sábado, 20 de mayo de 2017

El Capitolio de Ciudad Bolívar

   

La imponente edificación, suerte de fortaleza sobre una cumbre, que los bolivarenses conocieron hasta avanzado el siglo veinte como “El Capitolio” fue proyectado en el siglo diecinueve  por iniciativa del Gobierno de Juan Bautista Dalla Costa como el Hospital San Juan de la Cruz

                                                                                           Durante la época de la colonia, en Angostura no se conoció la figura del Hospital como tal.  Por supuesto, existió la asistencia médica pública facilitada por el Ayuntamiento o la Gobernación, pero, fundamentalmente, la medicina privada.  El primer médico de Angostura fue el doctor Martín Farreras y a partir de la época de Centurión ejercieron en la ciudad los médicos Juan Barri, Andrés Caballero, Pedro Goudet y los cirujanos José Andrés de la Guerra, José de Foch y Juan Adolfo von Rosen, quien pasó a la historia de la medicina como el primer farmacéutico de Angostura.
                                                                                           Lo que hoy conocemos como institución hospitalaria se inició en Angostura en 1818 con el establecimiento del Hospital Militar que entonces tenía como espacio físico un sector del Convento de San Francisco en lo que es hoy la plaza Centurión.
                                                                                           Según testimonio de un legionario inglés, en la cumbre de cerro había un pequeño fuerte, debajo del cual se veía un pintoresco convento que se había convertido en hospital. El hospital Militar estaba el mando del doctor Adolfo. Burton y a él se incorporó como cirujano Juan Teófilo Benjamín Siegert, quien llegó a Angostura en 1820, luego de haber sido enrolado en una isla caribeña por revolucionarios venezolanos. En 1830, Siegert fue director médico del Hospital, posición que ocupó durante diez años.
                                                                                           Otro médico que ejerció en el Hospital Militar de Angostura a partir de 1817 fue Juan Montes, asimilado como teniente coronel. Para 1821, siendo José Ucros, gobernador y comandante general de la provincia, Montes era cirujano mayor de la Plaza. Era padre de Juan Montes Salas, quien en 1830 fundó en Angostura la Botica Bolivariana.
                                                                                           Luis Plassard, médico francés radicado en Angostura en 1847 igualmente prestó labor sobresaliente en el Hospital y como docente del Colegio de Varones en el cual dictó un curso de Cirugía. Se ocupo de la población indígena y durante una exploración por tierra del Yuruary en 1848 dio cuenta de las minas de oro.
                                                                                           El doctor Santos Gáspari, nativo de Córcega, radicado en Angostura a finales de 1830 fue junto con Monseñor Mariano Talavera y Garcés, uno de los promotores de un hospital civil tanto para mujeres como para hombres que él contribuyó a materializar con la donación de un inmueble de su propiedad.  Gáspari, quien no obstante ser extranjero llegó a ser Presidente del Estado, murió en Basta (Córcega) en febrero de 1867 y testamentó una de sus casas en Ciudad Bolívar a favor de los Hospitales y 500 pesos para la construcción de la Capilla del Cementerio.  En agradecimiento, la Municipalidad bautizó un Paseo o avenida con su nombre.

