viernes, 26 de mayo de 2017

La Casa de Tejas

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Erigida a finales del siglo pasado sobre una inmensa laja del Parque El Zanjón, enseñoreada sobre la horizontalidad del Río, refuerza con su nuevo destino los valores tradicionales de su fama.

La fama de la Casa de Tejas es proverbial desde el mismo momento de su construcción. Tanto por la elección y calidad del elector del sitio como por la proyección que le dio durante algún tiempo la permanencia allí de un personaje a quien la picaresca angostureña celebraba su festinado adiós a la carne.
La casa en sí es una joya de la arquitectura tradicional relevada por la singular topografía de El Zanjón                   
El casco de la ciudad responde a tres realidades definidas: la parte plana con edificaciones de galerías sobre la línea de aguas altas del Orinoco, los edificios del Cerro El Vigía de clara influencia española y El Zanjón que es un área natural de cinco hectáreas de formaciones rocosas espectaculares entremezcladas con árboles autóctonos de gran tamaño.
En este lugar que desciende en laberíntica hondonada, el General Francisco (Pancho) Contasti Gerardino levantó su casa y en ella vivió toda la época de Cipriano Castro y Juan Vicente Gómez. Desde entonces es el nombre “La Casa de Tejas”que la distinguía de las pocas que allí existían con otra clase de techo.
El nombre de Pancho Contasti  Gerardino, descendiente de esclavos de Francisco Contasti Arcadio, hermano de los próceres de la independencia sudamericana, Ramón y Orocio Contasti,  sonó durante la Batalla de Ciudad Bolívar que dio término a la Guerra Libertadora.
A él, junto con Quintín Aguilera, tocó la defensa de la ciudad contra las fuerzas de Castro y Gómez, en los sectores de El Dique, Orinoco y La Alameda. Resistió el bombardeo y ametrallamiento de los barcos El Restaurador y Miranda y al final cayó prisionero.
Pero la Casa de Tejas no sólo se distinguió  y popularizó por el General Pancho Contasti Gerardino sino porque durante años de los cincuenta y sesenta vivió allí Emilio Morales.
Emilio Morales, quien fue el primer locutor titular que tuvo Radio Orinoco (antes Ecos del Orinoco), hizo que el nombre de la Casa trascendiera más allá del río a través de quienes venían de todas las ciudades populosas del país a participar en sus fiestas de carnaval. Transformistas de todas las calidades, signos y colores convergían allí en medio de un caricaturesco derroche de lujo y extravagancia para elegir su reina que luego era la nota divertida e hilarante de los desfiles.
La fiesta se acabó cuando el Gobernador Pedro Battistini Castro la expropió junto con otras en 1966 a objeto de convertir El Zanjón en un parque, pero no fue sino a raíz  del convenio con el Gobierno de España para la revitalización del casco urbano que materializó y la Casa de Tejas completamente restaurada fue destinada por el Gobierno de Andrés Velásquez, a un centro de cultura plástica.


Arsenio Pasarín Cuesta

        Desde el 27 de noviembre de 1989, la Casa de Tejas se halla en plena actividad y estuvo allí hasta su muerte un hombre predispuesto para el arte. Se llamaba Arsenio Pasarín Cuesta, quien pintaba y dibujaba desde que era un párvulo allá en la borrosa y lejana Castilla la vieja. Dibujaba perfiles, rostros de frente y bodegones, pero fue con un bodegón que impresionó al jurado de “Nuevos Valores” del salón anual de pintura de Barcelona que comenzó a trascender como artista de las artes visuales.
        España para 1955 estaba mal y el desempleo galopaba sobre el fláccido cuero de rocinante. Se hablaba entonces de un país petrolero llamado Venezuela donde la política de cabillas y concreto armado reclamaba mano de obra calificada. Pasarín sólo sabía de creyones y pinceles y con cien dólares que para entonces eran menos de 400 bolívares se embarcó en el vapor Lucania.
        Arribó con suerte pues a escasos días ya estaba trabajando como dibujante de carteles de Salvador Cárcel, una distribuidora de películas mexicana. Requerido luego ante perspectivas mejores trabajó en otras publicidades de la competencia hasta que decidió la independencia en la década de 1960 y fundó su propia publicidad. Fue entonces cuando lo perturbó el gusanillo izquierdista de la política. Estaban en su apogeo las guerrillas y Betancourt decidió mandarlo de vacaciones, primero para el San Carlos y luego para la represiva isla de Tacarigua.
        Arruinado y privado de la libertad durante cuatro años, el Gobierno lo indultó confinándole en Ciudad Bolívar. Alquiló la que era casa de habitación de la familia Bello, frente a la Plaza Miranda, y allí fundó un Taller de Arte académico que funcionó durante 24 meses, es decir, hasta 1971 debido a que el proyecto de anatomía plástica y estudio de dibujo para el que había importado de España veinte esculturas, fracasó por carecer de dinero destinado a la cancelación de los onerosos aranceles aduaneros.

Vuelta y retorno
       
        A raíz de la caída de Pérez Jiménez se había despertado un movimiento plástico importante en Ciudad Bolívar y para 1971 el cierre del Taller de Pasarín habría sido una catástrofe si no hubiera sido porque ya existía el Taller del Inciba. Pasarín se fue a Caracas a revivir su estudio de Publicidad y el 85 decidió retar de nuevo la suerte en el Orinoco. Compró una casa en la Concordia desde donde contemplaba al Orinoco y un día en que el vecino lo veía pintar y pintar sin ningún provecho económico, lo convenció que mejor que la pintura era la agricultura y Pasarín se fue al Río Aro, compró una finca y comprobó que su vecino estaba equivocado.
        Trabajó casi de gratis durante dos horas diarias – 6 a 8 p. m. – en el Taller de Artes Plásticas “María Machado de Guevara”. De allí pasó al Taller de Pintura “Rufino Zambrano Ochoa” de la casa de la Cultura “Carlos Raúl Villanueva” hasta que un día el Director de Cultura Benito Iradi le propuso fundar un Taller en la Casa de Tejas, con recursos suficientes para la cobertura de dos turnos y llevar a cabo programas de difusión no sólo de las manifestaciones de las artes plásticas, sino también de las artes escénicas. Lo aceptó y pronto la casa se puso en ebullición con alumnos y grupos teatrales y musicales; el Grupo Theja que dirige José Simón Escalona con el montaje de una obra que plasma el drama de la vida de Armando Reverón se presentó allí inmediatamente lo mismo que la folclórica cumanesa María Rodríguez y Gallo Pinto de Mariíta Ramírez. Porque la idea no es que la Casa de Tejas sea sólo para que los mayores de dieciséis años vayan allí a realizarse como profesionales de las artes visuales, sino que sirva igualmente de escenario para otras manifestaciones del arte como el teatro y el canto. El ambiente es una invitación permanente a la creación, recreación, contemplación y divertimiento y en ese sentido comenzó a aprovecharse.


1 comentario:

  1. Que agradable es leer esos relatos de mi hermosa ciudad natal

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