jueves, 4 de mayo de 2017

Natación en el Orinoco


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Leopoldo López atravesando a nado el Orinoco

         La travesía del Orinoco a nado fue intentada por primera vez en 1929 por el deportista francés Juan Walter y luego en 1941 por dos jóvenes telegrafistas. Pero no fue sino en los años cincuenta cuando comenzó la euforia, tras haber el Profesor José León Medina liquidado el último de los caimanes que merodeaban por la zona.

         Eso de cruzar el Orinoco de una orilla a otra, desafiando a los ancestrales guardianes de su fauna, corrientes encontradas, borbollones y otras trampas propias de su lecho tormentoso, no es novedad actual cuando el río se halla prácticamente limpio y domesticado,  sino de otros tiempos en que el hombre se gozaba en el impulso temperamental de la temeridad y la heroicidad.
         No vayamos muy lejos, Simón Bolívar, lo habría intentado estando en Angostura en 1817, y lo que es más, con las manos atadas. No sé a quién quiso impresionar el Libertador. Tal vez haya podido ser una especie de desquite por lo que le ocurrió en Casacoima al lanzarse al río y tener que ser auxiliado por el angostureño Bibiano Vidal, cuando fue sorprendido por una guerrilla realista procedente de los Castillos de Guayana la Vieja o si como dice en su libro Misceláneas el profesor José Francisco Miranda, para distraer a su mujer Pepita Machado, que comenzaba a sufrir los rigores de la tuberculosis. Total, una temeridad que por poco le cuesta la vida, pues igualmente debió ser auxiliado por uno de sus edecanes, edecanes distintos a los que así se hacían llamar por permanecer mucho tiempo tertuliando frente a su efigie en la Plaza Mayor de Ciudad Bolívar, bajo la presidencia vitalicia del extinto diputado  Pedro Anastasio Collins Linche.
         Verdad que era una temeridad no sólo intentar cruzar el Orinoco en ese tiempo y antes, no tanto por su caudal, anchura y las naturales trampas de su tormentosa hidrografía, sino por la voracidad de los saurios que hasta mediados del presente siglo custodiaban su ecosistema contra los depredadores que al final terminaron con ellos.
         Después que la civilización limpió el río de tales inconvenientes, para un nadador de resistencia no resultaba tan temerario cruzarlo. Sin embargo, hasta mediados de siglo, los aficionados al deporte de la natación se limitaban nadar en el río, desde la Cruz del Perdón o de la Marina hasta la Isla de El Degredo, El Sábado de Gloria y Domingo de Resurrección, según dice el Bachiller Ernesto Sifontes en una de sus publicaciones (1958) “muchachas arrojadas, grandes nadadores de los Palos de Agua, de Polanco y El Pueblito, a la señal de un juez, se echaban al agua y atravesaban el canal que existía hasta alcanzar la playita de el Degredo, para luego regresar sin ninguna custodia ni protección.”
         Después surgió el reto cruzarlo de orilla a orilla por la parte angostureña. El testimonio más a la mano lo registra la edición del vespertino El Luchador del 4 de mayo de 1929 cuando el nadador de nacionalidad francesa Juan Walter, escoltado por dos curiaras y dos lanchas atravesó en media  hora desde Soledad hasta el Puerto de Blohm. El día 18 volvió a intentarlo de ida y vuelta en 55 minutos.
         Hubo de transcurrir doce años para una prueba similar. Esta vez (14 de abril de 1941), por los jóvenes telegrafistas, Rafael García y Juan Alacayo. Lo cruzaron en tiempo de 48 minutos, de Soledad al Puerto de Blohm. Imagínese el lector a los citadinos reunidos a lo largo del antiguo Paseo La Alameda contagiados con la emoción de la hazaña.
         Los jóvenes telegrafistas se atrevieron porque les habían asegurado que ya no había saurios por la zona, pues el último, de tres metros, había sido liquidado en 1931 por el oficial de policía, Samuel Gutiérrez, frente al Resguardo, sin embargo, no hubo de inmediato nuevo intento de cruzar el río, dado que las lavanderas de Orocopiche denunciaron la prensencia de otros saurios.
         Efectivamente, el 3 de julio, tras paciente seguimiento, fue localizado y eliminado cerca de la Cerámica, por el jefe militar de la plaza, mayor José Antonio González. El siguiente fue disparado desde el puerto de La Aduana, agosto del año siguiente, por el Prefecto del distrito Heres, capitán José León Medina. De esta forma se declaró limpio el canal angostureño y los nadadores se propusieron confiados la travesía del río.
         Pero no es sino a partir de 1954, tiempo del gobernador Eudoro Sánchez Lanz (Dictadura del General Marcos Pérez Jiménez) cuando realmente toma cuerpo un movimiento de competencia organizado por Jorge Suikowsky, profesor de inglés del Instituto de Comercio Juan Bautista Dalla-Costa, de origen ecuatoriano y deportista consumado.
         De Perro Seco, El Pueblito, Palos de Agua y EL Polanco salían los mejores nadadores del Orinoco. De allí Oscar García, quien ganó la primera prueba de las dos realizadas en septiembre de ese año 1954. Entonces lo bautizaron El Tiburón del Orinoco y con ese nombre atendió invitaciones de eventos similares que se organizaban fuera del Estado. El domingo 26 en la segunda prueba de 3 kilómetros, desde Playa Blanca en el litoral de Anzoátegui hasta el Mirador Angostura que en esos días había sido inaugurado con Fuentes de soda, Restaurante y pista de baile, detrás del Mercado Principal. Allí se expendía una cerveza para entonces de moda, la Victoria y su hija más pequeña la Caribita que distribuía Jesús López Fernández, así como la Heineken con la cual competía, importada de Holanda y distribuida por los Hermanos Rassi.