El gran hospital


                                                                                           En 1870, Ciudad Bolívar ya disponía de un Hospital para Hombres (Hospital Caridad) y otro para Mujeres (Las Mercedes), pero funcionando en casas frágiles e inadecuadas, por lo que el Gobernador Juan Bautista Dalla-Costa decidió a través de una Junta de Fomento construirle a la ciudad un Gran Hospital y al efecto contrató en Caracas al ingeniero Alberto Lutowski, el más reputado de entonces. La obra, muy ambiciosa, comenzó a levantarse en la cumbre del cerro más elevado del casco urbano, pero un año después quedó paralizada debido a la Guerra de los Azules y la expulsión de Dalla-Costa.
                                                                                           En 1883, luego de 13 años y bajo el Gobierno del General Jorge Mediavilla se resolvió reanudar los trabajos comprometiendo a la iniciativa privada que invirtió 80 mil pesos, pero al ser imposible recabar otros veinte mil para su terminación, el Gobernador Santos Carrera (1892), con aportes del erario nacional, decidió transformar la obra en Cuartel para las fuerzas militares venidas del centro a combatir los movimientos belicistas que desde el interior del Estado avanzaban a favor de la Revolución Legalista de Joaquóin Crespo. Dadas estas circunstancias, al Concejo Municipal no le quedó alternativa inmediata que disponer el 19 de junio de 1899, la reparación y ensanche de los hospitales civiles existentes.  También dispuso que una vez tuvieron terminados los trabajos bajo la dirección del ingeniero P. H. Carranza, al primer cuerpo donde funcionaba el de Caridad se le pusiera el nombre de “Hospital Ruiz” en homenaje al Dr. José Ángel Ruiz, “quien por sus importantes y desinteresados servicios se hizo acreedor a la consideración y aprecio de los habitantes de Guayana”.  José Ángel Ruiz había muerto el 21 de diciembre de 1897 tras 25 años de servicio en el Hospital Caridad. También había sido vicerrector, catedrático de anatomía, patología y obstetricia del Colegio de Primera Categoría.

De Hospital a Capitolio

                                                                                           De suerte que lo que se proyectó para pacientes se convirtió por obra y desgracia de nuestras guerras intestinas, en un cuartel para concentración de las fuerzas nacionales de Anduela Palacios y Santos Carrera, que, por cierto, poco tiempo allí permanecieron debido a la derrota sufrido en el Río Orocopiche por la División Roscio que comandaban el Mocho José Manuel Hernández y Domingo Sifontes.
                                                                                           Quien realmente comenzó a disfrutar establemente de la edificación fue el Batallón Cordero, al mando del General Ovidio Salas. Desde entonces fue bautizada con el nombre de Capitolio (Fortaleza o ciudadela que defiende a una ciudad). El jefe de Instrucción del Batallón era el capitán Ramón Cecilio Farreras, quien el 23 de mayo de 1902 se sublevó con gran parte de la guarnición (137 soldados con sus oficiales) y depuso al comandante Salas Sarrías. Farreras se declaró jefe civil y militar de Estado Bolívar y se puso a disposición del general Manuel Matos, jefe supremo de la Revolución Libertadora.
                                                                                           Los días 20, 21 y 22 de agosto los vapores de guerra Restaurador y Bolívar, dirigidos por el coronel Ramón Delgado Chalbaud, bajo el mando expedicionario del general José Antonio Velutini, bombardearon la ciudad con 1.300 proyectiles explosivos. El Capitolio sufrió serios daños al igual que la Catedral, el Colegio Federal, los Hospitales Ruiz y Mercedes, el Acueducto, el Monumento de Dalla Costa, el Palacio Episcopal y la Cárcel, entre otros inmueble.
                                                                                           Este Bombardeo, preludio de la Batalla de Ciudad Bolívar que se daría en julio de 1903, obligó al gobierno a someter bajo jurisdicción del Hospital Militar dirigido por el Dr. Acosta Delgado, todos los establecimientos hospitalarios, divididos en los siguientes siete servicios: Servicio Ruiz, a cargo del Dr. Emazábel; Servicio Plassard, a cargo del Dr. Carranza; Servicio Moreno, a cargo del Dr. Ochoa; Servicio Aguerrevere, a cargo del Dr. Bello; Servicio Farreras, a cargo del Dr. C. García; Servicio Barrio Gómez, a cargo del Dr. Agosto Méndez y Servicio Lebrún, a cargo del Dr. Acosta Delgado.

