”
El 2 de mayo se efectuó la corrida con Joaquín Briceño (El Trompa),  acompañado de Paco, El Pintor, Boca Negra y del banderillero José Teperino, quien había llegado en barco desde el puerto de La Guaira el 24 de abril.
La corrida publicitada como monumental fue un fracaso a juzgar por las crónicas de entonces. Se ofrecieron cinco reses traídas del Fundo “La Tigra,” de las cuales una sería estocada. Muy rara vez se mataba el toro en faena. Para los bolivarenses lo más importante entonces era la lidia, capear y dar pasos de verónicas. Entonces había dos escuelas taurinas en la España de Pedro Romero, introductor de la muleta en la Plaza Ronda: la pinturera de Sevilla que se complace en jugar con las fieras burlándose con fintas y capotazos y la rondeña de Pepe Hillo, sobria y dramática.
La temporada continuó con la llegada de los toreros Miguel Ullivari (Victoria), Miguel Amado y Francisco Rastrollo (El Sevillano). Esta cuadrilla estuvo toreando los domingos hasta el 30 de mayo que se despidió ofreciendo la corrida en honor del General Juan Vicente Gómez, recién electo Presidente de la República.

La muerte de Sevillano

Para estabilizar la actividad taurina en el coso construido por él, Vítor Monedero formó una empresa taurina que inició el domingo 6 de junio una serie de corridas con los toreros Víctoria, Sevillano, Amado y el novato Luis Márquez.
El Sevillano Francisco Rastrollo debía recibir la alternativa el domingo 6 (seis) de junio de manos de su paisano Miguel Ullivari (Victoria), pero fue imposible debido a que éste había sido maltratado por un toro en la corrida anterior. Los trastos de matar vino a recibirlos en la corrida del domingo 20 que estuvo muy bien para Sevillano y Amado, no así para Victoria que aún no se reponía de sus aporreaduras.
Al siguiente día, lunes 21, a las 9 y media de la mañana fue la desgracia. Uno de los toros de la lidiada del día anterior cogió al Sevillano. Lo prendió por el pecho con el pitón derecho cuando fue al corral junto con Miguel Amado y varios peones para quitarle las banderillas. En una pared de la casa de doña Flora, uno de los cuatro hijos que tuvo Monedero, se ven los cuernos del animal, un toro artifino, que tocó en pleno corazón al torero Francisco Rastrollo sin que nada pudieran hacer los médicos J. M. García Parra y Blanco Ledesma, en el hospital Ruiz. El Sevillano tenía 22 años apenas y era único hijo.


Guayana tuvo un mataor

         La afición taurina en Bolívar por ese tiempo crecía, no sólo a nivel de espectadores sino también a nivel de jóvenes promesas de la tauromaquia como Paco Castillón, Víctor Salicetti Aguilera, Pedro Montes y Eduardo Melgar, quien recibió en el propio Circo Monedero la alternativa del famoso Cayetano Ordóñez o “Niño de la Palma”.
Melgar que cumplió luego exitosa carrera de torero en Caracas y España, terminó un buen día estudiando y cantando en la Julliard School de Nueva York. Casado con la soprano Rosita del Castillo, Melgar comenzó su vida de torero en los corrales del matadero Municipal con el maestrico Cantini, bedel del Liceo Peñalver y luego en el Circo Monedero con el Maestro  Cayetano Ordóñez, padre de Antonio Ordóñez que fue gran figura, torero de mucha clase, a quien Federico García Lorca le dedicó aquel poema “Era de Ronda y se llamaba Cayetano.”
Melgar debutó en Salamanca con Rafael y Curro Girón, la primera vez que se dio un cartel con tres venezolanos juntos. Fue una corrida del Sindicato de Espectáculos.  Estuvo con Chamaco en una corrida  realizada en Palma de Mayorca y en Barcelona con Jaime Ostos y Joaquín Bernardo, un torero que cada vez que figuraba con el guayanés salido del Circo Monedero, le iba mal. Su última corrida fue en Benavente, provincia de Zamora, con el Rejoneador Peralta.
Quienes se iniciaron con él, no pasaron de novilleros y a los cuales las Crónicas Plácidas dedicó ésta en mayo de 1942 después de una alegre corrida: “La corrida del domingo/ con el laudable fin de hacer dinero/ para fines benéficos fue dada/ Una despampanante becerrada/ el domingo, en el Circo Monedero/ Con oreja de oro, de ternero/ se dispuso sería recompensada/ la faena mejor ejecutada/ y aunque  diestro no había, sobró torero/ y aun cuando Paco Castillón y Flores/ resultaron valientes matadores/ y Carreño y Morales, dos Belmontes/ y aunque comióse un toro Salicetti/ como si fuese un plato de Spaghetti/ correspondió la oreja a Pedro Montes”.


