sábado, 27 de mayo de 2017

Casa Wantzelius

Mandada a construir en 1851 por el naviero alemán Adolfo Enrique Wappaus, el inmueble se sumó al conjunto arquitectónico que en Ciudad Bolívar inauguró un nuevo estilo en el urbanismo del siglo diecinueve.

         ¿Casa de los Wantzelius? Así le dicen no sabemos desde cuando. Tal vez desde 1914 cuando la compró el comerciante George Wantzelius, pues antes, mucho antes, en 1851 la casa había sido construida por Adolph Henrich Wappaus, hijo del armador George H. Wappaus, segundo naviero de importancia en Hamburgo, metrópoli del comercio alemán desde la creación en el siglo XIII de la liga Hanseática. 
         El primer Cónsul de las ciudades Hanseáticas en Angostura fue Wuppermann, designado en febrero de 1838. Era socio de Theodor Munch en un comercio de importación y exportación y estuvo como tal hasta 1857 cuando se ausentó de la ciudad. A partir de entonces se sucedieron en el Consulado, Henrich Krokn, L. F. Blohm y Adolph Henrich Wappaus. Adolph llegó a Venezuela desde Hamburgo para trabajar de socio en la casa mercantil de Georg Blohm en Ciudad Bolívar.
         Georg Blohm fue uno de los comerciantes más prósperos que tuvo Angostura. Nació en Luberck (1801-1878), comenzó a aventurar por América hasta 1825 que se instaló en la isla de San Thomas, donde trabajó como empleado de firma C. F. Overmann. Luego de acumular experiencias mercantiles en los negocios de ultramar, se radicó en Angostura que entonces era comercialmente muy movida. Se asoció con Juan Bautista Dalla-Costa  y a través de esta sociedad cultivó importantes relaciones tanto dentro como fuera del país.
         En 1834, Georg Blohm se separó de Dalla-Costa y adquirió el compromiso de no instalar negocio competidor o de otro tipo en Angostura dentro de los próximos diez años. De manera que en 1844, cumplió el tiempo del acuerdo y estando instalado en la Guaira y Puerto Cabello, volvió a incursionar en la capital guayanesa, pero asociado a la casa Wuppermann & Cía.
         Una vez consolidado su proyecto mercantil, Georg Blohm retornó a su natal Luberck, desde donde dirigía sus negocios en Venezuela y escogía a sus empleados. Muchos de los europeos que trabajaron en la casa Blohm de Ciudad Bolívar, fueron contratados por Georg, entre ellos, el prusiano Adolph Henrich Wappaus.
         Muchas ciudades comerciales de Alemania como Hamburgo, Hannover y Prusia, tuvieron representación consular en Angostura desde 1838, dado que la Capital del Orinoco era importante para su comercio, pues había una dinámica de relación mercantil con Europa y un fluido intercambio de géneros y productos de la selva, no obstante que de un lugar a otro se tardaban con veleros 18 y 20 días, dependiendo de la brisa. El regreso era más penoso. Lo hacían en 30 y 35 días.

        
         La llamada Casa de los Wantzelius la construyó Adolfo Wappaus para reubicar el Consulado y vivir en ella con su esposa Evelina Trudenzia del Campo, quien le dio siete hijos, los dos primeros nacidos en Ciudad Bolívar en 1853 y 1855, respectivamente.
         Rolf Walter, profesor de la Cátedra de historia Económica y Social de la Universidad Erlangen – Nuremberg, en su libro “Los Alemanes en Venezuela”, dice que la familia Wappaus regresó a Hamburgo en 1857 y Adolfo se convierte allá en dueño de la empresa naviera y de la firma comercial A. K. Wappaus.
         Tavera Acosta, en sus “Anales de Guayana”, cita a Wappaus como individualmente el mayor contribuyente con 500 pesos para la erección de la estatua del Libertador en la Plaza mayor de Ciudad Bolívar. Así mismo aparece como uno de los que abogaron y concretaron la construcción del cementerio particular para los cristianos no católicos, a los que la Iglesia impedía fueran cuando muertos inhumados en el Cementerio Municipal.
         Wappaus murió en Hamburgo el 16 de noviembre, a la edad de 91 años. Había nacido el 14 de octubre de 1814. La noticia del deceso la publicó el diario El Anunciador, 23 días después.

Arquitectura del inmueble

         Luego que Wappaus decidió reinstalarse en sus naturales predios de Hamburgo, vendió lo que seguramente era el más vistoso y elegante inmueble angostureño de la mitad del siglo diecinueve. Una casa que sobresalía y se distinguía aun más porque en su entorno las viviendas eran humildes. Estaba ubicada en la calle nueva o de las Orozco, hoy libertad.
         El inmueble distinguido con el número 3, tenía dos entradas: una por la calle Libertad y otra por la Concordia que prácticamente era una puerta cochera o de la servidumbre que comunica con el sótano y un jardín  que cultivaba la señora.
         El patio de la casa de tres plantas, comunicaba con la Laguna de la calle del Paseo El Porvenir y desde la parte alta por donde entraba a bocanadas la brisa del Orinoco, se dominaba el paisaje urbano y natural del río.
         Desde lo alto y a través de celosías, Wappaus podía observar el movimiento portuario de veleros y barcos de vapor zarpando con productos de la tierra o descargando toda clase de géneros importados de ultramar.
         Los barcos, profusamente en tiempo de aguas altas, remontaban el Orinoco hasta Cabruta. Luego se subía por el Apure hasta San Vicente y finalmente se llegaba a otros lugares occidentales a través del río Santo Domingo. San Fernando de Apure, servía de escala de este tráfico fluvial.