Batallón “21 de diciembre”


                                                                                           Luego de la batalla de Ciudad Bolívar en julio de 1903, el gobierno de Castro recuperó al Estado Bolívar, sustituyó al Batallón Cordero por el Batallón “21 de Diciembre” en el Cuartel del Capitolio al mando del Gral. José Antonio Farías B. y nombró al general Luis Valera, jefe civil y militar del Estado Bolívar. Valera después fue electo presidente constitucional del Estado y falleció finalizando su período en octubre de 1907. Para ese año el doctor Félix R. Páez, era el director de Higiene y Salubridad Pública y posteriormente pasó a la Dirección del Hospital Ruiz y adquirió varias casas para seguir aumentando la capacidad del hospital.
                                                                                           El director de la Banda Marcial del Capitolio era José Francisco Calloca, quien daba retretas todos los domingos en la Plaza Miranda, frente al Capitolio, en la mañana y por la tarde, mientras la Banda del Estado lo hacía en la Plaza Bolívar.

Batallón Zamora No. 14


                                                                                           El general Farías fue reemplazado del mando del Batallón “21 Diciembre” por el general Juan Fernández Amparam, quien luego pasaría a la Gobernación del Yuruary. Bajo la Comandancia de Fernández Amparam, el Capitolio quedó totalmente reparado (22/5/1909) de los daños sufridos en la etapa final de la Guerra Libertadora.
                                                                                           Al Batallón “21 Diciembre” pasó a sustituirlo el Batallón Zamora N° 14 comandado por el general Tobías Uribe y siendo comandante de Armas el general Juan Alberto Ramírez, quien el 20 de octubre de 1913 inauguró los trabajos de reconstrucción de la Fortaleza El Zamuro. Ese año el Batallón Zamora N° 14 fue sustituido en el Capitolio por el Batallón Rivas. Prácticamente debutando con el ascenso a la Presidencia del  Estado del doctor David Gimón, quien venía de ocupar la misma posición  en el Estado Guárico. Vicepresidente fue designado el general Marcelino Torres García, pacificador de la región de Yuruary tras la sublevación de Angelito Lanza en Las Chicharas.
                                                                                           El Capitolio sirvió de sede a la guarnición de Ciudad Bolívar hasta 1952 que el gobierno nacional a través del Ministerio de Obras Públicas cuyo director en Bolívar era el ingeniero Antonio Burguillos, terminó de construir el actual Cuartel Tómas de Heres (Fuerte Cayaurima) en las afueras de la ciudad, con capacidad inicial para un mil plazas.
                                                                                           A partir de entonces el Capitolio aún con sus recias garitas en cada ángulo de la azotea, fue destinado a la Prefectura y Comandancia General de Policía que venía funcionando al lado de la Cárcel Vieja.
                                                                                           De manera que el Capitolio, aunque en principio se concibió como Hospital, su destino histórico fue siempre el de fortaleza para protección y defensa de la ciudad. Edificado con la técnica y estilo característico del siglo diecinueve, se conservó hasta 1980 con muy escasas intervenciones y tradicionalmente los bolivarenses lo veneran como una joya de calor arquitectónico e histórico que ha debido conservarse y revitalizarse dentro de los cánones universalmente establecidos para la conservación de los monumentos públicos.
                                                                                           La intervención de que ha sido objeto últimamente El Capitolio en función de un Centro de las Artes, adosado a él un Teatro del proyectista Oscar Tenreiro, malogra gran parte la fisonomía característica de ese inmueble. Al parecer el arquitecto se asesoró mal o su intervención se basa en una investigación socio-histórica bastante pobre. Aunque hay quienes sostienen como la doctora en antropología María Eugenia Villalón, ex presidenta de la Asociación de Vecino del Casco Histórico, que allí lo que está ocurriendo no es problema de ignorancia histórica sino la imposición de un nuevo lenguaje o ensayos modernistas que propugnan el mestizaje arquitectónico.
                                                                                           Situación bastante penosa, toda vez que la revitalización de Casco Histórico, lo cual ha costado sudor y lágrimas a los bolivarenses, se inició bajo los criterios conservacionistas adoptados en los centros históricos de otras ciudades hispanoamericanas. Haberlo violentado es realmente una desgracia.



1 comentario:

  1. Excelente! Como he disfrutado de leer estos hechos históricos de mi Ciudad y valga la reflexión final en cuanto a la lamentable desaparición o disfraz que se le dió al capitolio, sin duda una verdadera desgracia.

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