Lidia entre Saurio y vacuno

Pero el Circo Monedero no sólo se prestaba para corridas taurinas, sino que allí también tenían lugar otros espectáculos como boxeo y cine. Los toros venían en barcaza por el Orinoco desde Apure, Caicara y otros puntos ribereños. En una oportunidad a Monedero se le ocurrió montar la lidia entre un toro y un caimán. Fue realmente una lidia espectacular de la cual hablaron los bolivarenses por mucho tiempo. Los espectadores pagaron entonces 5 bolívares sombra y tres, gradas de sol.
Los trinitarios, siempre tan cercanos a Ciudad Bolívar, pidieron a Monedero probara suerte con sus toros en la Isla y allá fue a tener el 21 de mayo de 1927 con la primera corrida dada en la fascinante tierra de los colibríes. Así consta en un cartel en inglés que doña Flora Monedero de Espinoza, conserva entre muchos otros papeles de su padre. Ella es la guardiana de la herencia, incluyendo las ruinas del Circo al que le han puesto sus ojos crematistas los corredores de bienes raíces, tropezándose con la resistencia de la doña que prefiere la estrechez antes que salir de lo que considera una reliquia invalorable de los bolivarenses.
Para 1944 la afición taurina consideraba al circo Monedero obsoleto, incómodo y pequeño, afectado además por la gran crecida de 1943. La ciudad requería de una Plaza de Toros en forma, y en esa dirección, Ramón Fernández, M. A. García Delepiani, Fermín Bello Dalla-Costa, Antonio Bello, Rafael Alejos y E. Guerra Ruiz, promocionaron una Compañía para la construcción de una moderna Plaza de Toros en terrenos propiedad de Luis Alberto Uncein y de la señora Inés de Alejos, adyacente a la Avenida Táchira, con frente al Paseo 5 de Julio. Se estimó un capital de 120 mil bolívares equivalentes a 1.200 acciones (Bs. 100 cada una).
La Compañía Constituida bajo la presidencia de Rafael Alejos, estuvo reuniéndose en el Club Atlante hasta 1951. Para ese año, siendo el presidente de la compañía en formación, Antonio Bello Velásquez, acordó su disolución, no obstante haberse colocado la primera piedra el 15  de septiembre de 1946 y haber contratado como proyectista de la obra al ingeniero español Rafael Vidal Martí.
Antes de su liquidación esta compañía, organizaba corridas en el Estadio Heres. Aquí inauguró la temporada de 1946 con el debut del matador peruano Guillermo Rodríguez “El Sargento”.
Con la disolución de la Compañía, el circo Monedero procuró reanudar las actividades con novilleros locales, pero su fundador Víctor Monedero, estaba prácticamente enervado por la edad. Murió el 10 de octubre de 1961 a consecuencia de un arrollamiento sufrido meses antes.
En agosto de 1987, por iniciativa del ingeniero agrónomo Luis Thula Campos, Presidente de la Feria del Orinoco, se trajo de Los Andes un coso portátil al que le pusieron Circo La Macarena a objeto de reactivar la afición taurina. Entonces se presentó al mataor Bernardo Valencia y la Municipalidad fue ganada para desempolvar el proyecto de la Plaza de Toros, pero vinieron cambios políticos y al parecer también cambios a nivel de la afición y nuevamente quedó sepultada la idea, mientras la Plaza portátil La Macarena fue afectada por otro destino: Upata.


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