Los nuevos dueños

         Un hijo del primer Mathinson llegado a Venezuela pasó a ser el nuevo dueño de la hermosa residencia de la familia Wappaus. Tal era el comerciante James Buckely  Mathinson.
         James era hijo de Kenneth Mathinson Makensie nacido, según el diplomático Carlos Rodríguez Jiménez, en Porth (Escocia) el 20 de abril de 1720. Kenneth, a quien apodaban “El Escocés”, ingresó a la armada británica en 1886. Vino a Venezuela en la primera expedición del Generalísimo Francisco de Miranda, y una vez fracasada ésta, se quedó en la Isla de Trinidad donde hizo vida militar hasta 1840 que se radicó en Angostura en calidad de Vicecónsul, cargo que desempeñó hasta 1886, año de su fallecimiento.
En Angostura, Kenneth Mathison se casó dos veces y de su primer matrimonio con Isabel Berris nacieron diez hijos, de los cuales James Buckely sobresalió en Angostura. Fue James quien compró a Wappaus el inmueble y allí nacieron sus hijos Alberto, Eduardo, Juan Bautista, Isabel, María Luisa y Jimmy, quien murió ahogado con su madre en el Orinoco.
James Mathison compró la casa a Wappaus en 1855 y vivió en ella con su familia durante 23 años, vale decir, hasta 1878 cuando la familia comenzó a dispersarse entre San Félix y Upata. Ese año la adquirió el francés Eugenie  Buchard, quien la vendió en 1910 al señor Paschen.

Georg Wantzelius
        
         Georg Wantzelius, de origen checo, de los que emigraron al norte de Alemania, llegó muy joven, 1898, a Ciudad Bolívar.
         Su padre era Cónsul de Hamburgo en San Thomas, pero Georg Wantzelius nació en Alemania y allá creció y estudió hasta los diez años que su padrino H. Blohm lo entusiasmó para que se viniera a Ciudad Bolívar.
         Georg había sido campeón juvenil de tenis en Alemania y en Ciudad Bolívar no dejó de practicarlo. Aquí entusiasmó a paisanos suyos y Ciudad Bolívar tuvo su cancha de tenis y unos cuantos raqueteros hijos de la gente adinerada de la capital.
         Para 1914 cuando compra a Paschen la casa que hoy identifican con su nombre, G. Wantzelius tendría unos 36 años de edad. Era la época del Dictador Juan Vicente Gómez y gobernaba en el Estado Bolívar el General Marcelino Torres García, uno de los gobernadores que más hicieron obras de mejoramiento urbano para la ciudad. Para entonces la calle Libertad fue mejorada y se acrecentó el valor del inmueble.
         Georg Wantzelius  vivió allí con su familia hasta 1937 que la casa fue vendida para residencia del Presidente del Estado que entonces era el doctor José Benigno Rendón, pero éste nunca vivió allí porque al año siguiente cuando pensaba mudarse, fue sustituido por el doctor Ovidio Pérez Agreda, quien decidió destinar el inmueble para sede de la prefectura. Allí también funcionaron el Consejo Municipal, la Banda Dalla Costa y finalmente la Asociación Venezolana de Periodistas hasta 1965 cuando la casa acusaba un peligroso deterioro.
         Finalizando los años sesenta, la casa de los Wantzelius parecía tocar fin. Su progresivo deterioro, de acuerdo con el entonces presidente municipal, constituía un peligro público y ordenó la demolición. Alertada, la directiva Avepista realizó una campaña de prensa y radio que evitó la demolición, pero posteriormente, manos ocultas, buscando se desplomara espontáneamente, le sustrajeron vigas, puertas y rejas, pero aun así los centenarios muros amalgamados de piedra y barro, resistieron y un buen día la arquitecto Elisa Guédez hizo el resto: interesó al Ministerio de Desarrollo Urbano para que salvara y restaurara el edificio y en 1985 comenzó el proceso de salvación y restauración.

Casa de cinco niveles

         El terreno con 1048 metros cuadrados, presenta cinco niveles y 770 metros de construcción arquitectónicamente muy bien aprovechados. La distribución es perfecta. Tiene un gran sótano, planta baja y alta. Según el arquitecto Antonio Violich, quien trabajó como proyectista para la firma Alzor, C. A. la fachada es de estilo neoclásico. La planta alta conforma un rectángulo con cuatro ventanas de doble puerta y abanicos de luz, flanqueadas por pilastras decorativas y relieves con capiteles dóricos, más dos ventanas, puertas del mismo estilo que dan a los balcones.
         Para el proyecto arquitectónico de la obra de recuperación y restauración, el arquitecto Violich debió investigar y hacer seguimiento de la tradición del inmueble, asesorado en ciertos aspectos por el licenciado en Historia del Arte, Alfredo Hurtado. Debió entrevistarse con descendientes de Georg Wantzelius, quienes vivían en Caracas y seguido la línea mercantil de su antiguo antecesor. De tal modo que el nombre Wantzelius vive y pervive no sólo por herencia ancestral sino a través de una antigua y noble casa angostureña que calza esas letras de origen checo aun cuando el creador de la misma haya sido Adolph Henrich Wappaus.



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