         Además del Mirador Angostura existía el Mirador Sifontes en la Laja de la Sapoara, decretado y realizado bajo la presidencia municipal de Brígido Natera Ricci y contra el cual chocó el Ferry Angostura que transbordaba vehículos y pasajeros entre un lado y otro del Orinoco.
         Antes de finalizar el año - 13 de diciembre- hubo una tercera prueba de natación, pero con el sexo opuesto. En ella venció la guayanesa Cruz Ramírez contra la yugoslava Elena Develac. En tener lugar llegó Crucita Ramos.
         En febrero del año siguiente se realizó entre Macuto y la Guaira un Maratón de Natación al cual fue invitado el Tiburón del Orinoco. Oscar García lo ganó contra todos los pronósticos venciendo al campeón nacional Quintín Longa.
         En enero de 1967 se reanudaron las pruebas de natación en el Orinoco y destacaron las figuras de Miquel Itriago, César Araya  (El Caimán del Orinoco) y Beatriz de Silva. Gustavo, niño de ocho años de edad, hijo del profesor Jorge Suikowsky, hizo una demostración desde la Capitanía del Puerto hasta el Mirador, prácticamente costeando la ribera del río en trayecto aproximado de ocho kilómetros.
         El 10 de octubre de 1970 y con motivo del Día del Policía, Jesús Gutiérrez Boscán, marabino de 28 años de edad, realizó una exhibición de resistencia desde el Puente Angostura hasta el Mirador. La hoja deportiva del nadador zuliano despertó admiración, pues había nadado en el Canal de la Mancha y en el estrecho de Gibraltar.
         Desde la última gran crecida del Orinoco (1976) que arrasó con los tradicionales parajes de Perro Seco, El Pueblito y El Polanco donde se cultivaba el semillero de los grandes nadadores del Río Padre, como Oscar García y César Araya, se perdió el entusiasmo por este deporte que poco o nada estimuló el IND y ni siquiera el club Náutico como complemento de las competencias de motonáuticas y del sky acuático, también en decadencia.
Esta actividad deportiva tradicional ha sido desviada ahora a Ciudad Guayana, auspiciada por la Alcaldía de Caroní. De manera mejor organizada, desde 1990, cada año y por el mes de abril, dentro del programa aniversario de la Batalla de San Félix, se realiza una competencia con participación de nadadores de Guayana y el resto de Venezuela.
El trayecto que suele cubrirse es de tres kilómetros, desde los Barrancos de Fajardo en Monagas, hasta el Malecón de San Félix próximo a la sede de la Alcaldía. Se compite en seis modalidades. En la competencia de 1994 se inscribieron 130 nadadores, pero sólo se presentaron 95, repartidos en la modalidad Libre Masculino, ganada por el estudiante udista de Cumaná, Antonio Saint Aubyn, quién agenció un tiempo de 35 minutos y 27 segundos; Juvenil Masculino, ganada por Glen Jorge Sochackyj, de Pequiven, en tiempo de 40:48; Master Femenino, ganada por Christine Grady, de Caracas, en tiempo de 39.45; Libre Femenino, ganada por Carolina Lleras, del Club Friedman de Caracas, en tiempo de 39:34 y Juvenil Femenino, ganada por Marlibeth Alemán, de Interalúmina, en tiempo de 57:32, y quien junto con Raymond Rosal Baquero y Lismar Gruber, sacaron la cara por el Estado Bolívar, estos dos últimos haciendo un tercer lugar en otras categorías. Destacamos como hecho inusitado la presencia de Enriqueta Duarte, una argentino-venezolana, de 65 años de edad.
Quienes van todos los años a Caroní para cruzar al Señor de todos los ríos son nadadores clásicos, que cultivan o cultivaron la natación como una disciplina olímpica y se sienten atraídos por este tipo de marathonismo que hoy se organiza tanto en mar, lagos y ríos en muchas partes del mundo.
En las pruebas que desde mediados de siglo se venían haciendo en la Angostura del Orinoco, por supuesto, también competían nadadores con experiencia en piscinas olímpicas, pero mezclados en una misma categoría con los nadadores naturales del río, los que nacieron en su orilla y que a pesar de no haber tenido escuela, hacían un papel destacado ganando casi siempre las pruebas. Tal el caso de Oscar García y César Araya, retirados y totalmente absorbidos ahora en otros menesteres, aunque en tiempos de Semana Santa son habilitados como Salvavidas.
Con motivo de los 230 años del traslado de la Capital de la Provincia de Guayana a la Angostura del Orinoco, la Dirección de Cultura de la Alcaldía de Heres incluyó en su programación una prueba de natación de una orilla a otra del Orinoco, apoyaba por el comando de la Armada. Fue una manera de revivir algo que se estaba perdiendo y que acertadamente ha venido explotando con proyección nacional la alcaldía de Caroní. Por cierto, que esta prueba 230 años de la Ciudad la ganó Lizmar Gruber, una muchacha que había logrado buena perfomance en la de Los Barrancos a  San Félix, mientras la segunda y tercera posiciones la alcanzaron dos muchachas tan jóvenes como ella, Teresa Berbín y Lorena Camargo.
  En total compitieron cuatro mujeres y seis hombres con edades inferiores a los veinticinco años. Para sorpresa de la multitud que presenció la prueba, incluyendo al Gobernador Andrés Velásquez y al Alcalde Leonel Jiménez Carupe, las mujeres superaron a los hombres, emulando la hazaña de Cruz Ramírez, quien cuarenta años atrás le ganó a la europea Elena Develac.


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